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Albert II fue el primer mono en viajar al espacio. Lo enviaron los americanos como único tripulante del cohete V-2. Albert II murió allí arriba y no volvió a la tierra. A los criptanenses, cuatrocientos años antes, se les había ocurrido la misma idea, aunque con fines más terrenales: enviaron dos gansos a explorar unas cuevas que había en las proximidades de su pueblo. Los echaron por un extremo y salieron, vivos, por el otro. Así nos lo cuentan las respuestas de Campo de Criptana redactadas por mandato del Ayuntamiento en el año 1575 para las Relaciones Geográficas de Felipe II, cuyo texto dice (según la ed. de Carmelo Viñas Mey, Ramón Paz, Relaciones histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España hechas por iniciativa de Felipe II: Ciudad Real, Madrid 1971, pág. 169):

Hay dos cuevas que van a parar a castillo de Criptana de mas de cuarto de legua de largo que dicen los antiguos que se ha echado gansos por una parte y salido a la otra, hase entrado en ella por algunos manzavos en este tiempo; hay grandes anchuras dentro y como está tanta tierra, vuelvense; traviese la una de ellas toda la sierra de Criptana por lo mas angosto.

Una de estas cuevas ha entrado a formar parte de la leyenda para los criptanenses. Se puede identificar, probablemente con la mítica cueva de «La Laguna», sobre la que han corrido tantas historias que se retrotraen, quizá injustificadamente, a un momento de la Edad Media en que esta región era musulmana. Aunque leyenda, sin embargo, esta historia ha dado lugar a algunas especulaciones, especialmente relacionadas con las andanzas de Don Quijote, como casi todo lo que tiene que ver con La Mancha. Y para que se pueda apreciar la universalidad de algunos mitos, traigo aquí una referencia que vincula un pasaje del Quijote con estas cuevas, con la respuesta criptanense a las relaciones de Felipe II como base. En este caso es una edición del Quijote publicada en Francia a comienzos del siglo XIX: El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de La Mancha, París 1814, que reproduce la edición española hecha por Antonio Pellicer para la Real Academia Española en Madrid, en 1789. En la parte II, capítulo LV, pág. 125, encontramos una extensa nota a pie de página al pasaje en que «a costa de mucha gente y de mucho trabajo sacáron al rucio y á Sancho Panza de aquellas tinieblas á la luz del sol». Dice la nota:

 Esta tenebrosa cueva, donde cayo Sancho, no se ha descubierto todavia en Aragon, donde la supuso Cervantes. En el campo de Criptana (que quiere decir, lugar de cuevas ó de subterraneos) habia dos cuevas, que iban á parar al castillo de la villa, largas de mas de un quarto de legua, y parece se comunicaban; «porque los antiguos decían que se habian  echado gansos por una parte, y habian salido por la otra», como lo depusieron sus vecinos el año de 1575, en el tom. III, fol. 820 de las Relaciones de los Pueblos de España, que se hallan en la Real Academia de la Historia.

La crítica moderna considera la caída de Sancho y su asno en la cueva como el contrapunto al descenso de don Quijote a la Cueva de Montesinos (Don Quijote de La Mancha. Edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico. Volumen complementario, Barcelona 1988, pág. 206).

Como ya he dicho, puede que una de estas cuevas sea la conocida como Cueva de La Laguna, cuyo boquete de entrada aún es visible. A finales del siglo XIX encontramos referencias a una «Cueva Encantada» en el término de Campo de Criptana: en el Catálogo geográfico y geológico de las cavidades naturales y minas primordiales de España, que publicó Gabriel Puig y Larraz en Madrid, en 1896 ( pág. 297), y, de este mismo autor, en sus Cavernas y Simas de España. Descripciones recogidas, coordinadas y anotadas por…,  publicadas en Madrid en 1896 (pág. 104).

 JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO