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El post de hace unos días estuvo dedicado a las ferias y fiestas de Campo de Criptana en el año 1948. Hoy retrocederemos aún más en el tiempo y nos iremos al año 1916, y veremos cómo fueron aquel año estas ferias y fiestas en honor al Cristo de Villajos: todo un éxito, según la información que publicó el periódico de Ciudad Real, El Pueblo Manchego, año VI, núm. 1.700, del jueves 14 de septiembre de 1916. He aquí la reseña:

Con la animación y regocijo de años anteriores se han celebrado los días 2, 3, 4 y 5, las ferias y fiestas de esta villa en honor de su Escelso (sic) Patrono el Santísimo Cristo de Villajos.

El día 2, á las ocho de la noche, se celebró en la iglesia parroquial un Te Deum á toda orquesta por la que dirige el reputado maestro D. Bernardo Gómez. A continuación se quemó una vistosa colección de fuegos artificiales en la Plaza del General Espartero, amenizando el acto la banda de música.

El día 3 se repartieron cien suculentas raciones para los pobres necesitados de la localidad. También se celebraron divertidas cucañas en la Plaza de la Constitución y por la tarde gran concierto musical en el kiosco del mismo lugar, por la brillante banda de esta villa, dirigida por el experto maestro D. Saturnino González.

Los días 4 y 5 se celebraron divertidas carreras de cintas en bicicleta y à caballo, siendo triunfador de estos últimos, el afamado veterinario de este pueblo Sr. Herreros, que una vez más demostró su pericia é inteligencia de buen ginete, obteniendo de premio un caprichoso regalo.

El día 5, último de feria, se celebró con gran concurrencia de gente, la despedida del Santísimo Cristo, siendo la procesión un acto de gran solemnidad, donde acudió todo hijo de Criptana á despedir a su Santo Patrono, que era trasladado a su ermita. Las calles de la Soledad y del Cristo, por donde pasó la procesión, estaban engalanadas y llenas de gente.

Como he dicho el acto resultó grandioso.

En el Teatro Cervantes ha trabajado la compañía de Zarzuela y Opereta de «Ruano Puig», que ha sido objeto de grandes elogios, teniendo que dar ademas de las funciones de ferias, dos funciones mas, pedidas por muchísimas personas que acudieron a los señores empresarios y fueron atendidos al momento, no olvidándome dar a dichos señores mi cordial felicitación por la buena atención. Ademas hubo sesiones de cine al aire libre en la Plaza del General Espartero, estando concurridísimo el espectáculo, por la buena voluntad con que se dá.

Celebramos que haya transcurrido la feria sin el menor incidente, quedando todos satisfechos y ahora cada cual a su trabajo y a conservar la salud para el año venidero.

EL CORRESPONSAL. – 12-9-1916

Las fiestas comenzaron, como era costumbre en aquella época, el primer sábado del mes de septiembre, es decir, el día 2 de septiembre, y se prolongaron hasta el martes 5. Los escenarios de los actos parece que fueron dos: la plaza del General Espartero y la Plaza de la Constitución, es decir, las actuales Plaza del Pozohondo y Plaza Mayor. Las fiestas comenzaron con el habitual Te Deum con acompañamiento de orquesta y siguieron con los fuegos artificiales; luego hubo otras actividades, como las cucañas, las carreras de cintas en bicicleta, etc. Y no faltaba en aquella época la atención a los más pobres. En los actos musicales se citan dos directores de música: el ya conocido en este blog Bernardo Gómez, y Saturnino González. Y, por supuesto, el quiosco de la plaza se convertía en aquellas fechas del año en epicentro de la actividad musical. Tampoco faltaron el cine, al aire libre, que en el año 1948 ya se celebrara en la Plaza Mayor, pero en este de 1916 tenía lugar en el actual Pozohondo, ni los espectáculos en el Teatro Cervantes, en este caso con una compañía de zarzuela y opereta. Hay que señalar que, a las sesiones de cine se iba con silla propia. Por cierto, también la Plaza del Pozohondo era la ubicación habitual de los circos que, de vez en cuando, pasaban por Criptana.

Plaza del Pozohondo. Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2006)

Plaza del Pozohondo. Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2006)

Es ahora el momento de penetrar en las penumbras de la nostalgia del pasado y hacer un breve repaso de algunas cosas que hubo en Campo de Criptana y ya no hay. Por supuesto, creo que merece la pena insistir en que ya no existe el quiosco de la plaza y que el Pozohondo ha cambiado mucho, no del todo para bien. Ahora, esos pozos que fueron abrevadero de tantos viajeros, sólo tienen utilidad ornamental; ya no cruza la Plaza del Pozohondo aquel arroyo sempiterno, que ni siquiera en los años de mayor sequía estuvo falto de agua; no está la casa monumental que cerraba el lado oriental de la plaza. Permanece aún, eso sí, aquella enorme casa de tres plantas y varias líneas de balcones y ventanas, en la esquina con la calle del Convento. Y permanece aún, después de haber asistido a celebraciones como la que narramos hoy, impasible ante el paso del tiempo. Me pregunto qué pasaría, si las casas hablaran y nos contaran todo lo que han visto, en tantos años. ¡Y cuántas cosas nos contaría esa casa!

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO