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La comida: Óleo de Diego de Silva Velázquez (1619). Szépmüveszeti Múzeum (Budapest)

La comida: Óleo de Diego de Silva Velázquez (1619). Szépmüveszeti Múzeum (Budapest)

Son muchas las obras literarias del siglo XIX en que se encuentran referencias a Campo de Criptana. Ya en un post anterior, hablé de la presencia de Criptana en obras de ficción de esa época. En ese caso, la fama la traía el queso criptanense, que de tan bueno y célebre que debía de ser, no faltaba en ningún menú de postín. Hoy traigo otro ejemplo de la aparición de Campo de Criptana en una obra literaria, en este caso la novela Vida y hechos de Gil Pérez de Marchamalo,de Juan Federico Muntadas (Madrid en el año 1866 en la imprenta de Rivadeneyra ),  una versión decimonónica de un pícaro ya en edad  suficiente como para hacer un repaso de una existencia turbulenta sometida a los vuelcos de la fortuna.

La referencia a Campo de Criptana se encuentra en el tomo I (págs. 249-250), donde se reproduce una conversación de varios personajes variopintos con un gobernador y un comandante. Uno de ellos toma la palabra en un momento dado y narra al gobernador una historia ficticia de su pasado, con una taberna de Campo de Criptana como escenario:

… Aquí donde V. S. me ve, soy un hombre de bien, si los hay en el mundo; con perdon de V. S., he sido esquilador y tabernero. En mi taberna se reunía lo mejor del pueblo; treinta años he vivido en el campo de Criptana, sin que nadie tuviera que hablar la más pequeña cosa de mí; ¡con decir que no he sabido cómo se le echa agua al vino ni cómo se venden sisados los cuartillos! Al que no le viene de abenicio (es decir, ab initio) no aprende esos malos juegos. Y como le contaba á su reverencia, una tarde estaban en mi taberna varios amigos, entró el perdonavidas Juan Pelucho, alias Guisante, pidió un cuartillo de vino, se lo di, bebió, pidió mas, siguió bebiendo, y cuando menos lo esperábamos, arrojó el vaso al suelo, y tartamudeando y cayéndose, me dijo: «¡Qué poco vino tiene esta agua!» ¿No es verdad, señor, que si esto hubiera sido cierto, no se le hubieran trabado la lengua ni enredado los piés? El agua no se suba á predicar. Pues, como iba diciendo, el Guisante me insultó de muy mala manera, y yo detrás del mostrador, quieto que quieto; me llamó perdido, hijo de malos padres, cuatrero, animal, y yo con mi santa paciencia; pero me llamó comediante, équis y exorcista, y me acaloré; le eché una jarra á la cabeza, y sin querer, le di en la sien, y cayó sin decir: «Esta boca es mía».

Juan Federico Muntadas Jornet (1826-1912), autor de esta novela, fue descendiente del industrial catalán Pablo Muntada, quien compró el Monasterio de Piedra cuando fue desamortizado. Fue él quien sentó las bases del futuro turístico de este paraje único y en él pasó largas temporadas una vez retirado de la política. Además de la citada novela escribió un canto épico, titulado La Batalla de Bailén  (1851), una obra de teatro (Boadicea: drama heroico en tres actos y un verso, 1853), y una colección de refranes en verso (Cien refranes en variedad de metros, 1900).  La Biblioteca Nacional conserva una colección de cartas suyas a Francisco A. Barbieri (1870).

 JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO