Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Imaginar una caja de los santos óleos en un viaje en tren desde Criptana a Ciudad Real que por aquellos años era bastante largo, con el único fin de que fueran consagrados, no deja de ser un tema digno de una película berlanguiana. Precisamente esto despertó el lado más irónico y mordaz del anticlerical José Nakens, escritor y periodista prolífico que nutrió con sus textos durante muchos años las columnas del periódico más gamberro de la segunda mitad del siglo XIX: El Motín. Como ya dije ayer, este periódico (año VIII, del 5 de abril de 1888, supl. al número 14) publicó una carta suya dirigida a un cura de Campo de Criptana, que no identifica en ningún momento. Nos cuenta cómo en un viaje en tren entre Manzanares y Alcázar de San Juan un grupo de viajeros hacen una cierta amistad; en el grupo hay un cura, el de Campo de Criptana, que no sabe que su compañero de viaje es el anticlerical José Nakens, auténtico azote de la Iglesia en la época. Continúo hoy con la segunda parte de esta historia donde lo dejamos ayer: Nakens había ayudado al cura a colocar la caja que portaba en su viaje, es decir, la caja de los santos óleos, y ésta fue la reflexión que siguió al hecho:

Desde el momento aquel, la nueva del terror cubrió mis ojos; mis sienes latieron con violencia; mi corazón aceleró su compás; quedéme yerto; tuve fiebre, y en mi delirio vi danzar sobre mi pecho diablos de todas cataduras, regocijados por mi inconsciente sacrilegio.

Ora veía descarrilar el tren y lanzarse al abismo con rodar vertiginoso; ora arder el coche elevando al espacio llamas verdes que despedían penetrante olor á azufre; ya que un irresistible ciclón lo lanzaba por los aires haciéndole dar vueltas rápidas, á la vez que llegaba á mis oídos la gritería estridente de multitud de almas untadas con aquellos profanados óleos, que, habiendo muerto confiadas en salvarse, sufrieron un cruel desengaño al llegar al Cielo; almas que me maldecían furiosas, me mordían y arañaban con rabia salvaje, acabando por cogerme en brazos y arrojarme contra el suelo.

Y efectivamente en él me hallé cuando menos lo esperaba, sano y salvo y rodeado de varios amigos empleados en la estación de Alcázar, adonde había llegado sin darme cuenta de ello.

Cuando volví completamente de aquella pesadilla, lo busqué á usted, señor cura, para confesarle quién era, á fin de que no aplicara á ningún moribundo aquellos óleos antes santos y después desvirtuados al contacto de mi carne maldecida, y rogarle que retornaba a Ciudad Real á bendecirlos nuevamente; mas ¡ay! que no puede (sic, por “pude”) encontrarle, sin duda por haber tomado usted ya el tren que á su tranquila parroquia había de conducirle; y regresé á Madrid enfermo de alma y aplanado de cuerpo, renegando de mi amabilidad y deferencia con usted.

Continuaremos el texto en el artículo de mañana. Ahora, sin embargo, podemos imaginar la cara que se le quedó al cura de Criptana cuando le comunicaron que se hacía alusión a él en este periódico; supongo que se lo dirían, porque con toda seguridad él no lo leía si tenemos en cuenta la inclinación anticlerical y atea de su línea editorial. Posiblemente, el periódico favorito del cura debía de ser El Siglo Futuro, de línea editorial católica.

Hieronymus Bosch: "El jardín de las delicias". El infierno (1480-1490)

Hieronymus Bosch: “El jardín de las delicias”. El infierno (1480-1490)

Es interesante la recreación que hace Nakens del Infierno y del Purgatorio. El olor a azufre es uno de los elementos fundamentales en las alusiones literarias al Infierno y éste, o el Purgatorio, serían los lugares destinados a las “almas untadas con aquellos profanados óleos”, profanados por él, un ateo. En esto podemos apreciar la impresionante cultura literaria y artística de Nakens. La pregunta que nos hacemos ahora es: de enterarse de esta profanación el cura ¿habría regresado de nuevo a Ciudad Real para cumplir el requisito de otra consagración? Un año después, en 1889, Campo de Criptana y sus curas serían el blanco de los ataques de El Motín por un tema diferente: el acoso a la incipiente capilla evangélica que quiso fundar Jorge Lawrence en esta localidad (véase al respecto: Evangélicos en Campo de Criptana I: Las vicisitudes de Jorge Lawrence, 1889). Criptana dio mucho de qué hablar en abril y mayo de aquel año, aunque los coletazos continuaron proporcionando titulares, tanto a la prensa anticlerical como a la católica, hasta finales de 1890.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

About these ads