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En el post de ayer, traté sobre el hallazgo en Campo de Criptana de un horrendo crimen. Fue a finales del año 1863, cuando el cadáver de José Peramato, marido de una maestra de escuela de Quintanar de la Orden, fue encontrado en un pozo de las cercanías de la localidad. Próximo a él, se encontró el cuerpo de su cabalgadura, degollado.  Por aquel entonces el crimen planteó muchos interrogantes, porque se desconocía quiénes fueron los culpables y también se ignoraba el móvil.

Ramón Casas: Garrote Vil

Ramón Casas: Garrote vil

Pasados unos meses, el crimen se resolvió, los asesinos fueron detenidos y en junio de 1865 fueron ajusticiados en ejecución pública en Alcázar de San Juan. Cómo fue esta ejecución lo narró un periódico de la época,  La Correspondencia de España, año XVIII, núm. 2.587, del 17 de junio de 1865. Por supuesto, no esperemos de esta crónica una descripción aséptica, de mero carácter informativo, del acontecimiento; el corresponsal incorpora a la historia una profunda carga de pathos con una moraleja ejemplificadora para los ciudadanos presentes en la ejecución.

Transcribo a continuación esta noticia respetando escrupulosamente las normas ortográficas del original, incluido el uso de tildes. Dice así:

Ayer recibimos detalles de la ejecución de los desgraciados reos Domingo Quiñones y Juan Vando, cuya triste escena ha tenido lugar el dia 14 del corriente en Alcázar de San Juan: nuestro corresponsal de aquel punto dándonos cuenta de tan terrible acto, nos dice lo siguiente:

Ejecución pública con garrote vil en Cuba

Ejecución pública con garrote vil en Cuba

«Hoy han sido ejecutados en esta villa de Alcázar de San Juan los desgraciados reos Domingo Quiñones y Juan Vando, vecinos del Campo de Criptana, sentenciados por la audiencia de Albacete á la pena de muerte como autores del homicidio alevoso perpetrado en la persona de D. José Peramato, ocurrencia que tuvo lugar en la madrugada del 18 de diciembre de 1863.

Hoy ha sido un día de consternacion para estos pacíficos habitantes, no acostumbrados á tan terribles espectáculos. Sin embargo, ha concurrido bastante gente de los pueblos inmediatos á presenciar la ejecución, y muy particularmente del pueblo de donde los desgraciados reos eran vecinos.

Rodeado de los sacerdotes que lo auxiliaban y hermanos de la Paz y caridad subió la fatal escalera Quiñones, que iba decaído y fué el primero que espió su delito. Vando estuvo algo mas sereno, besó el tablado, y puesto de pié dirigió la voz al pueblo exhortándole á que huyera del crimen, encargando á los padres de familia dieran buena educacion á sus hijos y evitasen las malas compañías. Un momento despues era ya cadáver.

Durante su estancia en la capilla, los reos se han mantenido contritos, serenos y animados, entregados completamente á sus confesores: Quiñones encargó al presbítero D. Cárlos María Castellanos que entregara á su mujer unas ligas y 70 reales que tenía de sus ahorros: también solicitó del sacerdote que le dejase salir á la sala á recibir al verdugo, lo que no le fué permitido. Vando, mas animado en sus últimos momentos, no consintio que nadie le ayudase á montar en el burro y subió solo: también quiso que la última noche le sirviera la cena la señora del alcaide de la cárcel, á quien la llamaba la señora del Amparo. Durmieron algunos ratos, nada les ha faltado mientras han estado en Capilla, y el clero, las autoridades y hermanos de la Paz y Caridad, todos han cumplido con su deber.

¡Dios se haya apiadado de aquellos desgraciados!».

Como aquí se dice, los culpables fueron los criptanenses Domingo Quiñones y Juan Vando. No se dan datos sobre cómo transcurrió la investigación de los hechos ni sobre las pruebas que llevaron a las autoridades a practicar la detención de los aludidos, especialmente en una época como ésta en la que la criminología tal y como la entendemos hoy era un concepto completamente desconocido.

No se hace referencia en la noticia al método de ejecución, pero es muy posible que fuera con garrote vil, vigente en España desde 1820 hasta 1978. Todas las formas de ejecución son horrendas y, en algunos casos muy sofisticadas, lo que muestra cuán grande ha llegado a ser la inventiva e imaginación del ser humano para matar y para torturar. El garrote vil es un artilugio muy sencillo, pero letal. Pongo aquí la descripción del mecanismo y su uso, tomada de José Carlos Fuentes Rocañín, José Cabrera Forneiro, Carlos Fuentes Iglesias, Manual de Ciencias Forenses, Madrid 2007, págs. 73-74:

En España, durante un periodo considerable existió el ajusticiamiento por el «garrote», aro metálico que rodeaba el cuello del ejecutado con una maniveal que en una vuelta comprimía bruscamente el paquete cervical del reo. Si la acción de apretar dicho aro se hacía lentamente por indicación del Tribunal en su sentencia, se denominaba entonces «garrote vil», y se aplicaba ante criminales que habían llevado a cabo asesinatos particularmente crueles, o en genete de baja clase social, reservándose el «garrote» para nobles que habían cometido un delito de sangre o gente del pueblo con crímenes no especialmente crueles.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO