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En los posts anteriores traté sobre siniestros relacionados con el ferrocarril ocurridos en el término de Campo de Criptana. Hoy cambiaré la ubicación geográfica de estas historias: me centraré en dos casos publicados en la prensa en los años 1908 y 1922, que ocurrieron en otras localidades, aunque las víctimas fueron criptanenses. Uno de ellos fue arrollado por el tren; el otro, al parecer, se arrojó del tren. He aquí las breves noticias sobre estos sucesos:

 

1908. El Liberal, año XXX, núm. 16.328, del viernes 31 de enero:

Arrollado por el tren.

Aranjuez 30 (11 m.). – Cesáreo Ortega Lara, de veintiséis años, jornalero, vecino del Campo de Criptana, fué arrollado anoche por el tren de mercancías en la estación de Huerta, hallándose dormido sobre la vía. Está gravísimo.

 

1922. El Castellano, del 21 de septiembre:

Huerta.- Cadáver identificado

HUERTA DE VALDECARÁBANOS. Ha sido identificado el cadáver del viajero que se arrojó del tren mixto de Alicante, en el kilómetro 83 de la vía férrea de M. Z. A., resultado ser el de José Mendo Lazcano, de diecisiete años, natural y vecino de Campo de Criptana (Ciudad Real)

Ambos sucesos tuvieron lugar en la estación de Huerta de Valdecarábanos, actualmente cerrada. Tiene esta estación un encanto especial. Tiene un entorno paisajístico especialmente hermoso; tierras rojas, pequeñas arboledas aquí y allá. Parece dormida esta estación en el tiempo; recorrerla con la vista nos retrotrae en el tiempo, a otra época, a aquellos tiempos dorados del ferrocarril en España. Hoy, los alrededores de esa estación son una completa decadencia; quedan sólo antiguas bodegas ruinosas, pero aún gallardos recuerdos de épocas mejores. También la estación de Criptana tuvo épocas mejores, pero todo aquello se acabó hace mucho, mucho tiempo, antes de que se cerrara de forma inexplicable y se abandonara a la ruina. Hoy ya no es esta estación ni sombra de lo que fue y, posiblemente, ya nunca más lo será. No hay nada más triste para un pueblo que ver cómo algunas de sus cosas van hacia atrás y que aquello que se tuvo, ya no se tiene, por puro desinterés y dejadez.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO