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Continúo hoy con el «publirreportaje» sobre Campo de Criptana que publica el periódico Heraldo de Madrid, año XXIII, núm. 7.896, del domingo 14 de julio de 1912. En posts anteriores me ocupé de algunas de las reseñas que el corresponsal hacía sobre instituciones e industrias criptanenses, como el Círculo de la Concordia, el Casino Primitivo y la bodega de vinos y alcoholes del francés Francisco Laurens. Como todo buen reportaje que se precie (y todo texto, en general, bien redactado y estructurado),  también éste comienza con una introducción general al tema a tratar, en este caso el municipio criptanense, por lo que ya es hora de que hable hoy de ella sin más demora. Y así comienza este reportaje, por el corazón del municipio, su ayuntamiento:

Los pueblos de la Mancha son caracterizados por la honradez y sobriedad de sus habitantes; son nobles, sufridos, vigorosos y dignos. En nuestro trabajo informador llegamos á Campo de Criptana, pueblo de legendaria hidalguía, y á la simple vista del observador más inexperto no puede escaparse que es un pueblo limpio, higienizado y de inmejorable aspecto.

Traspasando los umbrales de la Casa-Ayuntamiento, nos acordamos de esas instituciones socialistas que se propalan hoy como una necesidad de los tiempos, es decir, en una verdadera «Casa del pueblo», donde se atiende á todo, se auxilia en todo y se facilita todo. Se respira moralidad y buena administración; buena prueba de ello son sus reservas en Caja, que alcanzan á una respetable suma después de tener cubiertas todas las atenciones de los presupuestos municipales; los servicios al público son completamente gratis, cuando no se facilita el papel sellado para cuanto el vecino necesita; las atenciones que el pueblo recibe en aquella Casa-Ayuntamiento no tienen precedente, dándose el caso verdaderamente simpático que halle facilidades todo el mundo, pero al pobre y al obrero se le trata con infinita mayor consideración que al plutócrata y adinerado; no existe política, y por lo mismo los organismos oficiales y particulares están libres del ponzoñoso virus que áspid tan venenoso inocula en los sitios donde hace presa.

Lo natural es que los Poderes públicos fijasen su atención en estos pueblos tan dignificados; pero nada más equivocado. Nos consta que, entre otros casos, ocurre el siguiente, bien peregrino:

El 27 de octubre de 1910 el Municipio elevó instancia pidiendo subvención y haciendo oferta al señor ministro de Instrucción pública para la construcción de dos grupos escolares modelo, cuyos planos y demás documentación se acompañaron. Pues á pesar de los dos años transcurridos no ha merecido el pueblo honrado y laborioso de Criptana que se le contesta.

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La vida oficial no es más que la síntesis del bienestar material y moral de este pueblo, enorgullecido de tener resuelto el problema social del pauperismo sin más sacrificio que el honrado trabajo de sus habitantes.

En Criptana no hay mendigos; existe un hospital-asilo municipal, y nunca se ha conocido que hayan estado cubiertas las plazas de asilados, á pesar de ser la población de 12.000 habitantes. ¿Por qué es esto? Porque los habitantes de esta villa trabajan, trabajan y trabajan; así es floreciente su estado, crece y se desarrolla su población, que entre 1900 y 1910 aumentó su contingente y Censo en más del 23 por 100, según los censos generales de la población.

Era en aquella época alcalde de esta Arcadia feliz, llamada Campo de Criptana, Celestino Martínez Santos Palmero, abogado, que por aquel entonces llevaba seis meses en el cargo. No dice el reportaje a cuánto ascendía la reserva de la Caja del ayuntamiento criptanense en aquel año, sin embargo, por otro periódico (El Liberal, nº 11.937, del jueves 11 de julio) sabemos que ascendía a 50.000 duros en 1908 y que ese mismo año hubo una intentona de atraco por parte de algunos individuos. El párroco los descubrió y frustró sus planes. El presupuesto municipal del Ayuntamiento era, por aquel entonces, de unas 99.000 pesetas.

Aquel año 1912, no fue en general de los mejores para Campo de Criptana, pues sufrió su término, al igual que el resto de toda España, una pertinaz sequía que se prolongó durante buena parte del año 1913. Hubo sequía climática, pero no de proyectos y de ideas que cambiarían para siempre la vida cotidiana criptanense. Por ejemplo, unos días antes de la publicación de este reportaje, el jueves 11 de julio, el periódico El Liberal, nº 11.937, daba cuenta del comienzo de las obras de traída de aguas a Criptana desde el término de Alcázar de San Juan. Aquel año también había proyectos pendientes, como la construcción de un mercado de abastos y de una carretera entre el casco urbano de Criptana y los muelles de la estación.

El Ayuntamiento se había puesto manos a la obra para paliar con prontitud una de las deficiencias de la localidad entonces: la carencia de escuelas. Como se dice en el texto del reportaje, en 1910 el ayuntamiento había hecho la petición de subvención para la construcción de un grupo escolar, sin respuesta aún en 1912. En los años sucesivos, Criptana iría cubriendo poco a pocos sus necesidades escolares. Así, pocos años después, El Sol, año III, núm. 492, del jueves 10 de abril de 1919, da cuenta del siguiente proyecto:

CIUDAD REAL 9 (10,50 m.). – En Campo de Criptana se proyecta la rápida construcción de dos grupos escolares, conforme a los últimos adelantos de la Pedagogía y la Higiene. Para ello cuenta el Ayuntamiento, desde hace tiempo, con 40.000 pesetas de subvención por el Estado; pero no logra reunir las 100.000 pesetas necesarias para dicho objeto.

Escuela rural (Albert Anker, 1831-1910)

Escuela rural (Albert Anker, 1831-1910)

En 1929, la revista quincenal La Construcción Moderna, año XXVII, núm. 2, del 30 de enero (pág. 32), da cuenta de la subasta del proyecto de construcción de un grupo escolar en Criptana, con un presupuesto de 175.000 pesetas; y, según el diario La Libertad, año XV, núm. 4.214, del miércoles 20 de septiembre de 1933, se concedía una subvención de 48.000 pesetas al Ayuntamiento para una escuela graduada.

Finalmente, una reflexión. Creo que no fue una casualidad que sendos reportajes de gran amplitud sobre Campo de Criptana se publicaran en el mismo año, 1912, y con pocos días de diferencia (11 y 14 de julio) en periódicos diferentes (El Liberal y Heraldo de Madrid). Posiblemente no fue esto una mera casualidad, sino el resultado de una campaña publicitaria organizada por el Ayuntamiento, instituciones sociales e industriales criptanenses para dar a conocer las excelencias de su pueblo, una Arcadia feliz, cuyas deficiencias y problemas, de aquella época, también habría sido interesante conocer.  Sin embargo, el autor del reportaje, cual vate improvisado, se limitó a cantar alabanzas a Criptana, y no desgracias o tristezas.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO