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Molino de Campo de Criptana: Foto de J. M. Cañas Reíllo 2011

Molino de Campo de Criptana: Foto de J. M. Cañas Reíllo 2011

El periódico La Época, año LXIII, núm. 21.833, del sábado 12 de agosto de 1911, publicó una pequeña noticia sobre el hallazgo de una paloma mensajera en un molino de Campo de Criptana. Dice así:

En un molino de viento de Campo de Criptana (Ciudad Real) se paró, y fué cogida el día 8 del corriente, una paloma mensajera, con las indicaciones siguientes:

En la pata izquierda un anillo de celuloide, color rosa, de tres vueltas: en la derecha otro parecido al anterior, color granate; otro de plata, con el núm. 1 628 – Derby. Nat. A B 8.

Está en poder del molinero, Ricardo Madrid.

Molinos de Campo de Criptana: Foto de J. M. Cañas Reíllo (2012)

Molinos de Campo de Criptana: Foto de J. M. Cañas Reíllo (2012)

No sabemos de dónde venía esta paloma mensajera ni cuál era el destino de su viaje, que acabó en un molino criptanense un día de verano de 1911. Ignoramos también si cumplía una misión, lo que es muy probable, dado que en esta época eran aún muy utilizadas como medio de comunicación sobre todo por el ejército. Lo cierto, es que esta paloma podría venir desde cualquier lugar de Europa, porque pueden recorrer distancias muy largas, hasta 1.200 kilómetros.

En este artículo se cita a un molinero de entonces, Ricardo Madrid. A otro molinero de Criptana, más o menos por la misma época, conoció Azorín en su periplo por La Mancha. Sobre él nos habla Fernando López Martín en su artículo Las rutas heroicas, en la sección “Paisajes españoles” de la revista La Esfera, año XII, núm. 611, del 19 de septiembre de 1925, pág. 29:

Este buen Javier, á quien Azorín, en la ruta de sus andanzas, encuentra oficiando de molinero en su viejo molino de Criptana, podría con su hablar seco y parvo decirnos muchas y sustanciosas cosas del corazón de los molinos. Este buen Javier, con su parlar sobrio y axiomático, podría descifrarnos lo que dice el ritmo de esas piedras que aún trituran el oro de los granos durante las eternas jornadas de los días manchegos, sin más voz que la del aire en las henchidas lonas de las aspas, y, de vez en vez, el pío de una alondra, rauda, fugitiva.

Molino de Campo de Criptana: Foto de J. M. Cañas Reíllo (2012)

Molino de Campo de Criptana: Foto de J. M. Cañas Reíllo (2012)

¿Qué canta ese ritmo de las muelas incansables, de las piedras perezosas, mordiendo, machacando el oro del trigo? Javier nos contaría, sin duda, que el ludir de esas piedras (ritmo de un corazón ya decrépito) añora los días en que España, segura de sí misma, á horcajadas sobre un rocín, que era un hipogrifo en los momentos de aventura, caminaba por las rutas heroicas de la historia. Javier nos diría que, entonces, al impulso del viento, el ritmo de esas piedras, el ritmo del corazón de los molinos de Criptana, repercutía lírico y resonante, á igual que la voz de las caracolas marinas que soplaron los tritones en las hazañas marineras de Ulises y en el viaje de Jasón el argonauta. Porque entonces, añadiría Javier, España era una nave portentosa con sus velas, las de sus molinos manchegos, tendidas á todos los vientos del destino

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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