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Sin duda, el miedo al cólera en 1855 fue más fuerte que la solidaridad hacia los enfermos y la fidelidad al cumplimiento del deber. Así lo muestra una carta enviada al periódico La Iberia («Diario liberal de la tarde») que fue publicada el jueves 27 de Septiembre de 1855 (nº 386). Dice así:

Del Campo de Criptana nos escriben diciendo que es escandaloso lo que ha sucedido allí, pues apenas la población fué invadida por el cólera, huyeron las principales personas entre las cuales se cuentan individuos del ayuntamiento y sacerdotes. Los pueblos circunvecinos están llenos de indignación con un comportamiento tan inhumano. Nosotros nos abstenemos de publicar los nombres de los que así abandonan á sus hermanos, porque un sentimiento de decoro nos lo prohíbe; pero no dejaremos de llamar la atención del señor gobernador de la provincia, para que castigue como se merece comportamiento tan indigno.

La epidemia afectó a todo el territorio español y, al igual que en todo él, las consecuencias debieron de ser desastrosas también en Campo de Criptana, que se había librado en parte de la epidemia de 1834. La información que se recoge provincia a provincia, y localidad a localidad, en el períodico La Crónica de los Hospitales (órgano oficial de la Facultad Medicina, Cirugía y Farmacia de la Universidad de Madrid), tomo 3, Madrid 1855, p. 38, se limita a señalar, cuando llega a Campo de Criptana, que «la epidemia ha causado bastantes estragos», pero no da cifras de afectados. Sin embargo, para que nos podamos hacer una idea de lo que supuso esta epidemia, podemos tomar como ejemplo el informe enviado por Almodóvar del Campo, también en Ciudad Real, en el que se señalan la cantidades de 1.500 afectados y 250 fallecidos.

Ya pasada la epidemia, el Monitor de la Salud de las Familias y de la Salubridad de los Pueblos, nº 7, 1 de abril de 1858, hace un balance general. Hubo en todo el territorio español 829.189 afectados y 236.744 defunciones. La provincia de Ciudad Real figuraba junto a las de Almería, Badajoz, Córdoba, Cuenca, Huelva, Madrid y otras con un índice relativamente bajo de defunciones: un 1% de la población. Frente a ellas se situaban la provincia de Logroño, con un 5%, y las de Guadalajara, Navarra, Teruel y Vizcaya, con un 4%.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO