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La vendedora de fósforos. Grabado de Gustave Doré

La vendedora de fósforos. Grabado de Gustave Doré

A finales del siglo XIX y comienzos del XX la producción y venta de cerillas era un monopolio estatal en España. También eran monopolio del estado la producción de tabaco y de explosivos. Respecto al monopolio cerillero en España, se dice en el Boletín de la Revista General de Legislación y Jurisprudencia 128 (1906), pág. 568:

Cerillas fosfóricas y toda clase de fósforos cuya fabricación y venta constituyen un monopolio del Estado, según el artículo 21 de la ley de Presupuestos de 30 de Junio de 1892.

El fósforo vivo sólo podrá importarse por el gremio de fabricantes de cerillas fosfóricas, según el art. 50 de la ley de Presupuestos de 1895-1896.

Y como ya todos sabemos cuán nefastos e injustos suelen ser los monopolios para la economía de un país, y para los consumidores, éste de las cerillas no fue la excepción. En la venta de este producto se cometían abusos amparados en la legislación de la época, ante los cuales los vendedores y compradores se veían indefensos. Precisamente uno de estos abusos suscitó una queja en Campo de Criptana, suponemos que por parte de un estanco, que se publicó en el periódico El País, año XIII, núm. 4.491, del jueves 26 octubre de 1899. Y dice así esta breve pero jugosa nota:

Nos suplican desde el Campo de Criptana, hagamos constar que la Compañía del monopolio de cerillas obliga á sus expendedores á adquirir por partes iguales las cerillas de primera y segunda clase, con lo cual se irrogan grandes perjuicios.

No es esta la primera vez que recibimos quejas denunciándonos ese abuso intolerable al que el gobierno debe poner un enérgico correctivo.

Vendedor ambulante de fósforos

Vendedor ambulante de fósforos

Es ésta, como era de esperar, una de esas injusticias institucionalizadas, tan abundantes entonces, y ahora. Pero pensemos que el monopolio de las cerillas era mucho más injusto que otros, como el del tabaco, por poner un ejemplo. En aquella época eran éstas un elemento fundamental y de primera necesidad en la vida cotidiana, mucho más que en la actualidad, en que disponemos de encendedores y para cocinar o calentarnos no necesitamos recurrir a los fósforos.

En general, las cerillas españolas tenían mala fama, y solía achacarse esto al hecho de ser su producción y venta un monopolio del gobierno. Así nos lo dice un matrimonio inglés que viajaba por España hacia 1920, Jan y Cora Gordon, en su libro de viajes titulado Poor Folk in Spain. En su versión española publicada con el título de La gente sencilla de España, por Jan y Cora Gordon, ilustrada por los autores. Edición de María Soledad Valcárcel, Murcia, 1980 (pág. 185), encontramos la siguiente apreciación:

Las cerillas españolas, muy malas, que son un monopolio del Gobierno, van metidas en una caja de cartón. Esta caja es muy difícil de abrir; de cualquier forma que la empujes, como las famosas cajas de cerillas de trampa, la parte interior parece que tiene dos fondos y ninguna apertura. El viajero impaciente normalmente destroza la caja al intentar llegar a las cuarenta cerillas que hay dentro.

El monopolio estatal sobre las cerillas se mantuvo en España hasta 1956.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO