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Hoy hablaré de un crimen, uno de tantos que configuran la historia de la crónica negra criptanense. Es uno de esos crímenes de antes, antiguos, del mundo rural, de un mundo que nos recuerda mucho al que dibujó con tanta perfección Pilar Miró en su película El Crimen de Cuenca; o también ese universo de La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. No puedo decir, sin embargo, que me recuerde este hecho del que voy a hablar a las historias de Agatha Christie, con sus crímenes sofisticados y, por qué no decirlo, con mucha clase, de asesinos que usan batín de seda, beben champán y meriendan caviar. Este asesinato cometido contra el criptanense Ignacio Huertas Carrillejo la madrugada del 26 de octubre de 1933 fue un crimen cruel, sangriento y, sobre todo, torpe, muy torpe. Si el asesino no se hubiera entregado no creo que hubieran tardado mucho las autoridades en descubrirlo e incriminarlo. Aquí no había mayordomo sospechoso, ni señora inglesa de provecta edad que, por la ventanilla de un tren, es testigo de un asesinato. Aquí, todo estaba claro.

La noticia del asesinato llegó rápidamente a la prensa nacional. Uno de los periódicos que la publicó fue el Heraldo de Madrid, año XLIII, núm. 14.898, del 30 de octubre de 1933.

Alcázar de San Juan.- En Campo de Criptana, en una finca situada en el término de Socuéllanos, ha sido encontrado muerto Ignacio Huertas. Horas después de hallarse el cadáver se presentó a las autoridades Manuel Segovia, que se declaró autor del crimen.

El otro, con una información más amplia y detallada, fue El Sol, año XVII, núm. 5.060, del domingo 29 de octubre:

El autor de un crimen

ALCÁZAR DE SAN JUAN 28 (10 n.). – En la finca Paco Paúl, del término de Socuéllanos, fué hallado ayer el cadáver de Ignacio Huertas Carrillejo, propietario de la finca, de treinta y seis años, natural del Campo de Criptana.

Hoy se presentó a las autoridades un criado del Sr. Huertas, llamado Manuel Segovia, de diez y nueve años, y se confesó autor del hecho. Refirió que en una discusión con la víctima, y al tratar ésta de agredirle, con la contezuela de un carro le dió un golpe en la cabeza y lo encerró en la finca, echando la llave por debajo de la puerta para simular un suicidio.

Fué detenido e ingresó en la cárcel de esta ciudad. El Juzgado instruye diligencias, y se cree que debió ser ayudado por alguien más.

Éste fue uno de esos crímenes de la historia negra criptanense. Parece que el asesino intentó preparar el escenario de forma que pareciese un suicidio, pero posiblemente los remordimientos de conciencia lo llevaron a confesar el crimen. Los móviles no los conocemos, y parece que no hubo datos al respecto por aquel entonces. Pocos meses después, en junio de 1934, con motivo del juicio por este crimen en la Audiencia de Ciudad Real, se revelarían más detalles. Pero ese será tema que dejaremos para el post de mañana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO