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San Eloy en su taller (Petrus Christus, 1449)

San Eloy en su taller (Petrus Christus, 1449)

El cronista de Córdoba, Rafael Ramírez de Arellano, en su Estudio sobre la historia de la orfebrería toledana, publicado en Toledo en el año 1915, nos da noticias en la pág. 318 sobre dos orfebres apellidados Moya, quizá padre e hijo, de Campo de Criptana. Ambos debieron de vivir a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, y realizaron sus trabajos para cofradías de Toledo. La información de Ramírez de Arellano procede de documentación del Archivo Histórico Nacional. He aquí la noticia sobre los dos orfebres según este autor:

Moya (Ezequiel de), Vecino del Campo de Criptana; escribió a la Cofradía de Toledo pidiendo que se le admitiese de aprendiz, y se dió cuenta al Cabildo en 24 de Junio de 1786, sin que conste lo que se resolvió. Es distinto y tal vez hijo del que sigue.

Moya (Ezequiel Angel de). Natural del Campo de Criptana y discípulo, en Madrid, de D. Manuel Antonio Rodríguez y D. Juan de la Cuerda. Pidió aprobación a la Cofradía de Toledo en 2 de Febrero de 1783, y se le admitió el día 9, después de examinarle Bernardino López y Manuel de la Plaza. Se le mandó que hiciese marca y la depositase en el Ayuntamiento de Toledo, porque estando muy lejos Criptana, donde iba a abrir la tienda, no podía ir el contraste a marcar la obra que hiciese.

Hay pocas noticias más sobre estos personajes. Un «Ezequiel de Moya», que no sabemos si se puede identificar con el orfebre criptanense, aparece citado en la lista de suscriptores de la «nueva edición» de El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha, de Juan Antonio Pellicer, parte segunda, tomo II, de la imprenta de Gabriel de Sancha en Madrid (1798), pág. 472.

Y finalizo con unos breves comentarios sobre algunos términos aquí aparecidos. El primero es «orfebre». Aparece recogido por primera vez en el Diccionario de la Lengua Española en la edición de 1899 (pág. 718, 2). Procede de la expresión latina auri faber, «el que trabaja el oro» o «el que hace trabajos de orfebrería», aunque quizá entró en el español por mediación del francés orfèvre. Con el término «orfebrería» se designaba originalmente el trabajo del oro o de la plata; posteriormente se extendió también al trabajo de otros metales, a veces menos nobles. El cliente tradicional de los orfebres ha sido en España la Iglesia, como ocurrió también con los Moya. Ellos proveían todos los elementos necesarios para el culto  (cálices, custodias, portapaces, etc.), generalmente hechos de metales nobles. El segundo término es «contraste», que designa aquí, según el DRAE, al «hombre que ejerce el oficio público de contrastar», es decir, de «comprobar y fijar la ley, peso y valor de las monedas y de otros objetos de oro y plata, y sellar estos últimos con la marca del contraste cuando ejecuta la operación el perito oficial».

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO