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El Diario de Madrid, o Diario de Avisos de Madrid, como también era conocido, fue una curiosa publicación periódica del siglo XIX. Incluía información de muy variada naturaleza consistente especialmente en avisos oficiales, edictos, órdenes, convocatorias varias y anuncios de sociedad. Tenía secciones fijas, como la de remitentes de correo cuyas cartas no habían llegado a su destino por deficiencias de franqueo, horarios de funciones y cartelera de los teatros, horarios de diligencias, publicidad de fondas y también Ocurrencias de la Capital. Precisamente en esta sección del citado diario, del 4 de abril de 1845 (pág. 4), encontramos varios listados de personas que serían expulsadas de Madrid por vagas y maleantes. Los listados se organizaban por comisarías correspondientes a cada barrio, y corría a cuenta de los celadores respectivos su confección. En el correspondiente a la «Cuarta comisaría», de las Vistillas, encontramos a una criptanense entre estos presuntos vagos y maleantes, que habían sido encarcelados:

Cuarta comisaría. – Vistillas.

Por los celadores dependientes de la espresada han sido puestos en la cárcel nacional de Villa á disposición del Excelentísimo señor gefe superior político de la provincia, para su expulsion de esta corte y conduccion por transitos de justicia á los pueblos de su respectiva naturaleza, por vagas y de malos antecedentes, las personas siguientes….

Se ofrece a continuación el listado de estas personas, siendo la última la citada Bernarda Alberca, «natural de Campo de Criptana».

No sabemos exactamente los cargos por los que esta criptanense fue imputada; quizá no llevaba una vida muy ordenada en la Corte. Lo cierto es que poco se puede decir sobre esta mujer excepto lo expresado en el aviso, puesto que no parece haber más datos sobre ella. Tal procedimiento seguido contra estas personas recuerda mucho a la ley que se publicó menos de cien años después, en 1933, la llamada «Ley de vagos y maleantes» que permitía reprimir sin garantías legales a vagabundos, nómadas, proxenetas y, desde 1954, también a homosexuales. Aunque parezca mentira, tal ley estuvo vigente hasta una fecha tan reciente como 1970, en que fue sustituida por la «Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social», que, bajo un nombre aparentemente más garantista, era tan arbitraria como la anterior.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO