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Río Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2010)

Río Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2010)

Todos los parajes criptanenses que atraviesa el río aquel, el Záncara, tienen sus nombres, a cuál más sonoro, a cuál más poético, a cuál más evocador. Son nombres inmemoriales, de origen inescrutable. Los parieron tiempos antiguos, no sabemos cómo. La toponimia es así: el recuerdo de una expresión, de una persona, de un edificio, de un lugar, de un acontecimiento, siempre la memoria, pero casi siempre inexplicable, como inexplicable es la psicología humana y, mucho más inexplicable, el lenguaje mismo. La historia y la vida del río Záncara son una aventura en la planicie en la perpetua búsqueda mar, obligación que tienen todos los ríos. Y el río Záncara sigue su curso, aunque sin agua, hacia el Occidente, hacia el Ocaso, que también es la muerte porque allí muere, cada tarde, el sol. Es curioso, pero algo de grande tiene el río Záncara: su rumbo es el del sol, y su destino el mismo, desde el nacimiento, el Oriente (del latín orior, «nacer»), hasta la muerte, el ocaso o el Occidente (del latín occido, «morir»). El sol nace por la mañana en el oriente y muere por la tarde en el Occidente. El río Záncara también.

Pero veamos ahora cuál es el camino de ese río, y qué topónimos va encontrando en su recorrido por el término de Campo de Criptana.

Paisaje junto al Río Záncara: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

Paisaje junto al Río Záncara: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

Entra el río Záncara en sus tierras y llanuras procedente del término de Socuéllamos; la Huerta de Dámaso a la derecha, La Rinconada a la izquierda, y ya es Criptana. Allí comienza su serpenteo por la llanura, mar de viñedos. 1.572 metros después, el Záncara y el ferrocarril (km. 167,5) se cruzan, con diferentes destinos. Pero no lo olvidemos: el Záncara continúa su camino por donde lo ha seguido desde hace cientos, quizá miles de años; el ferrocarril, en cambio, es algo tan relativamente reciente en comparación con él… Tras este fortuito encuentro, el Záncara continúa hacia el horizonte por su camino. Deja el río el paraje de Carralero a la derecha, y el de Los Campos a la izquierda y aproximadamente a unos 1.682 ms. penetra en las tierras del Batán, amplio y vasto Batán, a la izquierda y a la derecha, allí donde hubo uno de estos ingenios, un batán, fundamental para la vida cotidiana en otras épocas. Y no es el único que acogía el Záncara. Desde su nacimiento fueron muchos los que hubo, hoy todos en ruinas, recuerdo de otros tiempos.

Río Záncara: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

Río Záncara: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (1998)

Y allí, en El Batán, el río hace un giro, como perdido, buscando su rumbo sin timonel, y 2.757 ms. después llega a los «vados», el Vado de Mascaraque a la derecha, y el Vado del Molinillo a la izquierda, aunque la casa que le da el nombre está en la ribera de enfrente. Y cerca el Záncara se alzan aquellas casas que forman parte desde hace mucho del paisaje, de la llanura y del entorno zancareño. Allí se alza la Casa del Secretario (pequeño paraíso ¿quizá un edén?), cerca del antiguo camino de Carretas, que corre paralelo al río en su margen izquierda; y en la derecha, el camino de la Argamasilla al Toboso… siempre, en La Mancha, uniendo quijotes y sanchos.

Y continúa el río su curso, entre «vados» y «casas»: el Vado del Guijarral a la izquierda, la Casa de Olivares, la Casa del Suspiro (poético nombre) a la derecha. Y 3.908 ms. después de los «vados», llega el río al paraje benedictino, a aquella Casa de la Puente y a su Puente de San Benito. «Casa de la Puente». No hay posiblemente topónimo más hermoso en la comarca, porque nos recuerda aquellos tiempos en que «puente» era femenino y su relación con el río, masculino, era esencialmente erótica, como la de una mujer y un hombre.

Puente de San Benito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

«La Puente» de San Benito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Desde «la puente» el río se adentra en la planicie y ésta se apropia del río; realmente ésta se apropia de todo, especialmente de la vista del viajero. Y de nuevo más topónimos, a cuál más hermoso: los Prados del Záncara a la derecha, La Calzadilla y la Casa de los Jardines a la izquierda. Y así a 4.215 ms. de «aquella» puente de San Benito, el río deja atrás Criptana por el Vado de Savín y penetra en Alcázar de San Juan. Poco después se encontrará con aquel hijo pródigo, la Acequia de Socuéllamos, más seca aún que él, pero suya al fin y al cabo.

Un curso de poco más de 13 kms. (más o menos 13.325 ms.) dibuja el cauce del río Záncara en tierras criptanenses; poco más de 13 kms. quiebra de la llanura, que, en otro tiempo, fue remanso de vida y vegetación. Entra el río en Criptana a 648 ms. sobre el nivel del mar en la Huerta de Dámaso y a 635 lo abandona Vado de Savín. Poco desnivel, pero también poco río, y menos agua aún.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO