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En el primer post de esta serie (Evangélicos en Campo de Criptana, I: Las vicisitudes de Jorge Lawrence, 1889) mostré a partir del testimonio del periódico El Motín cómo en Campo de Criptana no gustó mucho la apertura de una capilla evangélica por el misionero Jorge Lawrence, cómo el clero lanzó en su contra al pueblo aprovechándose de su posición de influencia y cómo la alcaldía hizo muy poco para garantizar el cumplimiento de la Constitución entonces vigente en lo que se refiere a la libertad de culto. Tal fue la discordia que se originó que la guardia civil no pudo sofocar el tumulto. Y la autoridad competente tomó la decisión de cerrar la capilla. Y no imaginaba esta autoridad competente, que era ni más ni menos que el alcalde de Criptana, la que se le venía encima por esta decisión, porque iba a ser, por algún tiempo, la comidilla del país.

La noticia de lo ocurrido en Criptana corrió como la pólvora por toda España y en pocos días llegó a periódicos de todo el país, incluso a la prensa regional y local. El cierre de la capilla de Criptana se convirtió, para los republicanos de la época, en el símbolo de la resistencia de una España anclada al Antiguo Régimen que no quería cambiar su sociedad ni dejar el espacio mínimo que garantizaba la Constitución a creencias diferentes a la católica. Uno de los medios de prensa republicano-progresistas que dedicó un extenso espacio al hecho fue el periódico turolense que salía jueves y domingo, La Antorcha (año III, núm. 4, del 19 de mayo de 1889). La noticia dice lo siguiente:

En el campo de Criptana (Ciudad Real) se abrió al culto hace pocos días una capilla evangélica.

Terminada la ceremonia de apertura, en la que no se hizo demostración ninguna externa contraria el espíritu y letra de la Constitución, muchos vecinos del pueblo, instigados por los curas, insultaron á los fieles, y pasando de lo religioso á lo político, ó por mejor decir, confundiendo lo uno con lo otro, comenzaron á dar mueras á la República y á los republicanos.

Como es natural, este bárbaro atropello enconó todos los ánimos: los republicanos, justamente indignados por la provocación de que habían sido objeto por parte de los elementos clericales, protestaron, originándose de aquí manifestaciones un tanto tumultuosas que hicieron precisa la intervención de la guardia civil, la cual disolvió los grupos sin necesidad del empleo de la fuerza, pues en realidad los republicanos no pudieron estar más circunspectos.

Desgraciadamente la autoridad local que en un principio, y al promulgar el bando recomendado el orden, había cumplico con su deber, hubo de cansarse pronto de observar tan prudente conducta y, cediendo sin duda a sugestiones de los eternos enemigos de la libertad, consintió que, cinco días después de fijado el bando, cerrase la guardia civil la capilla evangélica.

Es decir, que el culto disidente, reconocido y protegido por las leyes, tiene garantías en toda España menos en el Campo de Criptana, donde el alcalde se cree superior al Código fundamental del Estado.

Es decir, que en el campo de Criptana hay un alcalde para quien el grito de ¡mueran los republicanos! no merece reprensión ni castigo, y lejos de eso premia á los que lo pronuncian, permitiendoles la satisfacción de que se cierre un templo religioso.

Recomendamos á la comision española en la capital de Francia ese ejemplar de alcalde de monterilla que ha de llamar seguramente la atención del mundo civilizado en la gran Exposición de París.

Solo faltaba á los católicos de Campo de Criptana un mosen Pacho que les capitaneara, para dar un colorido más místico á sus cristianos actos.

¿Qué tal, Sor Esperanza?

¿Son tamañas gentes dignas de alternar con los hombres de bien?

Éste es el relato de lo ocurrido, no tan mordaz como el que publicaba El Motín. El lector puede, con esta crónica, hacerse una idea más clara de lo que sucedió, de quiénes estuvieron implicados en el escándalo y de cuáles fueron sus consecuencias.

Hay al final del texto una alusión a un tal «Mosén Pacho». Era éste un personaje muy conocido en la época. Su nombre auténtico era Juan Jiménez de Bruscos. Fue el capellán de la División de Aragón al mando del Brigadier Gamundi y cabecilla carlista. Fue ejecutado en octubre de 1875 por tropas liberales cuando intentaba entrar en Francia.

Exposición Universal de París (1889): Torre Eiffel

Exposición Universal de París (1889): Torre Eiffel

Es interesante aquí la mención a la Gran Exposición de París, que pareció coincidir en el tiempo con la polémica de Criptana. Realmente su nombre oficial, por el que fue mundialmente conocida, fue «Exposición Universal de París», y se celebró entre el 6 de mayo y el 31 de octubre de 1889. Ese año se concluyó la Torre Eiffel, como símbolo de esta exposición que conmemoraba el aniversario de la Revolución Francesa.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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