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¿Qué no harían algunos para aprobar un examen sin estudiar? Hoy harían todo, especialmente en una época en que el ingenio y la inventiva que tendrían que dedicarse a hincar los codos, se dedica a indagar trampas para ahorrar el trabajo y esfuerzo al que un estudiante está obligado, es decir, a estudiar. Posiblemente vengamos de una época en que había quien pensaba que todo se podía comprar, con dinero: coches de lujo, artículos innecesarios, voluntades, prestigio, honra, honor… un aprobado en un examen. Pero, por fortuna, todo no se puede comprar con dinero. Hay cosas que aún no están a la venta; otro asunto es la inmensa e ilimitada posibilidad de autoengaño que es capaz de generar el ser humano con tal de conformar su débil autoestima.

La sabiduría y el saber no se pueden comprar, por mucho que se quiera pagar. Es imposible. Afortunadamente, la sabiduría y el saber son personales e intransferibles y sólo se consiguen con trabajo y esfuerzo, y tiempo, mucho tiempo; cuando el que los posee muere, se los lleva consigo a la tumba. «Poderoso caballero es don dinero», pero, para consuelo, no todo lo puede, y nunca podrá hacer al imbécil inteligente, ni al insensato sensato, ni al inmoral moral, ni al corrupto recto. A pesar de todo, en aquellos olvidados años de vacas gordas de escandaloso despilfarro (no lo olvidemos, también hubo entonces pobres), no hace mucho, había quien creía que, incluso esto se compraba, igual que un coche de lujo, un cargo o un puesto de trabajo en el que el trabajo consistía en no hacer nada a cambio de un sueldo. No es cierto, por ello, aquel dicho famoso de que el dinero vuelve a la gente tonta; habría que decir más bien que el dinero descubre a los tontos, y los descubre mucho. Y no hay nada más ridículo que un tonto rico.

Hoy traigo un ejemplo que tiene mucho que ver con lo dicho. Es un caso que resultó entonces curioso, por estrafalario: una suplantación en un examen; el suplantado tenía necesidad de un título de licenciado en Derecho; si no lo conseguía, perdía un herencia. El suplantador fue un criptanense que tenía, posiblemente, necesidad de dinero, y a cambio de dinero hizo lo que no es lícito. El caso se publicó en el periódico La Correspondencia de España, año LXVII, núm. 21.500, del domingo, 24 de diciembre de 1916, mientras Europa ardía en llamas en la Primera Guerra Mundial. Dice así la noticia:

O abogado, ó nada

Se queda sin título y sin herencia, y lo meten en la cárcel.

VALLADOLID. (Sábado, tarde). Ha ocurrido en esta Universidad el siguiente curioso suceso:

Agapito Ferrera Juanes, de veintiséis años, soltero, natural de Villanofar (provincia de León), tenía necesidad de obtener el título de abogado antes del día 31 del mes actual.

Un ascendente suyo había instituído en su favor un legado de 75.000 pesetas.

Para entrar en posesión de la herencia era condición indispensable que se hubiese licenciado en Derecho antes de la fecha indicada.

Así lo había dispuesto terminantemente el testador, y había que cumplir por fuerza el requisito. De lo contrario, la herencia se esfumaba.

Había, pues, que licenciarse á todo trance.

Apremiaba el tiempo. Solicitó y obtuvo del ministro de Instrucción pública una real orden concediéndole, por tratarse de un caso excepcional, exámenes extraordinarios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid.

Sobre los profesores cayó una verdadera lluvia de influencias á favor de Agapito Ferrera. Este había abonado 700 pesetas, importe de matrículas y derechos de exámenes.

Constituído el Tribunal, compareció el examinando. Pero muy pronto se averiguó que éste no era Agapito Ferrera, sino un amigo suyo, Moisés Velasco Villajos, natural de Criptana (Ciudad Real), vecino de Madrid, con domicilio en la casa número 20 de la calle del Noviciado, de esa corte.

Velasco, mediante 5.000 pesetas, de las que había recibido á cuenta 2.000, se comprometió á sacar de puros á Ferrera.

Una vez descubierta la superchería, ambos jóvenes han ingresado en la cárcel, á disposición del Juzgado, que instruye las correspondientes diligencias.

Agapito, decididamente no será abogado el día 31 de diciembre.

La ocurrencia ha sido objeto de grandes comentarios.

La misma noticia se publicó, pero en catalán, en el diario El Poble Català,año 13, núm. 4287, del 24 de diciembre de 1916.

Al final, los tramposos tuvieron su castigo. Fueron condenados a dos meses y un día de arresto mayor y multa de 125 pesetas (Jurisprudencia Criminal, Madrid 1919, pág. 85) El examinando perdió lo que había pagado por el examen, el soborno al criptanense y la herencia. Bien pensado, sin embargo, no es mala idea poner una de esas cláusulas en un testamento. Es un excelente modo de fastidiar a descendientes vagos. ¡Cuántas cosas podría haber hecho Agapito Ferrera con 75.000 pesetas! Por ejemplo, asistir a la cena de Nochebuena que organizaba aquel año el Hotel Palace, de Madrid, que llevaba sólo cuatro años abierto. El mismo periódico citado inserta la publicidad sobre el acontecimiento que tendría lugar esa misma noche:

PALACE HOTEL

Domingo 24 diciembre

Cena de Nochebuena

Desde las diez

Cubierto, 10 ptas., sin vino

Tómbola. – Cotillones .- Baile.

Sírvase reservar las mesas con anticipación

Teléfono 3.676

Respecto a Moisés Velasco Villajos, encontramos una breve nota relativa a las decisiones de la Comisión Mixta de Reclutamiento, en la sesión del 6 de mayo de 1911, que publica el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, año 1911, núm. 239, del sábado 7 de octubre. Velasco Villajos aparece en el reemplazo de 1911 (Buenavista), con núm. 146, siendo declarado «Soldado condicional, comprendido en el caso 10 de art. 187».

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO