Etiquetas

, , , , , , , , , , , ,

No, no voy a hablar de Shakespeare. Pero me venía bien el dicho shakespeariano para este post, y la explicación a esto, que podría parecer un vano capricho, la veremos más abajo. De nuevo voy a hablar de la Biblioteca Municipal «Alonso Quijano» de Campo de Criptana, y la oportunidad me la ofrece un artículo, muy extenso, al que ya he hecho referencia en alguna ocasión, publicado en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, IV época, año IV, tomo LVI, Madrid 1950 (pág. 192). No hay nada como leer este artículo para apreciar cuánto esfuerzo costó tener una biblioteca digna en Campo de Criptana, y qué poco esfuerzo se ha puesto en los últimos tiempos para que esta biblioteca no se vaya al traste. Hace años, muchos años, que el desinterés, la dejadez y el abandono de la autoridades han ido haciendo mella en esta biblioteca; por ello, hoy no es lo que tendría que ser o lo que merecería ser para un pueblo de esta entidad y para haber tenido una historia tan larga y rica en acontecimientos, en aquellos tiempos de esplendor en que el bibliotecario poeta, José Antonio Sánchez Manjavacas,  puso todos sus desvelos en ella. El artículo al que haré referencia comienza haciendo un breve balance de la corta historia de la biblioteca con la retórica propia de la época: desde su fundación en 1941, con cuatrocientos volúmenes, hasta ese año 1950. Fueron años de dificultades, pero la biblioteca salió a flote, y trajo a Criptana la mayor riqueza que puede tener una sociedad: los libros, la lectura, la posibilidad de volar con la imaginación, de recrear otros tiempos y mundos, y de meterse en la piel de mil y un personajes. He aquí lo que dice el comienzo de este texto:

Una pequeña muestra de la inmensa tarea emprendida por el Ministerio de Educación Nacional, a través de la Junta de Adquisición y Distribución de Publicaciones, es esta biblioteca, creada en el año 1941 en el centro geográfico y espiritual de la Mancha secular, en Campo de Criptana, la villa manchega más blanca y limpia, famosa por aquellos descomunales gigantes inmortalizados por el Príncipe de los Ingenios. A la sombra de estos molinos se instalaron en el año 1941, en la Fiesta del Libro, los primeros cuatrocientos volúmenes que envió la Junta como lote de fundación.

Con la paz, y al mismo tiempo que empezaba la reconstrucción material, se inició esta labor de reconstrucción espiritual, utilizando como instrumento más eficaz la difusión del libro, por medio de las bibliotecas públicas municipales, a las que los ayuntamientos aportan únicamente el local y el mobiliario, además del personal encargado, y la Junta facilita libros en sucesivos lotes de ampliación, ofreciendo además un seguro y eficaz medio de duplicar las adquisiciones que las bibliotecas puedan hacer con las aportaciones de los ayuntamientos, donativos u otras fuentes de ingresos.

No se pasa rápidamente y sin esfuerzo de un estado a otro. Así no puede decirse que ha sido fácil llegar a la actual situación de la biblioteca de Campo de Criptana; pero teniendo en cuenta el escaso tiempo que lleva instalada y que el camino emprendido se ha seguido paso a paso; considerando que toda biblioteca, en su moderna concepción, no debe que dar reducida a ser un depósito de libros, mejor o peor cuidados, más o menos amplio, sino algo vivo y necesario para el núcleo de población en el que se halla enclavada; no contando su importancia únicamente por el número de volúmenes en sus estantes acumulados, sino por el número de lecturas realizadas, es decir por su verdadero funcionamiento, creemos que la Biblioteca «Alonso Quijano» de Campo de Criptana va cumpliendo su misión de exaltar el espíritu de los lectores con las calladas voces de los libros.

«To be or no to be», es decir, «Ser o no ser», como esencia de autenticidad. La cultura es o no es; no hay medias tintas. La cultura es buena o es mala, y tampoco hay medias tintas, y no hay sobre ello posibilidad de absurdos relativismos. El sentido de ser de una biblioteca es ser un santuario de libros, un sancta sanctorum, el principal tesoro para una sociedad y para su cultura. Lleva razón el artículo al decir que una biblioteca no es un mero depósito de libros; es algo más. Una biblioteca necesita lectores que den vida a sus libros, igual que el ser humano necesita respirar.

Lo que no necesita una biblioteca, de ningún modo, es un centro de internet, profanación intolerable de un mundo que tendría que ser exclusivo de los libros. Posiblemente, éste sea el último de los muchos golpes que ha venido sufriendo la Biblioteca Municipal «Alonso Quijano» de Campo de Criptana. Posiblemente, éste sea el golpe definitivo, el de gracia, que acabará convirtiendo lo que en otro tiempo fue imperio exclusivo de libros, en todo menos en una biblioteca. Y no puedo dejar de lamentar que aún se sigan adoptando decisiones inexplicables como ésta que contribuyen de forma tan negativa a la promoción de la lectura y, por ende, de la cultura. «To be or no to be. That’s the question».

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO