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Amadeo I de Saboya

Amadeo I de Saboya

Fue Amadeo I de España un rey ocasional, pero pudo haber sido un buen rey, si la España de entonces hubiera sido otra. Amadeo Fernando María de Saboya (1845-1890), que era el nombre de este rey, fue una solución provisional del parlamento tras la expulsión de la reina Isabel II. La Constitución de 1869 quería una monarquía constitucional, pero no había rey, y se sometió a votación en el parlamento a quién se entregaría el trono español. Y cayó la suerte, o la desdicha, en Amadeo, hijo de Víctor Manuel II, rey de Piamonte-Cerdeña y desde 1861 de Italia, y de María Adelaida de Austria, bisnieta de Carlos III. En 1867 se casó con María Victoria del Pozzo della Cisterna, que le acompañó en su breve aventura monárquica en España.

Atentado contra Prim

Atentado contra Prim

Fue éste el primer rey de España elegido por mayoría en el parlamento; las otras alternativas, que no tuvieron éxito en la votación, fueron una república federal, el duque de Montpensier, el general Espartero, Alfonso de Borbón, etc. Tuvo muy mala suerte Amadeo en España. Vino confiado en que podría ser rey, pero se encontró a todo un país en contra. Y para colmo, su único apoyo en el país, el general Prim, murió el 30 de diciembre de 1870, víctima de un atentado, poco antes de su llegada a Madrid. ¿Qué se encontró Amadeo? Pues, ni más ni menos, que con el rechazo de todos, unos por una razones y otros por otras: monárquicos de toda la vida (y había que estar muy sobrado de moral para seguir confiando por aquel entonces en los Borbones), la aristocracia, los carlistas, los republicanos, la iglesia y el pueblo llano. Todos. Por primera y única vez en la historia, casi todos los españoles estuvieron de acuerdo en algo.

Amadeo llegó a Cartagena dispuesto a tomar posesión de la corona española y sin ser consciente de lo que se le venía encima el 30 de diciembre de 1870, y a Madrid el 2 de enero de 1871. Juró la constitución y tomó posesión del trono. Emilio Castelar le advirtió que tuviese cuidado para no acabar como Maximiliano I de México, otro rey elegido como él, que murió fusilado.

En marzo llegó su esposa a Alicante procedente de Italia, y el rey fue a recibirla desde Madrid. Al regreso, todos los pueblos por los que pasaba el tren real se engalanaron para tal acontecimiento. Campo de Criptana también. De ello nos ha quedado un testimonio: el del cronista de la provincia de Alicante, José Pastor de la Roca, en su obra Crónica del viaje á Alicante de SS. MM. Amadeo I y María de la Victoria en marzo de 1871, publicada en Alicante, en la Imprenta de la Viuda de Juan J. Carratalá, el año 1871. Ya en tierras manchegas, el tren paró cinco minutos en Socuéllamos. A las 5:20 llegó a Záncara y, media hora después, a Campo de Criptana, donde hizo una breve parada, que el cronista describe así (págs. 78-79):

En la estación de Criptana, colgada de pabellones, con el retrato de S. M. bajo de un semicírculo, con este lema: ¡Viva Amadeo I Rey de los españoles!

La población descuella á la derecha con su torre esbelta y su caserio denegrido por la nieve, como todas las de la Mancha.

Multitud de molinos de viento, espectros inmóviles con sus brazos abiertos, proyectan también sus aplomadas pirámides en un horizonte diáfano y ocupan una altura que domina al caserío del pueblo, reclinado en la falda.

A la izquierda otras alturas y otros molinos.

Al partir unos vivas medio ahogados por una música discordante y sorda, nos saluda.

Algunos soldados de trecho en trecho presentan las armas y quedan ahi como enclavados en su puesto, hasta que los perdemos de vista.

¡Qué paisaje tan triste! ¡qué contraste de luz y de sombras!

La soledad, la aridez que ofrece el paisaje, donde campea algun que otro objeto, inspiran una sensacion estraña enmedio de ese silencio que solo interrumpe el monótono ruido del tren en esta hora poética, con esa degradación de tintas que empieza ya á notarse, con esa palidez que refleja el espirante día.

– ¡Alcázar de San Juan! esclama á nuestro lado el joven marqués de Ahumada.

En la estación de Alcázar, también engalanada, esperaban los gobernadores civiles y militares de Toledo y de Ciudad Real, con sus Comisiones, la Diputación provincial, la Audiencia de Albacete, los alcaldes de distrito y otros. Allí paró más tiempo el tren, para que todas estas autoridades pudiesen presentar sus respetos a los reyes.

En 1873 Amadeo I renunció a la corona ante una situación que ya era insoportable, hizo el equipaje, reunió a su familia y se fue a la embajada de Italia. Luego, volvió a su país, donde fue Duque de Aosta, y, fallecida María Victoria, se volvió a casar con María Leticia Bonaparte, su sobrina.

Fue una lástima que Amadeo I no siguiera siendo rey de España, pues tenía todo aquello de lo que carecían los Borbones del XIX: era culto, refinado, siempre elegante y bien vestido, de modales exquisitos y, lo principal, tenía una mente mucho más abierta a los cambios políticos y sociales que sus contemporáneos españoles.

Enlace recomendado:

Programa de radio: Historia y música: El reinado de Amadeo de Saboya (1871-1872). RNE (04/05/2012)

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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