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Los años treinta y cuarenta del siglo XIX fueron de una gran inseguridad e inquietud en La Mancha. Bandoleros, asesinos, ladrones, cuatreros y muchas más gente de mal vivir asolaba con sus correrías los pueblos de la comarca y sus casas de campo, asesinando y robando casi con total impunidad. Ya en un post anterior, titulado Crónica de un secuestro en Campo de Criptana (1839), di cuenta de la imagen que se ofrecía de la comarca en el diario Eco del Comercio, nº 1948, del 31 de agosto de 1839:

SOLANA (Mancha) 26 de agosto.- La provincia está totalmente infestada de desastrosos asesinos que en grupos del mas pequeño número la corretean por donde quieren, llevando tras si la desolacion, el robo, la violacion y la muerte.

Return of the Horse Thieves. Acuarela de Charles Marion Russel (1900)

Return of the Horse Thieves (Regreso de los ladrones de caballos). Acuarela de Charles Marion Russel (1900)

Fue en este contexto cuando se produjo, ese mismo año, el secuestro de José Vicente Baíllo. Recordemos también que, unos años antes, había tenido lugar un breve acontecimiento de enfrentamiento armado en el santuario del Cristo de Villajos, tal y como se narra en el post titulado Asedio al santuario del Cristo de Villajos (Campo de Criptana, 1835). Hay que sumar a estas acontecimientos otro, sucedido en 1844, que nos narra el periódico militar oficial El Boletín del Ejército, núm. 163, del 17 de junio. Da cuenta esta información de la actuación de grupos de cuatreros en el término de Campo de Criptana, del siguiente modo:

A D. Valentín Figueroa, vecino y propietario de la villa del Campo de Criptana, provincia de Ciudad Real, partido de Alcázar de S. Juan, le fueron robadas por cuatro jitanos (sic), después de haber herido á sus criadas con golpes de una escopeta y palo, las caballerías siguientes, en su casa de labor estramuros.

Un macho, pelo negro, castaño, edad seis años, alzada como dos dedos, herrado en el hocico con una S grande.

Una mula castaña clara, edad cuatro años, alzada de cuatro á cinco dedos, herrada en el hocico con una O y una cruz sin cabeza sobre la O y una S grande en un brazo de la cruz.

Otra negra, mohina, de edad de tres años, alzada de cinco ó mas dedos, herrada en el hocico con una s pequeñita.

Otra roja encendida, edad tres años, alzada de cuatro á cinco dedos.

A José Lopez Ucendo, y á un hijo de Andres Rodríguez, jornaleros, les fueron robadas tres burras por los mismos jitanos (sic), en el mismo punto, día y hora que arrebataron las yuntas de labor.

En esta noticia aparecen algunos términos que requieren explicación. Aquí el uso de «alzada» puede tener un carácter especializado en medios veterinarios. En su uso general, «alzada» puede equivaler a «altura, elevación o estatura»; aplicado a caballos y a otros cuadrúpedos, la «alzada» es la «altura del caballo… medida desde el rodete del talón hasta la parte más elevada de la cruz» (RAE). Esta alzada se mide en este texto con el «dedo», medida de longitud antigua que equivalía a 17,41458 mm; diez dedos formaban un palmo, y seis dedos un coto. El término «dedo» está recogido en el Diccionario de la Lengua Castellana de 1732 (pág. 44,2):

En las medidas es una de las quarenta y ocho partes en que se divide la vara Castellana.

Encontramos en este texto otro término que precisa explicación: «mohina». La definición que da el Diccionario de la Lengua Castellana de 1734 (pág. 588,2) es la siguiente:

MOHINO. Se llama también el macho, ò mula hijo de caballo y burra, segun Covarr. que dice, que regularmente tienen el hocico negro, señal de maliciosas o falsas, por lo qual suele aplicarse también à cualquier caballeria falsa.

Cómo era por aquel entonces Campo de Criptana, nos lo cuenta el testimonio de Francisco de Paula Mellado (ca. 1810-1870) en su España geográfica, histórica, estadística y pintoresca. Descripción de los pueblos más notables del reino é islas adyacentes… (Madrid 1845), pág. 319. Tenía por aquel entonces Criptana 1.480 vecinos y 5.690 habitantes; tenía administración de rentas, una parroquia, un hospital, un pósito y, hasta hacía poco, también un convento de frailes. En la quinta de 1844, año en que ocurrió el robo de las caballerías de Figueroa, entraron en suerte 207 jóvenes criptanenses de 18 a 24 años. Criptana producía, anualmente, 11.000 fanegas de granos y legumbres, 2.500 arrobas de aceite y 6.000 de vino, y, por aquel entonces, aún era un importante productor de azafrán, con 300 libras. Se destacaba, además, la existencia de ganado y, aún en aquella época, «fábricas de paños y de otras telas», aunque ya sería por poco tiempo. Por aquella época era médico en Campo de Criptana Rafael Reguillo Tardío, y precisamente en aquel año de 1844 fue admitido como miembro de la Sociedad Médica General de Socorros Mutuos (D. Rafael Reguillo Tardío, médico de Campo de Criptana, miembro de la Sociedad General de Socorros Mutuos, 1844).

Horse Thieves (Ladrones de caballos)

Horse Thieves (Ladrones de caballos)

En otro caso, también relacionado con el robo de caballos (o «abigeato», en América), ocurrido muchos años después, en 1933, estuvo involucrado un criptanense que compró caballerías robadas en Jaén. La nota se publicó en El Sol, año XVII, núm. 4.952, del domingo 25 de junio de 1933, y dice así:

Se recuperan unas caballerías robadas en Jaén

ALCÁZAR DE SAN JUAN 24 (11 n).- La Guardia civil de este puesto ha logrado rescatar unas caballerías robadas en el mes de septiembre pasado en Jaén y compradas por un vecino de Alcázar de San Juan y por otro de Campo de Criptana.

Se sigue la pista de los ladrones y se confía en la pronta detención. (Febus)

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO