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Marcha Fúnebre de Sigfried (Serie "El Ocaso de los Dioses", de R. Wagner): Dibujo a tinta de José Manuel Cañas Reíllo (1996)

Marcha Fúnebre de Sigfried (Serie «El Ocaso de los Dioses», de R. Wagner): Dibujo a tinta de José Manuel Cañas Reíllo (1996)

Volvemos hoy a la Biblioteca Pública Municipal «Alonso Quijano» de Campo de Criptana. «To be or no to be», es decir, «ser o no ser», no con una calavera en la mano, sino pensando en un ejemplo práctico: lo que se es o lo que no se es. Y vuelve a mi mente de nuevo la conocida frase hamletiana, porque, bien mirada, la historia de esta biblioteca en los últimos años se asemeja a una tragedia shakespeariana. También me recuerda a una ópera wagneriana; quizá el final de la tetralogía del Nibelungo, aquel mítico y majestuoso final del Ocaso de los Dioses (Götterdämmerung): trágico, teatral y apoteósico, pero final al fin y al cabo; o el de Tristán e Isolda, ópera en la que muere hasta el apuntador.

Tan larga y teatral introducción a este post, que algún lector puede ver injustificada, superflua o absurda incluso (lo que me resultaría comprensible), tiene una justificación. Hela aquí. Esta biblioteca no es lo que debería ser. Esta biblioteca se muere lentamente, como muere un personaje de teatro o de ópera condenado por el destino, abandonado de todos, olvidado de todos, dejado a su propia suerte, sin remedio; y se muere esta biblioteca como se muere también la «Cultura» criptanense, «Cultura» con mayúsculas, reemplazada por sucedáneos barateros de estos nuevos tiempos sin ideas. Esta biblioteca lleva años languideciendo, más convertida en almacén de libros que en lo que debería ser: un continuo ir y venir de lectores ávidos de libros, lectores que den vida a esos libros.

El lector comprenderá las razones que tengo para decir esto con lo siguiente: basta comparar lo que fue hace muchos esta biblioteca y lo que es ahora. Y para ello traigo un ejemplo de 1947. Es la celebración de la fiesta del libro en Campo de Criptana, como primer acto de la conmemoración del IV Centenario del nacimiento de Cervantes en ese año. Se hizo reseña de esta celebración en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 4ª época, año IV, tomo LVI, 1950 (págs. 194-195), y dice así:

La visita del ilustrísimo señor director general de Archivos y Bibliotecas y del secretario de la J. A. D. P., señor Tolsada, da lugar para celebrar solemnemente la Fiesta del Libro, como primer acto del IV Centenario de Cervantes. En septiembre, la biblioteca hace una tirada especial de tarjetas en homenaje a Cervantes, que se envían el día en que se utiliza el matasellos de los molinos de viento, exclusivo para Campo de Criptana. Y es en octubre cuando tiene lugar el ciclo de conferencias cervantinas, en el que intervienen don Francisco Serrano Anguita, don Carlos Calatayud Gil, del Instituto «Maestro Juan de Ávila»; el profesor Walter F. Starkie, director del Instituto Británico, y don José Mª Martínez Val, director del Instituto de Estudios Manchegos, constituyendo un éxito rotundo. También en este año 1947, se agrupan unos pocos lectores constituyéndose la Sociedad de Amigos del Libro y de la Biblioteca, editándose por su cuenta un pequeño folleto en homenaje a Cervantes con diversas poesías de autores locales. Y la biblioteca dedica también otro recuerdo a los molinos de viento, únicos supervivientes de todos los personajes del libro inmortal, editado en varias lenguas, y que se envía principalmente a personalidades e hispanistas del extranjero. Es en ese año cuando se da a la biblioteca el nombre de «Alonso Quijano», dibujando su ex-libris el conocido artista Antequera Azpiri.

Por supuesto, todo esto fue por obra y gracia del entonces director de la biblioteca, José Antonio Sánchez Manjavacas. Entre los participantes en esa conmemoración, encontramos lo mejor de la cultura de la época. Francisco Tolsada, que también fue colaborador en el programa de Semana Santa publicado en Campo de Criptana en el año 1949. El sevillano Francisco Serrano Anguita (1887-1968), periodista y escritor de teatro que publicó a menudo con el pseudónimo de «Tartarín» y fundó, junto a Eduardo Marquina, la Sociedad General de Autores. Carlos Calatayud Gil, persona influyente en la cultura de la época, fue director del Instituto de Estudios Manchegos. De Walter F. Starkie (1894-1976) poco más podemos decir además de lo dicho ya en este blog. Este irlandés viajó en los años treinta por España y estuvo también en Campo de Criptana. Resultado de estos viajes fue su libro Don Gypsy: Adventures with a Fiddle in Barbary, Andalusia and La Mancha (1936). No se puede pedir más brillo y relumbrón para una conmemoración cultural de verdad. Finalmente, hablemos del autor del ex-libris de la biblioteca, Pedro Antequera Azpiri (1892-1975). Fue un conocido pintor, dibujante, caricaturista y escritor, que mantuvo una estrecha colaboración con ABC y Blanco y Negro.

Comparemos, pues, aquello y lo de ahora.

Por aquel entonces se puso este nombre, tan digno y que tan bien suena a la biblioteca, «Alonso Quijano», como no podía ser de otra manera en uno de los pueblos más cervantinos y quijotescos de La Mancha. Suerte que fueron aquellos tiempos. No quiero ni pensar que nombre se le habría puesto hoy, viendo cómo están las cosas.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO