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Pozo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Pozo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Hoy traigo otro milagro ocurrido en Campo de Criptana, pero en este caso no por mediación de los frailes del Convento de Carmelitas Descalzos como en otras historias descritas en entradas anteriores, sino por intervención de la Virgen de Guadalupe. Fue la salvación milagrosa de un criptanense llamado Cristóbal Jiménez de morir ahogado en un pozo, en 1550. Es uno de los muchos milagros atribuidos a la intervención de esta Virgen que gozó de extraordinaria devoción en España durante los siglos XV, XVI y XVII y que fueron recogidos a modo de crónica por Diego de Montalvo en su obra titulada Venida de la Soberana Virgen de Guadalupe a España. Su dichosa invencion: y de los milagrosos favores, que ha hecho a sus devotos, que se publicó en Lisboa en 1631. Los hechos milagrosos que podemos encontrar en este interesante libro son muy variados: van desde la resurrección de un difunto hasta la liberación de un cautivo, pasando por la salvación de un condenado a muerte o la sanación de una enfermedad.

El milagro del criptanense viene narrado en las páginas 236v-237v, con el título Libra [la Virgen de Guadalupe] de perecer en un pozo, a un su devoto, año 1550. Lo reproduzco a continuación respetando las grafías del original; entre paréntesis resuelvo las abreviaturas. Dice así:

Pastoreando ganado Christoual Ximenez: vezino del Campo de critana en la Mancha de Aragon, por sacar agua de vn pozo, cayô dentro vestido de vn capote cerrado. Hundiose al primer golpe hasta lo profundo, tocando en el suelo co(n) los pies. Salio luego sobre el agua, y co(n) auiso se assio a vnos hierros, q(ue) cerca(n) el pozo, y ciñe(n) como pretinas, q(ue) llaman alla carlancas. La fabrica del dicho pozo (segun tradicion) es de tiempo de moros, con altura de veynte y vn estados, y de media pica de hueco. Sustentauase pues el afligido Manchego co(n) la fuerça de los braços, y conociendola muy flaca, y rendida conel peso gra(n)de de su cuerpo, buscô otra mayor, y mas poderosa, con cuyo fauor pudiese escapar del manifiesto peligro de muerte, en que auia caydo.

Fue en buen hora quando niño pequeño Romero de la milagrosa Virgen de Guadalupe, y con las memorias que de sus raras marauillas conseruaua su alma, dixo: Madre de Dios doleos por vuestra inmensa bondad de vn pobre, y miserable zagal, que ni se puede valer por si, ni del socorro humano. Vistas tengo en vuestra santa casa prendas de mercedes singulares de que han gozado los vuestros en tales trances, fio de que serè del numero dellos, valiendome de vuestro poderoso, y clementissimo braço. Prometo de yros a ver, y saludar en vuestro glorioso santuario, y de seruiros en el vn año, reconocido mis sobradas obligaciones. Al punto se hallô el deuoto Romero fuera del pozo socorrido, sin saber como, ni por cuyas manos, chorreando el vestido cantaros de agua en presencia de quatro camaradas pastores, a quien auia llamado en su socorro y ayuda, vn zagalejo que le vido desgraciadamente hazer la cayda. Hizo ruydo el portentoso milagro en el dicho lugar, y su comarca moviendo la lengua de grandes, y pequeños en las deuidas alabanças de tan liberal Princesa y Señora.

Quedò conociendo su deuer el fauorecido romero, salio de su obligacion con la paga de su ofrenda, siruiendola en esta santa casa el año prometido, hizosele muy breue el tiempo al amoroso afecto con que la cumplia. Confessaua, que al passo que pagaua, crecian los recibos, y que jamas salia de deudor, por ser mayor la ayuda de costa que recebia(n) sus seruicios.

Como hemos visto, el pastor salió indemne de este apuro gracias a su devoción a la Virgen de Guadalupe, de la que había sido romero de niño. Hay una serie de elementos que procuran credibilidad al hecho, como la presencia de testigos, otros pastores que lo ven empapado ya fuera del pozo, y un “zagalejo” que lo había visto caer. El pastor había hecho la promesa de servir durante un año en su santuario. La refererencia a éste como “en esta santa casa” nos ofrece el punto de vista de Diego de Montalvo, autor de la obra citada, posiblemente uno de los frailes de la Orden Jerónima a cargo del santuario por aquel entonces.

Para finalizar, es asombroso el parecido entre este milagro y el ocurrido en Madrid por intervención de San Isidro, que elevó las aguas de un pozo para salvar a su hijo de morir ahogado. Por cierto, es difícil saber cuál fue el pozo en que cayó el pastor Cristóbal Jiménez y si existe aún en el término municipal de Campo de Criptana. De él sólo se dice que fue construido por los moros y que era muy profundo y de gran anchura, a juzgar por las dimensiones que se dan. No ocurre lo mismo con el pozo de San Isidro, que supuestamente es el que aún se puede ver en excelente estado de conservación en el Museo de los OrígenesCasa de San Isidro de Madrid.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO