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Continúo hoy con la breve reseña económica sobre Campo de Criptana que publicó el periódico El Liberal, año XXXV, núm. 12.228, del viernes 8 de agosto de 1913. Ayer me ocupé de las «Bodegas de Rubín»; hoy trataré brevemente sobre las «Bodegas de San Miguel», para centrarme más en el propietario, Amadeo Badía. La reseña sobre este bodega se había publicado anteriormente en El Liberal en 1912 y ya me ocupé de ella en este blog. Sin embargo, puesto que esta bodega es, entre las criptanenses, probablemente, una de las menos conocidas y menos presentes en la prensa de la época, creo oportuno reproducir aquí de nuevo este texto que habla sobre ella, tal y como se publicó en 1912 y en 1913:

Las Bodegas de San Miguel pertenecen á la razón social de A. Badía, también cosecheros exportadores de vino en sus diferentes tipos, que destinan á Madrid y al Norte.

Dotados de dos buenas condiciones, como son la juventud y la inteligencia, los Sres. Badía son de los que se hacen paso y de los que perseveran ante la idea de dotar á sus productos de condiciones estimables entre los entendidos.

Sus extensas bodegas poseen todos cuantos elementos son necesarios para la elaboración más escogida.

Amadeo Badía asistió a la asamblea de vinicultores que se celebró en el Gran Teatro de Manzanares. Según dice el periódico El Pueblo manchego, año IV, número 926, del 9 de febrero de 1914, se organizó esta asamblea «por los exportadores de vinos, como complemento á la anteriormente verificada en Alcázar de San Juan y la visita á Madrid para gestionar el restablecimiento de la concesión 66 cerca de la Compañía de los ferrocarriles de M. Z. y A». Hubo varios turnos de intervenciones y se eligió un cosechero por cada pueblo para que, junto a una Comisión Gestora, asistiera a una Asamblea que se celebraría en Madrid el día 17 de ese mes. Por Campo de Criptana fue elegido Francisco Rubí. A la asamblea de Manzanares asistieron varios representantes de Campo de Criptana: la Vinícola Manchega, la Vinícola del Carmen, Florentino Isern, José Simó, el Ayuntamiento, Ramón Fernández (por Proceso Girón), Luis Barrios (por Casimiro Peñalver [¿quizá errata por Penalva?]), Faustino López, el citado Amadeo Badía, Francisco Rubí, Domingo Esteso, Celestino M. Santos, Alfonso Ruescas, Eduardo Cueto, Rafael Miró, Emilio Sepúlveda, la viuda de M. Escobar, Joaquín González, el senador Manuel Torres y el Conde de las Cabezuelas. Era la representación de Criptana la más numerosa en esta asamblea, lo que es, sin duda, prueba, del pujante momento que vivía la vinicultura criptanense en aquel momento.

De volijke drinker ("El alegre bebedor"): Obra de Frans Hals (1627-1628)

De volijke drinker («El alegre bebedor»): Obra de Frans Hals (1627-1628)

Ese mismo año, el mismo periódico, año IV, núm. 1176, del 7 de diciembre, volvemos a encontrar a Badía involucrado en asuntos vitivinícolas. En este caso, aparece como secretario de la Delegación Local de Criptana en la Federación de Viniticultores y Exportadores Manchegos. A ella ya hice referencia ayer con detalles sobre su presidente, vicepresidente, tesorero y demás cargos. La bodega de Badía aparece citada entre las principales de Criptana en el periódico Vida Manchega, del 10 de julio de 1916. Creo interesante reproducir el pasaje completo, puesto que da cuenta de la intensa actividad vinícola criptanense:

Su industria, como ya hemos dejado dicho anteriormente, casi exclusivamente vinícola es de grandiosa importancia, sobresaliendo las ámplias bodegas de sociedades cooperativas «Manchega» y «Carmen», hallándose entre otras muchas particulares, la del Sr. Simó, perfecta instalación, donde el coloso de hierro, gloria moderna de la industria, llamado motor, releva de la exclavitud (sic) del trabajo corporal á cientos de hombres dulcificando por ende la existencia de los mismos; émulas de la anterior, producen sin fatiga de consumo, la de don Francisco Rubín, D. Amadeo Badía, don Faustino López y D. Ramón Fernández y multitud de cosecheros que aportan ricos veneros y con su trabajo perenne, al consumo general fiel lenitivo de las necesidades humanas.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO