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Estación de Atocha

Estación de Atocha

El periódico republicano La Luz, año II, núm. 363, del 4 de marzo de 1933, publica la rocambolesca historia del atraco sufrido por un matrimonio de criptanenses en Madrid. Llama la atención el hecho de que, en aquella época, este suceso llegara a la prensa, lo que significa que no debía de ser muy habitual; en nuestro tiempo, un hecho como éste sólo sería objeto de un comentario breve en el informativo de una televisión local. He aquí la noticia:

 Persecución de unos carteristas

Procedente de su pueblo, Campo de Criptana, llegó hoy a Madrid el matrimonio compuesto por Juan Antonio Alarcos Sepúlveda, de cincuenta y dos años, jornalero, y Angela Manzaneque Muñoz, de cuarenta y nueve. La mujer era portadora de una cartera que contenía trescientas pesetas, destinadas a la adquisición de un aparato ortopédico para el marido.

En la glorieta de Atocha tomaron un tranvía, y al llegar a la Cibeles un sujeto que iba en la plataforma quitó la cartera a Angela. El marido se dió cuenta y le echó la mano. El ratero llevaba al brazo una gabardina, que fué lo que sujetó Juan Antonio. Y, claro es, el ladrón huyó, abandonando la presa.

Al tirarse del tranvía en marcha se cayó el carterista, pero rápidamente se levantó y logró desaparecer.

Juan Antonio quedó un momento sorprendido, lo que fué aprovechado por el compinche del huído para arrebatarle la gabardina de su compañero y echar a correr con ella.

Un agente de Vigilancia que viajaba en otro tranvía salió en persecución de los ladrones y logró detener a uno de ellos, llamado Fernando Jiménez Domínguez, «el Málaga». El otro se llama Félix Cabañas Soria, «el Pollo», y se confía en que también será detenido, y recuperada la cartera. Uno y otro individuos son muy conocidos de la Policía.

Como se puede ver, es ésta una crónica del suceso muy completa en cuanto a detalles, aunque no nos dice cuál era el aparato ortopédico que pensaban comprar. Por lo dicho, queda claro que la cartera aún no había sido recuperada cuando se publicó la noticia. La cantidad robada, 300 pesetas, era muy importante en la época teniendo en cuenta el coste de la vida y de renta, y mucho más para un jornalero. Hacia 1931 el salario diario de un albañil oscilaba entre 8 y 12 pesetas; el de un electricista entre 7,50 y 14 pesetas; el de un panadero entre 9,50 y 16 pesetas; el salario mensual de un dependiente de comercio se situaba entre las 200 y 600 pesetas. Y ahora veamos el coste de algunos productos básicos de consumo. Por ejemplo, en 1935, un kilo de pan blanco costaba 0,68 pesetas, de harina 2,00, de mantequilla 9,00, y un kilo de carne de ternera de primera 6,28 (tomo estos datos de Manuel Tuñón de Lara, La España del siglo XX, vol. I, Madrid 2000, págs. 384-386).

Fue precisamente en aquel año 1933 cuando el servicio de tranvías de Madrid, que funcionaba desde el año 1871, comenzó a ser sustituido por autobuses urbanos. En 1971 el tranvía despareció del paisaje de Madrid. En 2007 el sistema fue reintroducido en algunas líneas de la periferia.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO