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Madrid: Foto de J. M. Cañas Reíllo (2011)

Madrid: Foto de J. M. Cañas Reíllo (2011)

Hoy hablaré de la historia desgraciada, de la tragedia inesperada, de una criptanense en Madrid. Comienza con el amor y acaba en sangre, como muchas otras. Nos la narra una noticia publicada en el periódico El Imparcial, año XLVIII, núm. 17.080, del lunes 7 de septiembre de 1914, con el título Un hombre y una mujer moribundos. Hoy me limito a tratar sobre la primera parte, el crimen, que sucedió el día 6 de septiembre de aquel año. En el post de mañana ofreceré la segunda parte, con el testimonio que proporcionó a los autoridades la criptanense protagonista de la historia, herida de gravedad en el trágico suceso y casi moribunda. La misma noticia, aunque mucho más breve y con exposición de menos detalles, se publicó el mismo día en el ABC (pág. 18), en la sección de «Sucesos de Madrid», con el título Entre amantes cinco tiros. Puesto que es más completa y detallada la versión de El Imparcial, reproduzco ésta a continuación:

Cuatro años hará que en Campo de Criptana trabaron amistad Emilia Pedroche Jimenez, de veinticuatro años actualmente, natural de aquel pueblo, y Calixto Hernandez de la Cal, de cincuenta y un años, soltero y natural de Valladolid.

La amistad se estrechó a los pocos días y hombre y mujer se albergaron juntos bajo el mismo techado.

Tres años seguidos vivieron de tal forma en el importante pueblo manchego, hasta que, por razones que no hacen al caso, decidieron venir a la corte.

Aquí se instalaron en la posada del Dragón, establecida en la Cava Baja, núm. 14, y en el piso segundo ocuparon una habitación, en la que han convivido hasta el presente.

Los dueños y el personal de la posada, según nuestros informes, no observaron jamás, durante el tiempo que Calixto y Emilia han habitado en ella, el menor disgusto entre estos personajes, á quienes suponían matrimonio.

Así fué, que ayer tarde, próximamente á las cuatro, cuando se oyeron tres detonaciones seguidas junto á la habitación de los supuestos casados, se produjo en cuantas personas había en la finca, aparte la natural alarma, gran estupefacción.

Varias personas acudieron al sitio de donde partían las detonaciones.

Por la escalera bajaba Emilia pálida, y arrojando sangre. Al llegar al último escalón, los auxiliantes la recogieron y llevaron al comedor, en donde sufrió un desmayo.

En aquel instante sonaron otros dos disparos, y otras personas se presentaron en el piso segundo de la posada.

Tendido junto á la puerta de su habitación se hallaba, en medio de un charco de sangre, Calixto Hernández, que á su lado tenía un revólver de cinco tiros.

Los dos heridos fueron llevados inmediatamente á la Casa de Socorro de la Latina, cuyos facultativos de guardia, con el celo y actividad acostumbrados, procedieron á reconocerles y practicarles la primera cura.

A Emilia la apreciaron tres heridas de proyectil, situadas: una en la región abdominal, otra en la lumbar y otra en el lado izquierdo de la renal. Los proyectiles de estas dos últimas lesiones fueron extraídos; pero no así el de la primera, la cual es de carácter penetrante y muy grave.

A Calixto le apreciaron dos heridas, situadas ambas en la región precordial. Los proyectiles no pudieron ser extraídos. Se estimó su estado de gravísimo.

El Juzgado de guardia, de Buenavista, constituido por D. Manrique Mariscal, juez municipal suplente é interino de instrucción; don Antonio Aguilar, secretario, y D. Manuel Leira, oficial, se personó en la Casa de Socorro cuando aun no habían terminado los doctores su labor, y una vez concluída ésta, comenzaron las actuaciones.

El juez no pudo oír a Calixto porque se hallaba en estado comatoso. Los médicos consideraban moribundo al autor del doble suceso. En vista de ello, fué inmediatamente llevado al Hospital provincial.

Emilia, cuya situacion no era en aquellos instantes mucho menos grave que la de su agresor, pudo, no obstante, referir la forma en que se desarrolló el suceso y lo que ella estimaba como su origen.

La versión del ABC señala, entre otros detalles, que:

… Calixto que se encontraba con Emilia en su habitación, disparó tres tiros sobre la mujer y luego intentó suicidarse, disparándose otros dos.

Ésta es la primera parte de la historia: el crimen. Mañana veremos cómo narró los acontecimientos Emilia.

Hablemos ahora del lugar: la Posada del Dragón, uno de los más antiguos y emblemáticos hoteles de Madrid. Como dice la noticia, está situada en la Cava Baja número 14, en la zona más castiza de la ciudad. Era muy famosa y son muchos los escritores del XIX que hacen mención de ella. Aún sigue abierta al público.

Según Ramón de Mesonero Romanos, (Manual Histórico-Topográfico, Administrativo y Artístico de Madrid, Madrid 1844, pág. 462), en la Posada del Dragón paraban los arrieros de Salamanca, parte de Extremadura y de Toledo, que hacían sus viajes periódicos en «carros, galeras ó caballerías». Era, por tanto, lugar de partida y retorno de viajes a diferentes partes de España y cumplía funciones similares a una moderna parada de autobuses. Así, por ejemplo, en el Diario de Madrid, nº 1136, del domingo 6 de mayo de 1838, encontramos el siguiente anuncio:

A la posada del Dragón llega el 6 un coche de retorno para Salamanca: admite asientos y arrobas para dicha carrera.

Madrid - Latina: Foto de J. M. Cañas Reíllo (2010)

Madrid – Latina: Foto de J. M. Cañas Reíllo (2010)

Otras posadas madrileñas tenían la misma función. De la del Rincón, en la calle de Alcalá, dice el mismo Diario de Madrid:

En la posada del Rincon, calle de Alcalà, hay una galera de la viuda de Salas de retorno para Badajoz y Portugal, que saldrà con la posible brevedad. El mozo de la espresada posada dará razon.

El juez interino que se hizo cargo del caso fue Manrique Mariscal de Gante y Gante.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO