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Ajusticiamiento con garrote vil

Traigo hoy una noticia sobre Criptana publicada en 1868 casi simultáneamente en dos diarios: La Esperanza (nº 7.255, miércoles 3 de junio de 1868) y La Correspondencia (nº 3.848, martes 2 de junio de 1868). En ella se da cuenta de un ajusticiamiento (no dice con qué medio) de cuatro condenados en Campo de Criptana. Se ofrecen detalles sobre el proceso, la causa de la condena a muerte y la parafernalia que acompañó a los reos desde el juzgado de Alcázar hasta Criptana, donde serían ejecutados. No se especifica el lugar de la villa en que se llevó a cabo la ejecución ni si fue pública o a puerta cerrada.

Reproduzco a continuación el texto, plenamente coincidente en los dos diarios citados. Es especialmente interesante observar cómo se reflejan las palabras de uno de los reos en estilo directo, con una importante carga de pathos, y cómo el corresponsal de la noticia introduce a modo de epílogo una exclamación desiderativa de tono piadoso.

Segun las noticias que nos comunica nuestro corresponsal de Alcázar, el 21 de mayo, á las cinco de la mañana, salieron de la cárcel de aquella poblacion los cuatro reos que debian sufrir la última pena en el Campo de Criptana, á consecuencia del asesinato perpetrado en la persona de un respetable sacerdote que vivia en dicha villa. Los escoltaban fuerza de infantería, caballería y Guardia civil; y si bien uno de los reos demostraba grande entereza, los demas se hallaban poseídos del mayor abatimiento, habiendo solicitado todos les acompañase el Sr. Prior de Santa María de Alcázar, D. Jesus Romero, como asi se verificó. También el juzgado se trasladó al Campo de Criptana.

A las once del lunes 25 se llevó a cabo la ejecucion de aquellos desgraciados. El primero se ellos se manifestó sereno, pero contrito y arrepentido de sus culpas, como todos los demas. Los asistieron los do señores párrocos de Alcázar y todo el clero de Criptana. Al sentarse en el fatal banquillo el último de los reos, dirigió al Prior, Sr. Romero, las siguientes palabras:

“Don Jesús: deme V. un abrazo y un beso, por lo mucho que me ha asistido en la cárcel de Alcázar y hasta ahora. Perdóneme de no haberle hecho caso, y haberle desoido cuando nos amonestaba”.

El respetable sacerdote le abrazó y besó repetidas veces.

¡Dios haya acogido en su seno las almas de aquellos desventurados!

Aunque no se dice cuál fue el método de ajusticiamiento aplicado, es muy probable que fuera el garrote vil, puesto que desde 1832 estaba abolida la horca en España.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO