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Trataré hoy una cuestión religiosa de comienzos del siglo XX, en unos años en los que proseguía imparable, aunque con dificultades, el cambio que estaba transformando poco a poco la sociedad española. En 1905 llegó la promulgación de la ley del Matrimonio Civil. En 1913, el gobierno, cuyo consejo de ministros presidía por aquel entonces Álvaro de Figueroa y Torres, I Conde de Romanones,  preparaba un proyecto que suscitaría una de las contestaciones sociales más sonadas de la época: la supresión de la enseñanza del catecismo de carácter obligatorio en las escuelas primarias del país.

La Iglesia española y los católicos en masa iniciaron una campaña propagandística en contra de este proyecto, con el Conde de Romanones como diana de sus ataques.  Era, para la sociedad española de la época, inimaginable una escuela primaria sin la enseñanza del Catecismo. De hecho, la normativa legal vigente por aquel entonces, desde mediados del siglo XIX (por ejemplo, la Ley Moyano de 1857), la garantizaba.  Al respecto, los Principios de educación y métodos de enseñanza (Libro de texto para las escuelas normales) de Mariano Cardedera, publicados en Madrid 1865 (2ª edición), dicen (pág. 135):

Como la historia sagrada, el catecismo de la doctrina cristiana puede y debe enseñarse antes de que el niño sepa leer, limitándose á lo mas sencillo, reservando para mas adelante el aprenderlo con toda extension. En uno y otro caso, es decir, cuando se aprende de viva voz y cuando se aprende con el libro, debe encomendarse á la memoria al pie de la letra, porque de otro modo podrian infundirse á los niños errores de gravísima trascendencia.

Grande fue la oposición a que cambiaran las cosas en temas religiosos en toda España. Y Campo de Criptana no se quedó al margen. El proyecto del Gobierno produjo en este pueblo un levantamiento masivo de católicos,  del que dio noticia el periódico El Pueblo Manchego, año III, núm. 663, del lunes 24 de marzo de 1913, con el título La defensa del Catecismo en nuestra provincia. Es un documento muy interesante, no sólo porque nos proporciona un retrato muy vivo de la sociedad criptanense en aquella época, sino porque nos da a conocer los nombres de muchos de los habitantes del pueblo por aquel entonces y noticias de cómo se organizaba Campo de Criptana la vida religiosa.  Lo que queda claro es que Criptana era un pueblo muy «activista» en materia religiosa y lo demostró enviando numerosos telegramas al rey Alfonso XIII y al  Conde de Romanones exigiéndole que retirara el proyecto.

Puesto que el artículo del periódico es bastante extenso lo dividiré en dos partes. Hoy me limitaré a tratar el episodio que el periódico llama «La protesta de las señoras».  En otro post trataré sobre una serie de telegramas de los que hace mención el periódico, que fueron enviados por asociaciones y colectivos católicos de Campo de Criptana al Conde de Romanones.

Por el momento, he aquí el texto del episodio titulado «Protesta de las señoras»:

El noble sentimiento de protesta que en los corazones de todas las damas españolas ha levantado el proyecto del actual Gobierno tratando de que deje de ser obligatoria en las escuelas primarias de España la enseñanza del catecismo, no podía menos de hallar eco en los corazones de las católicas mujeres y madres de familia de nuestra villa, y bien supieron estas exteriorizarlo en el acto de ayer tarde.

Prendió el primer chispazo de entusiasmo al recibir el aviso de que una noble dama, Dª. María de la Paz Baillo, viuda de Manso pensaba telegrafiar por si misma protestando contra el mencionado proyecto y recibiría con gusto en su domicio (sic) á cuantas á ella quisieran unirse para tal fin, y fué espectáculo consolador y grato para los corazones amantes de la sacrosanta Religión y las santas tradiciones españolas ver acudir ayer tarde á la aristocrática morada, no solo á las señoras, que por parentesco y amistad particular estaban desde luego unidas á la iniciadora de tan laudable arranque, sino á las que tal vez sólo de nombre la conocían y á las representantes de más modestas esperas (sic) de las clases sociales.

Ante ellas, con sencillas y oportunas frases expuso la dueña de la casa su pensamiento de hacer causa común con las señoras que desde todos los ámbitos de España han sabido hacer llegar hasta el conde de Romanones cuán opuesto es su proyecto á los sentimientos más arraigados en esta católica nación y unidas todas, de común acuerdo se procedió á redactar los telegramas siguientes:

Mayordomía Mayor Palacio, Madrid:

Unidas señoras y madres católicas de Criptana, elevan á las gradas del Trono respetuoso súplica de que no deje de ser obligatoria la enseñanza del Catecismo para los súbditos del rey.- Paz Baíllo, viuda de Manso.

Conde de Romanones, Madrid:

Unidas señoras y madres católicas, que lo son todas las de esta villa, piden á vuecencia siga siendo obligatoria enseñanza Catecismo escuelas primarias Españas y están dispuestas á que de hecho continue siéndolo en esta población. – Paz Baíllo, viuda de Manso.

Concurrieron al acto personalmente las señoras y señoritas Paz Baíllo, viuda de Manso; marquesa de Torremejía, Carmen Salcedo, Carmen Moya, Eugenia Granero, Remedios Baíllo, Dolores Fernández, Concepción Fernández, de Arinero; Paz Alarcón, Carmen Piquer, de Zapata; Pilar Pérez, de Fernández; Angela Salcedo, de Girón; Micaela Pulpón, Jerónima Salcedo, Rosario Manzanares, Sagrario Yagües, Cirila Gómez, Carmen L. Manzanares, Emiliana Moreno, Luisa Vallejo, Asunción Manzanares y Manzaneque, Micaela Granero, María de la Cruz Romeral, Victoriana Romeral, de Lara; Eleuteria Moreno, Teresa Fuentes, Luisa Ruescas, Telesfora Pizarro, María de la Guía, Dolores Alarcos, Emilia Pérez, de Ruescas; Dolores Estela, Micaela Peñaranda y Lima, Guadalupe Fernández, María Martínez Santos, Remedios Millán, Felipa García, de Fernández; Herodiades Sánchez-Villacañas, Ana Rodríguez, de Cueto; Josefa Izquierdo y Carrión, maestra de escuela pública; Juliana C. Izquierdo, maestra; Nieves Millán, Amalia Isern, Teresa Martínez Santos, Asunción Olmedo, Paula Moreno, Josefa Vidal Bellver, de Moreno; Pura Guerrero, de Cenjor; Carmen Baíllo, de Peñalva; Cándida moreno, viuda de Carreras; Encarnación Oliveros, de Cuadra, María García, de Cuadra; Luisa López y Alarcos, viuda de Millán; Estanisláa Monreal, de Melendo; Milagros Corona, de Rubín; Encarnación Luján, de Manzanares; Joaquina Luján, Adriana Granero, María Gullón, Feliciana Olmedo, Basilisa Sepúlveda, Criptana Angulo, Nicanora Ramos, Eloisa Corona, Rosario Quintanar, de Flores; Josefa Rubio, Encarnación Millán, Adelaida Manzanares, Antonia Escribano.

Se adhirieron al acto, por no poder concurrir personalmente: Jacinta Fernández, Teresa García, Sacramento Palmero, viuda de Martínez; Carmen Martínez Santos, Rosario Martínez Santos, Joaquina Martínez Serrano, Gregoria Sánchez Villacañas, Josefina Cueto, Emiliana Cueto, Teresa Izquierdo, Bernardina Izquierdo, Magdalena Izquierdo, Alfonsa Zapata, María Escribano, Jerónima Millán, Cecilia Millán, Teresa Cueto, Teresa Zapata, Isabel Bernalte, Laura Isern, Rosa Cenjor de Esteso, Laura Cenjor, Emilia Cenjor, Pura Esteso, Francisca Millán, Teresa Carreras, Inés Melendo Monreal, Angela Melendo Monreal, Dolores Pintor de García, Micaela García de Escribano, Polonia Pintor de Campos, Julia Pizarro, viuda de Reíllo, Joaquina Perucho, viuda de Pizarro, Isabel Huertas de Lara, Carmen Huertas de Manjavacas, Consolación Fernández de Ruescas, Pilar Fernández, Julia Ruescas de Ruescas, Dolores Ocaña de Perucho.

Felisa Lara, viuda de García, Angela Muñoz y Pedrero, Josefa Muñoz de Olivares, María Antonia Pedrero de Muñoz, Virtudes Borja, Perpetua Borja, Petra Borja, Dolores Fernández, Sevilla, Rosario Fernández Sevilla, viuda de Borja, Olvido Leal de Lara, Juana María Romeral de Leal, Teresa Moreno de Lara, Pascuala Moreno, Carmen Lima, viuda de Peñaranda, Carmen Peñaranda, Dolores Peñaranda de Barroso, Victorina Peñaranda, María Luisa Peñaranda, Dolores Barroso y Peñaranda, Valentina Barroso y Peñaranda, Concepción Fernández viuda de Salinas, Isabel Félix Salinas, Micaela Salcedo de Quirós, María Jesús Manzanares, Asunción L. Manzanares, María Teresa González, Sagrario R. Manzaneque viuda de Manzanares, Elisa Martínez, Rosario Olmedo de Moreno, Teresa Reíllo viuda de Moreno, Soledad Casero viuda de Alarcón, Josefa Alarcón viuda de Millán, Dolores Millán de Sánchez, Josefina Sánchez y Millán, Rosario Granero de Perucho, Manuela Perucho de Alarcón, Concepción Perucho de Esteso, Manuela Portales, Rosario Leal, Elvira Leal, Mariana Granero, Teresa Salcedo, Teresa Olmedo de Muñoz, Josefa Rodríguez, María Isern, Elena Villacañas, Micaela Reillo, Dionisia Pérez viuda de Villacañas, Santiaga Rubio de Manzaneque, Emma Ottilinger, Carmen Estela viuda de Peñalver.

Acaba aquí este extenso catálogo de nombres de señoras criptanenses que se unieron a la protesta. Muchos de los apellidos que aparecen resultarán, seguramente, muy conocidos a los lectores criptanenses. Llama especialmente la atención la gran cantidad de viudas que aparecen en el listado.

La cabecilla de la protesta fue Paz Baíllo, viuda de Manso. Esta actuación es sólo una muestra de su ferviente religiosidad. En 1912 había ingresado como hermana mayor en la Cofradía del Cristo de los Milagros de El Bonillo (era una de los seis hermanos mayores que tenía esta cofradía en Campo de Criptana). El ABC del 7 de junio de 1931 publica una esquela por el cuarto aniversario del fallecimiento «de la Ilustrísima Señora Doña María de la Paz Baillo y Salcedo-Meléndez, viuda de manso, que falleció el día 15 de junio de 1927». Cita, además, a sus «desconsoladas hermanas», Remedios y Carmen.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO