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Que la política se compone, fundamentalmente, de triquiñuelas y artimañas con tal de conseguir el poder al margen de la ética y de la moral, es algo que no se puede dudar o que, al menos yo, no dudo. Y posiblemente, se me pueda censurar, o refutar de muchos modos, esta opinión, pero es algo de lo que cada vez estoy más convencido; y conforme pasa el tiempo, más y más, y mucho más. Precisamente lo que voy a contar tiene mucho que ver con esto: la sed de poder, esa sed que asalta de vez en cuando al ser humano y le ciega, empuja a cometer las más absurdas acciones. Esa sed de poder lo justifica todo, y de todo es capaz quien la padece, hasta de dar, con el mayor descaro, esa pincelada superficial de legalidad a lo inmoral. ¡Ah, la legalidad! ¡Qué lejos ha quedado de todo, sobre todo de la vergüenza! Si es que alguna vez la hubo.

Francisco Romero Robledo. Retraro de Ignacio Pinazo Camarlench (1904)

Francisco Romero Robledo. Retraro de Ignacio Pinazo Camarlench (1904)

En 1885 se produjo un terremoto político: varios consistorios fueron suspendidos y sustituidos por orden del Ministerio de la Gobernación. Y entre ellos estuvo el de Campo de Criptana. No sabemos si aquella decisión estuvo justificada o no, pero lo cierto es que el periódico La Iberia, año XXXII, núm. 9.224, del viernes 24 de abril de 1885,nos ofrece una crítica ácida sobre tal actuación, y lo hace sobre lo ocurrido en el Ayuntamiento de Campo de Criptana, que, por diversas razones, aquel año estuvo en el punto de mira de la prensa y de todo el país. He aquí los sucesos, y que cada uno juzgue como quiera lo acaecido, y decida quién tiene la razón: el Ministerio de la Gobernación o La Iberia:

Nuestro corresponsal de Criptana nos participa que el Ayuntamiento de aquel pueblo ha sido víctima de la voracidad de las suspensiones á que se encuentra entregado el señor ministro de la Gobernación. Con fecha 21 se recibió en la localidad la órden de suspension, y en el mismo día 21 se posesión el nuevo Ayuntamiento. Como el objeto de la suspension es que los tenientes de alcalde suspensos no presidan las elecciones próximas, pues todos ellos pertenecen al partido liberal dinástico, los fundamentos de la suspensión han tenido que rebuscarse hasta el punto de alegarse en la órden del gobernador ciertas consideraciones que deben calificarse de frívolos pretestos (sic) para el móvil bastardo que se proponen. Los motivos en que se funda son los siguientes:

1º. Es no tener sus presupuestos municipales aprobados el 31 de Marzo último.

2º. No atender á la policía urbana con la perfeccion precisa.

3º. El hallarse las láminas en poder del agente que debía cobrarlas.

4º. y último. En no haber cobrado á los portores del ramo de arbitrios los cinco últimos meses.

Estas gravísimas y escandalosas causas han dado lugar á que se ponga de manifiesto el exquisito celo del señor gobernador de Ciudad Real, excitado sin duda por su jefe el señor ministro de la Gobernacion, para suspender un Ayuntamiento pocos días antes de ser renovados y ya dentro del periodo electoral, si bien se advierte por los vecinos de Criptana el contraste de que este celo debiera haberse empleado con más exito separando del cargo de alcalde y de concejales á tres individuos que han pertenecido al Ayuntamiento suspenso llamándose conservadores, siendo público que el alcalde está procesado hace más de un año por defraudador de los fondos municipales, y á los otros dos concejales se les ha formado expediente por el mismo concepto.

Lo sucedido en Criptana podrá dar idea de la justicia conservadora, si desgraciadamente no se pudieran presentar repetidísimos casos de las arbitrariedades á que se entrega con frecuencia inusitada el Sr. Romero Robledo.

Como bien se dice, el ayuntamiento de Campo de Criptana ya arrastraba problemas viejos de falta de transparencia, pero en el periódico se critica de modo general una medida tan drástica. El responsable habría sido Romero Robledo, es decir, Francisco Romero Robledo (1838-1906), ministro de Gobernación en tres periodos: 1874-1879, 1879-1881 y 1884-1885, en este caso, en tiempo de Alfonso XII, en el gabinete de Antonio Cánovas.

Algunas noticias sobre al Ayuntamiento de Campo de Criptana y el pueblo mismo las encontramos en el Anuario del Comercio, de la Industria, de la Magistratura y de la Administración ó Directorio de las 400.000 señas de España, Ultramar, Estados Hispano-Americanos y Portugal (también conocido como Bailly-Bailliere), año VII (Madrid 1885), pág. 932. Según este directorio, Campo de Criptana tenía en el año 1885 6.560 habitantes. El alcalde era Miguel Molero, aunque desconozco si fue éste el alcalde expulsado o el sustituto. Sí que es cierto que este alcalde fue el responsable del affaire “Casino de la Concordia”, al que ya he hecho referencia en este blog, que causó un escándalo que llegó a toda la prensa española de la época (Campo de Criptana, 1885: El alcalde contra el baile benéfico del Casino de la Concordia I, del día 29 de abril de 2012). Miguel Molero aparece entre los suscriptores de Campo de Criptana, por la cantidad de 4 rs. en la suscripción “para trasladar á España las cenizas del digno diputado de las Córtes de Cádiz don Diego Muñoz Torrero” (La Iberia, del 12 de agosto de 1864.

El secretario del Ayuntamiento era en ese año Pío Cañadas Alcázar, el juez municipal Juan Baíllo, y los cargos de fiscal y secretario estaban vacantes. La plaza de secretario ya aparece como vacante en 1879. Así dice, al menos, el periódico La Dinastía, año XXIV, núm. 68, del 2 de septiembre de ese año:

VACANTE. Se halla la secretaría del ayuntamiento de Campo de Criptana (Ciudad Real), con el sueldo anual de 1.500 pesetas. Las solicitudes se dirigirán al alcalde en el plazo de veinte días.

Isabel II y Alfonso XII

Isabel II y Alfonso XII

En 1885 el notario era Saturnino Cenjor, y el párroco, muy influyente en la vida social de aquella época, era Teodoro Espadas. Unos meses después de la publicación de la citada noticia en el periódico Iberia, el día 25 de noviembre de 1885, a los 27 años, moría de tuberculosis Alfonso XII en el Palacio de El Pardo, de Madrid.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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