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José Martínez Ruiz (1873-1967), conocido como “Azorín”, es autor de esa inolvidable estampa de La Mancha a comienzos del siglo XX, titulada Ruta del Quijote. En ella, Campo de Criptana y sus molinos, y también su sierra (que no “Albaicín”) tenían un protagonismo especial. Fue un libro que marcó una época y, después de Cervantes, es a Azorín a quien más debe Campo de Criptana su fama universal, eterna. Cervantes inmortalizó unos molinos que podrían ser los de Campo de Criptana; Azorín nos lo dijo claramente: son los de Campo de Criptana aquéllos contra los que combatió en desigual y demente lucha Don Quijote.

Traigo hoy un recuerdo emotivo del viaje de Azorín por La Mancha y sus evocaciones de Campo de Criptana. Lo escribió Enrique Moreno, y se publicó con el título Los molinitos de Criptana en el periódico El Avisador Numantino (año I, 2ª época, núm. 4.835, del miércoles 16 de mayo de 1938) que salía los miércoles y sábados en Soria.

Creo que merece la pena reproducirlo literalmente. Realmente, es difícil encontrar una descripción más viva de La Mancha y de Criptana que la que hizo Azorín.

Los molinitos de Criptana. ¿Os acordais? Hubo un día en la vida de las letras españolas. Un escritor fino, delicado y gran artista de las cosas pequeñas os habló de estos molinitos de Criptana que mueven sus grandes aspas en las tardes tristes de la Mancha. En un libro habló de ellos: “La Ruta de Don Quijote”, se llama el libro; el que lo escribió, se llama José Martínez Ruiz, entre nosotros “Azorín”. Yo lo leí hace muchos años, en no sé cuál rincón de qué Ateneo. ¡Cómo me emocionó aquél libro tan bello, tan fielmente escrito por un artista de fina sensibilidad que tenía los ojos llenos del azul Mediterráneo de su región, en buena, y bella, y dulce, y encantadora y sencilla presa castellana que era como la luz buena y clara que su alma fué dejando en las hojas del libro!

“Los molinitos de Criptana andan y andan”, me parece que decía el escritor. Y los molinitos de Criptana, estos enjalbegados molinitos de viento, que tienen el techo de cañizo y que están apuntalados, siguen moviendo penosamente sus cuatro grandes aspas aquí en estos dos alcores que flanquean a Criptana – que se duerme en el centro de los dos resguardada del viento -, esta Criptana de las cuadradas chimeneitas de las blancas casas, de los tejados pardos y de los viejos molinos apuntalados que gimen moviendo perezosamente – como viejos asmáticos cargados de achaques y de años – estos grandes remos.

Un tren, en una de mis escapadas de chiquillo travieso, me ha traído esta mañana de la Corte a pasar unas horas en Criptana; otro me llevará esta tarde a la villa del Oso. Yo quería vivir más horas en Criptana para, al evocar a un escritor hoy muy malo, muy perverso, que escribió antaño un bello libro, pudiera perdonarle la última incalificable hazaña que nos jugó a los demás hermanos remeros de la gran galera de la Prensa española.

Criptana sigue siendo la misma de antaño. Es la misma que recibió un día la visita de un mozo levantino que traía sus ojos llenos del azul mediterráneo de su región y poseía un alma clara de niño bueno y sentimental. Criptana sigue siendo la misma de antaño, pero ¡cuánta diferencia del Azorín de “La ruta de don Quijote” a este triste Azorín amargado, atrabiliario y desdichado de “El Clamor”!…

Desde la Sierra: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo 2005

Desde la Sierra: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2005)

Azorín había publicado su Ruta de don Quijote en 1905 y en dos capítulos habló de los molinos de Campo de Criptana: en el XI (“Los molinos de viento”) y en el XII (“Los Sanchos de Criptana”). Al comienzo del capítulo XI corresponde la cita “Los molinitos de Criptana andan y andan…”. Azorín había nacido en Monóvar (Alicante), por eso se le llama “mozo levantino”. Requiere una explicación en el final del artículo la referencia a El Clamor. Se refiere sin duda a la obra del mismo nombre que Azorín había escrito con Pedro Muñoz Seca. Estrenada el 2 de mayo de 1928 en el Teatro de la Comedia de Madrid , fue considerada por los periodistas españoles como un ataque claro a su gremio (remito para más detalles a Brian J. Dendle, “Azorín y El Clamor: una entrevista de 1928”, Anales Azorinianos 4, 1993, págs. 415-424). La obra suscitó una larga controversia entre periódicos y periodistas y, al parecer, la herida no se había cerrado en 1938, cuando Enrique Moreno publicó el artículo antes citado.

Y ahora unas palabras sobre el autor del artículo. Creo que muy posiblemente lo podemos identificar con el sevillano Enrique Moreno Báez (1908-1976), aunque no es seguro. Fue Moreno Báez un conocido hispanista que desarrolló una rica trayectoria como filólogo. Profesor de español en la Universidad de Oxford en 1934, vivió en el exilio hasta 1950; a su regreso a España fue catedrático en la Universidad de Santiago de Compostela. Sus datos biográficos están recogidos por L. Monferrer Catalán, Odisea en Albión: los republicanos españoles exiliados en Gran Bretaña, 1936-1977, Madrid 2007. Publicó una Antología de la Poesía Española Contemporánea y diversos estudios sobre los clásicos de la literatura española, como Los cimientos de Europa y Nosotros y nuestros clásicos. Hizo también una edición de El conde Lucanor, la inolvidable obra maestra del infante don Juan Manuel, y destacó como cervantista; probablemente de ahí viene su interés por Azorín y La Mancha. En este tema, es conocido por su libro Reflexiones sobre el Quijote.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO