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Ruinas Romanas (Segóbriga): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Ruinas Romanas (Segóbriga): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

El académico de la historia Antonio Blázquez recogió en una breve monografía los resultados de la exploración arqueológica que había realizado por La Mancha (entre otras regiones) en el año 1916. Recordamos que dimos los detalles oportunos en el post titulado De nuevo a vueltas con Alces y la Hidalga (1916) del 28 de febrero; entonces Blázquez pensaba haber encontrado en el paraje criptanense de La Hidalga los restos de la mítica ciudad de Alces que fue tomada por el romano Sempronio Graco en el año 180 a. de C. (según Tito Livio: Ab Urbe Condita). Recordemos, también, que una fotografía inmortalizó allí en 1917 a este académico junto con las fuerzas vivas de la localidad: el ex-diputado provincial Delfín Díaz, el alcalde, Faustino López López, y otros, como Francisco Manzanares, Domingo Miras, Jerónimo Muñoz y Restituto Díaz (véase post del 12 de febrero) titulado En busca de Alces: La exploración del académico Antonio Blázquez (1917).

La monografía, publicada junto a Claudio Sánchez Albornoz, tenía por título Vías romanas del valle del Duero y Castilla la Nueva. Memoria de los resultados obtenidos en las exploraciones y excavaciones practicadas en el año 1916 (Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, núm. 2), impresa en Madrid en 1917. En la pág. 28, Blázquez trata de nuevo la “cuestión Alces”, ciudad que, según él, no podría identificarse con la actual Alcázar, sino que estaría más bien con algún lugar del término de Campo de Criptana, y además sobre una vía romana que pasaba por sus cercanías y cuyos restos decía haber encontrado. He aquí lo que dice al respecto:

En Campo de Criptana, por el contrario, tuvimos la suerte de hallar restos de la vía y de la población, no debido a nuestro acierto, sino a la buena voluntad e inteligencia del alcalde don Faustino López y de otros señores de la localidad, a quienes guardamos profundo reconocimiento, pues avisada la visita al primero de dichos señores, cuando llegó el Delegado-Director ya habían recorrido todo el término, anotando hasta los más leves vestigios de camino y ruinas, y por esto pudo examinar muchos y muy variados sitios y objetos. El camino que corresponde a la vía romana es, como todos los de aquella época, ancho y firme, y está empedrado a trechos bastante visibles, aunque en algunos el empedrado haya sido reforzado modernamente.

Procede de las inmediaciones de Argamasilla de Alba y pasa cerca de los arenales de La Moscarda, aldea hoy floreciente por la labor constante e inteligente de los habitantes, que han aprovechado la tierra y la explotan con esmero e inteligencia. Por esta razón hoy no se ven por allí rastros.

Pasa la vía al Oeste del Campo de Criptana, ascendiendo a los cerros que se prolongan hacia el Norte y llega al santuario o villa de Villajos, poblado de la Edad Media, con inmediatos aljibes, restos de paredones y una edificación antigua que a primera vista puede parecer romana, de las cuales acompañamos la fotografía correspondiente a la puerta principal de la edificación ruinosa inmediata a la ermita, siendo de advertir sus grandes proporciones, pues mide 4,20 metros de luz.

Continúa Blázquez hablando de los hallazgos arqueológicos en Villajos y en la laguna de Salicor, pero eso es otra historia de la que hablaremos en otro momento.

Blázquez incluye en esta publicación un mapa, algo tosco, trazado a mano, de las vías romanas en La Mancha (pág. 53). Una de ellas viene directamente de Argamasilla de Alba, pasa por el costado occidental del casco urbano de Campo de Criptana y continúa hacia el norte hasta la laguna de Salicor, para llegar a Quero. Cerca de esta laguna, aparece un pequeño punto, con la anotación “ALCE”, signo inequívoco de que Blázquez situaba allí los restos de esta ciudad.

Conviene recordar que Antonio Blázquez, con motivo de la conmemoración del tercer centenario de la publicación de El Quijote, leyó una conferencia en la Real Sociedad Geográfica de Madrid el 9 de marzo de 1905, y que Campo de Criptana estaba muy presente en ella. Véanse al respecto dos posts publicados en este mismo blog: Cervantes y la Hermandad de los Treinta Caballeros de Campo de Criptana (siglo XVII), del 26 de enero de 2012, y De nuevo sobre la Hermandad de los Treinta Caballeros: Antonio Blázquez (1905) y las Relaciones Histórico-Geográficas de Felipe II (1575), del 14 de marzo del mismo año.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO