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En el año 1844 se inicia en España el periodo conocido como «Década moderada», tendencia política por la que mostró preferencia la recién entronizada Isabel II, frente a los progresistas. Lejos de la alta política de la Corte, la vida cotidiana continuaba, como venía siendo desde hacía mucho tiempo, en convivencia con una crisis social, económica y política que ya había llegado a ser endémica. Un ejemplo de las preocupaciones cotidianas de la gente de a pie por aquel entonces lo encontramos en una variada crónica que envía un corresponsal de Campo de Criptana, cuyo nombre no se cita, al «periódico joco-serio», como así se definía en la portada, La Postdata, y que se publicó en el núm. 772, del viernes 16 de agosto de 1844. Reproduzco a continuación el texto, manteniendo las peculiaridades gráficas y alguna que otra errata presente en la publicación:

Campo de Criptana (Ciudad-Real)¸ 14. – Muy poco podré añadir á lo que decia á Vds. en mi anterior. La langosta sigue hociendo (sic) los estragos naturales en todos los plantios propios de la estación; pero se advierten ya algunas disposiciones para hacerla desaparecer de este pais en el año próximo. Algunos hombres intelijentes han sido comisionados para que vayan señalando los sitios en que aquella ha ovado, y yo he visto variòs canutos perfectamente formados. Con todo, creo que los labradores deberán tener muy en cuenta para su siembra este enemigo de toda clase de sembrados.

Respecto á elecciones tampoco se adelanta mucho. Hasta ahora no ha llegado la candidatura del comité central, y solo se habla de alguno que otro sugeto, que si viniesen incluidos en aquella reunirian a no dudarlo los sufragios de la mayoria. No debo ocultar a Vds. que una gran parte de los electores dicen, que prescinden de personas y que sera su voto del que mas les ofrezca. «Venga una mula cerril por voto, me decía ayer uno, y yo le ofrezco a Vd. cuatrocientos». Pero no todos opinan del mismo modo, y creo que la mayoria votara y votara en favor de hombres de órden.

El culto y clero no ha recibido todavía un maravedi; pero los curas tienen confianza en los ayuntamientos de los pueblos, que son los que con la ausencia del intendente pagan ahora las consignaciones de aquellos, y esperan salir medianamente librados, lo que no deja de ser satisfactorio.

Junto a las inclemencias inesperadas del clima, como el granizo o las heladas, no había mayor enemigo de la agricultura que las plagas de langosta. Con su invasión imparable traían el hambre y la miseria al campo español, y esto ocurría muy a menudo en una época, como el siglo XIX, en que no había aún políticas preventivas de control de este tipo de plagas; realmente, hasta 1950, no se descubrieron métodos contundentes y efectivos para acabar con ellas, pero también con graves consecuencias para el suelo y para los campos.

Respecto a las elecciones, que se celebrarían en el mes de septiembre, podemos comprobar por lo dicho cómo eran los procesos electorales entonces. La compra y venta de votos estaba a la orden del día, y esto ponía todo el sistema electoral en entredicho.

Interesante es la referencia del pago a los eclesiásticos por parte del ayuntamiento. Cuántos había en Campo de Criptana por aquellos años, nos lo dice Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, tomo V, Madrid 1849, pág. 371, es decir, cinco años después de la publicación de la crónica. La única parroquia de Nuestra Señora de la Asunción estaba servida por un párroco, 2 tenientes, 23 presbíteros y un subdiácono. Es decir, una fortuna en sueldos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO