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Las historias de amor, y de desamor, dan para escribir mucho. Son las de este tipo que he traído a este blog hasta ahora, y también es la que traeré hoy también, historias de la vida real, historias que ocurrieron muy lejos en el tiempo pero muy cerca en el espacio, en muchos casos, a pocas calles del lugar en el que hoy, domingo por la tarde, escribo este texto. Son historias reales, pero más bien parecen propias de un argumento de película o de una obra de literatura romántica. Y casi siempre, superan a la ficción. Es la de hoy una de esas historias extrañas, y tiene varios ingredientes: un matrimonio tranquilo (en apariencia) con una hija (imagen familiar modélica), una huida y un abandono, un «secuestro» y un reencuentro en el lugar más insospechado varios años después. Pocos guionistas de telenovela podrían superarlo.

La extraña historia de Sor María, como he titulado este post, se publicó en el diario La Época, año LIV, núm. 18.940, del martes 3 de marzo de 1903, y dice así:

Reclusión forzosa

Hace unos cuantos años desapareció de un pueblo de la Mancha, llamado Campo de Criptana, una señora con su hija, niña de poca edad y muy guapa, por cierto.

El marido de la señora aludida, enloquecido por el abandono en que lo dejaba su esposa, después de once años de matrimonio y de vida tranquila, salió del pueblo en busca de aquellos seres queridos.

Sus gestiones fueron infructuosas.

Cansado de hacer indagaciones por todos lados decidió volver á su pueblo, donde continuó trabajando en sus negocios, sin preocuparse para nada de su mujer y de su hija.

Cuando nuestro hombre había perdido toda esperanza de volver a ver á su hija, á los cinco años de haber abandonado sus pesquisas supo, nos sabemos como, que desde el año 1900 estaba la niña en un convento de la calle del Marqués de Urquijo, donde la llevó su madre y donde continuaba, contra su voluntad.

En cuanto el padre supo el paradero de su hija se trasladó á Madrid y presentó en el Juzgado la denuncia correspondiente.

La joven en cuestión tiene diez y ocho años, y lleva en la comunidad el nombre de sor María.

El Juzgado de Palacio, en cuyo poder obra la causa que se ha empezado á instruir, acordará la entrega de la joven á su padre.

Ésta es la historia, y, por fortuna, con final feliz, para todos, excepto para la niña, metida a monja a la fuerza. Hay huidas menos dichosas, pero mucho más movidas y divertidas. Recuerdo, por ejemplo, la de las inolvidables Thelma & Louise; y otras menos dichosas y con final trágico, como la de aquella joven Marion Crane que en su huída acabó, sin saber dónde se metía, ocupando una habitación en el fatídico motel de los horrores llamado «Bates»… y sin pensar que una triste y cotidiana ducha sería su final.

Puede que el madrileño convento citado fuese el de las Hermanas Trinitarias, pero no es seguro. En él se encuentra la Casa General o «Casa Madre» de esta orden, que fue inaugurada en el año 1889. Se encuentra en la Calle Marqués de Urquijo, 18.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO