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El periódico de Madrid,  El día, año XIX, núm. 6.684, del viernes 30 de diciembre de 1898 se hace eco de una indignada queja contra el servicio de Correos y, en particular, contra algunos carteros de la comarca de Alcázar de San Juan y, en especial, de Campo de Criptana, poco respetuosos con el código deontológico de su gremio, unos por robar los periódicos enviados por correo, otros por violar la correspondencia privada.  En una época en que el correo era el único medio de comunicación a distancia, esta situación provocaba una gran inseguridad en la población y enorme alarma social. La carta va dirigida al director del servicio de Correos por aquel entonces:

Señor director de Correos

Son tan fundadas y repetidas las quejas que algunos periódicos de la Mancha formulan contra determinados carteros del distrito de Alcázar, y sobre todo, en el de Campo de Criptana, que llamamos con todo interés su atención, para que ponga coto á las demasías que se cometen, y, según El Daimileño, no es sólo con los periódicos, sino con cartas lacradas, que hacen imposible la correspondencia.

Esto Sr. Barroso, se consigue dejando cesante al que viola el secreto de la correspondencia, que es lo menos que puede hacerse.

Miguel Strogoff, de Julio Verne

Miguel Strogoff, de Julio Verne

Hay códigos gremiales que son inviolables: para el médico, el Juramento Hipocrático y la confidencialidad de sus pacientes;  para un abogado, el secreto profesional; y, para un sacerdote, el secreto de confesión. A ellos tendríamos que sumar el de los carteros, que es el respeto máximo al secreto de la correspondencia. Y fue, precisamente, este código el que se denuncia en el periódico haber sido objeto continuado de transgresión entre algunos carteros de Alcázar y de Campo de Criptana por aquel entonces. Imaginemos, por ejemplo, que Miguel Strogoff, correo del Zar, hubiera violado el secreto de las misivas que portó por toda Siberia corriendo incontables aventuras. Situación impensable: Julio Verne nunca hubiera escrito una historia tal.

El Sr. Barroso al que va dirigida la queja era Antonio Barroso, por aquel entonces Director General de Correos y Telégrafos. Se había publicado un retrato suyo en El Cartero Español, del 26 de abril de 1894 (Doctor Thebussem, Fruslerías Postales, Madrid 1895, pág. 177).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO