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Recojo hoy una queja contra el ayuntamiento de Campo de Criptana, en 1930. Es un artículo, bien cargado de retórica a veces no muy conseguida y en exceso inflada, que publicó Francisco A. Paniagua en el periódico El Despertar, de Alcázar de San Juan, el 26 de junio de 1930. Entre los recovecos estilísticos de este texto se puede vislumbrar (aunque tarde y con esfuerzo) a qué se refiere el autor con los «dos cristos» y qué injusticia en el comportamiento del ayuntamiento de Campo de Criptana pretende destapar. Es, ni más ni menos, una jubilación que nunca llegaba para sus dos serenos, quizá los últimos del gremio en Criptana. Reproduzco a continuación el texto de este artículo:

Dos cristos mas

He sentido por ellos compasión cuando los he visto, y por mi mente ha cruzado rápida, más que la idea, una pregunta. ¿No se habrá ocupado de ellos el Ayuntamiento? Me parece que debe haberlo hecho. Y si lo ha hecho ¿Por qué no los retiran de los puestos que ocupan?

Cuando por necesidad hube una noche de subir al Ayuntamiento, mi vista contempló el cuadro; estaban uno frente al otro, sin hacer un solo movimiento, quizá cansados de los que en su juventud dejaran escapar sus cuerpos, la cabeza inclinada al suelo, posición que denotaba que contarían en aquellos momentos las pocas horas que les quedaban de vida.

Me dió pena contemplarlos, y se acentuó esta, cuando al hablarles hubieron de hacer un grande esfuerzo para levantar sus cuerpos vencidos por la lucha.

Campo de Criptana. Nocturno. Foto de J. M. Cañas Reíllo (2009)

Campo de Criptana. Nocturno. Foto de J. M. Cañas Reíllo (2009)

¡Dos Cristos más! Dos serenos; Damián Rivas y Rafael Quirós, de 78 y 71 años respectivamente; estos serenos, mejor dicho, estos abuelos (por no decir inválidos) prestan servicio de vigilancia y defensa en nuestro Ayuntamiento desde las 7 de la tarde a las 5 de la mañana (jornada legal) en espera de ser crucificados con la jubilación que nunca llega.

Llevan prestando servicio al Ayuntamiento 35 años, tanto de guardas de campo como de serenos.

Hoy, constituido un Ayuntamiento Republicano-Socialista no tiene explicación (por lo menos para mí) que no hayan sido jubilados estos dos hombres, que bien merecido tienen el descanso.

Y me extraña doblemente que la minoría Socialista, a quien más directamente afecta, no haya dejado un hueco en su actuación para dedicarlo a estos menesteres de tan alto valor social.

Si lo hicieron, abandonaron el camino, para atender tal vez asuntos de más gravedad, que deben ser atendibles, pero siempre sin olvidar, los que como este pueden en un momento no encontrar reparación.

Torpe en pedir voy a rogar al Concejo conceda atención a este pobre escrito, quitando de la cruz a estos dos seres, para dar ejemplo de buena doctrina liberal.

El oficio de sereno estaba presente por aquel entonces tanto en ciudades como en pueblos. Sus obligaciones eran variadas: vigilancia de las calles, cuidado de la iluminación pública, ayuda a los vecinos, etc. En el caso de Criptana desempeñaban también, como se dice en el texto, funciones de guardas rurales con jornadas de trabajo de 10 horas diarias. A lo largo del siglo XX desaparecieron los serenos del paisaje nocturno de los pueblos y ciudades de España, aunque en los últimos años en lugares como el madrileño barrio de Chamberí se han vuelto a reintroducir.

Ignoro si la petición del periódico fue atendida por el ayuntamiento criptanense y si los serenos fueron convenientemente jubilados. Lo cierto es que el ayuntamiento no podía demorar por más tiempo una decisión como ésta, dada la edad de estos serenos… o podría ser demasiado tarde. Ahora parémonos a pensar por un momento cómo era la vida en España cuando no existía la jubilación tal y como es hoy… y podemos felicitarnos de vivir en nuestro tiempo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO