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Río Záncara en Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Río Záncara en Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Acudimos hoy, de nuevo, a las Relaciones históricas y geográficas de Felipe II (edición de Carmelo Viñas Mey, Ramón Paz, Relaciones histórico – geográfico – estadísticas de los pueblos de España hechas por iniciativa de Felipe II: Ciudad Real, Madrid 1971). Y buscamos en ellas qué se nos dice sobre aquel viejo río, el Záncara, que en otros tiempos tuvo cauce propio y agua, y quién sabe si también tuvo peces; aquel río surcaba el término de Campo de Criptana cómo única vena de agua por estas tierras, allá por 1575. Ese año se hizo la Relación geográfica de este pueblo, y con ella ponían los criptanenses al rey y a los suyos al corriente de lo que aquí había y de lo que no. Por aquel entonces este río merecía aún este nombre, aunque tampoco fuera muy arrolladora la fuerza de sus aguas y, en ocasiones, la sequía hiciera mella en su cauce y se quedara en nada su agua. Agua: es eso, precisamente, lo que faltaba y falta en La Mancha. «Es tierra abundosa de pan, si llueve mucho, porque es tierra recia…» nos dice el punto 18 de esta Relación (pág. 167). Pero ¿y si llueve poco? ¿Qué pasa? Nos lo podemos imaginar. Así nos describe aquel río esta Relación, en el punto 20 (ibid.):

A una legua desta villa pasa un río que se llama Záncara. Corre algunos inviernos; desde el año de cinco e hasta el de cuarenta e cinco no corrio cosa ninguna. No hay moliendas, sino son muy pocas, por ser la tierra llana y hueca, se hunde a dos leguas desta villa…

Y en el 21 (ibid.):

No hay en este rio de Zancara mas de dos piedras de molino de muy poco valor que se han hecho de muy poco tiempo a esta parte, que no daran dos fanegas de pan de renta por cada uno; son de particulares. Hay una puente en este rio de Zancara a una legua desta villa; esta por acabar. Hizola esta villa, que vienen en tiempo que corre el rio, que vienen a pasar por ella los carreteros que vienen de los reinos de Murcia y Valencia a Toledo y de Toledo a estos dos reinos. No tienen puesto en ella ninguna impusicion, que no pagan nada, aunque de que el rio corre no podran pasar sino a mucho peligro…

Para poco daba este río. Por ello, ante la falta de fuerza de su agua para moler, hubo que inventar. Y surgieron los molinos de viento, porque viento sí hay, y mucho. Sin duda, el puente al que se refiere la Relación debe de ser el de San Benito, aún en pie, pero, si no se hace algo por él, durará poco tiempo. Este puente o esta puente, porque en el español de antes era término de género femenino, está como su río, maltratado por el tiempo y por la intemperie, pero mucho más por la mano ingrata del hombre. No hay, quizá en España, río tan humillado como él; no hay río tan rebajado al status de arroyuelo. No hay, en fin, río tan profanado.

Pero, quién lo diría, este río tiene nobleza, aquélla que le viene de las tierras en las que nace, de los señoríos que atraviesa, de la antigüedad de los castillos que lo otean, ya sin enemigos a los que vigilar, desde las atalayas. Si el Cigüela es el río de los celtíberos y de los romanos, el Záncara es el río de la Reconquista, del Renacimiento y del Humanismo conquenses.

Huerta de la Obispalía: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Huerta de la Obispalía: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Nace el Záncara entre pinares, allá en las montañas próximas a la ciudad de Cuenca, en las sierras entre Abia de la Obispalía y Villanueva de los Escuderos. Hace su curso un largo camino por los valles de la Obispalía, hasta que le sale al encuentro Huerta de la Obispalía con su monte coronado por el castillo de los obispos de la sede, de los más poderosos de la época, y cerca, muy cerca, al pie de la montaña, lo que queda de la ermita de San Mamés. Sólo sus muros. Todavía aquel maltratado castillo tiene una inscripción latina fechada en 1473, que recuerda cómo una torre fue construida por Gabriel Condulmario, arcediano de Alarcón en la iglesia de Cuenca. Hoy, podemos imaginar, durante cuántos siglos observaron sus predios y las vegas del Záncara aquellos obispos desde su castillo, su lugar de retiro y refresco en los tórridos veranos. Porque estos obispos eran poderosos como pocos en su tiempo.

Panorámica de Zafra de Záncara: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2001)

Panorámica de Zafra de Záncara: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2001)

Continúa lento este río hacia el sur, serpenteando hacia Zafra de Záncara, alta y escarpada sobre su atalaya, desafío a la gravedad; allí el humilde río mira con envidia hacia arriba, hacia el acueducto Tajo – Segura… y se escandaliza al ver cómo éste lleva tanta agua y él tan poca. Allí entra el río Záncara en las llanuras del sur de Cuenca, y transcurre entre los primeros viñedos y mieses, rumbo a La Mancha: Casalonga, Villar de Cañas, los valles próximos a Alconchel de la Estrella y las tierras de Haro, Fuentelespino, Villaescusa, Carrascosa y Rada… y enfila su cauce, rápido, hacia Santa María del Campo Rus, lugar adonde fue a morir, en su casa, el caballero poeta, aquel Jorge Manrique herido en la cercana Castillo de Garcimuñoz al pie de su castillo. Jorque Manrique murió, pero nos dejó sus Coplas  a la muerte de su padre, y el río Záncara fue, en cierto modo, testigo.

Río Záncara en El Provencio: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Río Záncara en El Provencio: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Casi sin darse cuenta, llega el río al pueblo que toma su nombre, Alberca de Záncara, y sigue poco a poco hacia el sur, siguiendo el aroma del ajo morado. Están cerca Las Pedroñeras, y se halla el río en las puertas de La Mancha. Y por allí, poco mas o menos, en El Provencio, empieza el principio del fin de este río, y comienza la vida que hasta ahora había en él había a languidecer, lentamente, tragada por la tierra. Poco a poco, el río se esfuma; poco a poco, el río va quedando enjuto y seco, y así llega su cauce árido y gris a Campo de Criptana, y así recorre su término sin esperanza, engullido por la voracidad de la agricultura que, cada vez un poco más, le arrebata lenta pero inexorablemente su camino. ¡Quién te ha visto y quién te ve, río Záncara!

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO