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Durante los años de la II República los movimientos cristianos vivieron un importante periodo de auge en Campo de Criptana. Ya en un post anterior hice referencia a unos actos de Acción Católica que se habían celebrado en este pueblo en diciembre de 1933, en una época en que este movimiento de apostolado no hacía mucho que había comenzado su andadura (en época de Pío XI, papa entre 1922 y 1939). El motivo de aquella celebración fue la conmemoración anual del patrón del movimiento, San Estanislao de Kotska y contó con la participación de Hernán Cortés Pastor (véase: Una celebración de la Juventud Católica en Campo de Criptana, 1933).

Poco menos de un año después, Campo de Criptana asistía a una celebración de las Juventudes Católicas, en este caso, con representaciones procedentes de toda la demarcación de Alcázar de San Juan. Fue un acto multitudinario y apoteósico del que se hizo eco el periódico católico El Siglo Futuro, año LIX, núm. 18.156 (2ª época, año XXVII, núm. 8.374), del lunes 19 de noviembre de 1934, con el título La bandera de las Juventudes Católicas de Alcázar de San Juan. He aquí el texto:

ALCÁZAR DE SAN JUAN, 19. – En Campo de Criptana se celebró la bendición de la bandera de las Juventudes Católicas de esta demarcación.

En el acto, que revistió gran solemnidad, ofició el Obispo de la Diócesis. De madrina de la bandera actuó la señorita María de Madariaga. Concurrieron unos seiscientos jóvenes católicos que entonaron el himno de la Juventud.

Hoy se celebra una velada teatral, hablando el Obispo».

Otra versión del mismo acontecimiento se publicó en el periódico La Época, año 86, núm. 29.615, del mismo día. Dice así:

ALCÁZAR DE SAN JUAN, 19 .- En Campo de Criptana se celebró con inusitado esplendor el solemne acto de dar la bendición a las banderas de las Juventudes católicas, oficiando en la ceremonia, de pontifical, el obispo de la diócesis, doctor Escenaga, y actuando de madrina la señorita María de Madariaga.

El prelado pronunció una elocuente oración sagrada, y más de seiscientos jóvenes católicos, en torno de las nuevas enseñanzas, entonaron el himno de la Juventud. La fiesta resultó brillantísima.

Esta noche se celebra una velada en el Teatro Cervantes, en la que hará uso de la palabra el mencionado doctor Escenaga.

Veamos ahora cómo era el clima político aquellos años y qué repercusión tuvo en la vida religiosa. Hacía tres años que había tenido lugar la salvaje oleada de quema de conventos en España; ese mismo año de 1934 se quemaron muchas iglesias en todo el país. En general, se vivía un ambiente de persecución religiosa. Campo de Criptana no quedó al margen, y su alcaldía socialista llegó a insensatas y absurdas exageraciones en su política de persecución y represión religiosa.

Procesión de la Virgen de Criptana: Publicada por Nieves de Hoyos Sancho, "Fiestas Patronales y principales devociones de La Mancha"

Procesión de la Virgen de Criptana: Publicada por Nieves de Hoyos Sancho, Fiestas Patronales y principales devociones de La Mancha

Así, en 1932, el periodista del diario El Pueblo Manchego, Juan de la Cruz Díaz-Eguirre, fue encarcelado por dar vivas a la Virgen de Criptana (El Siglo Futuro, año LVII, núm. 17.435, del martes 14 de junio de 1932). Y no fue el único; en aquella ocasión el alcalde socialista impuso cien multas de 25 pesetas a otros tantos ciudadanos criptanenses por dar vivas a la Virgen (El Sol, año XVI, núm. 4.584, del miércoles 20 de abril de 1932) (véase: Cien multas por vitorear a la Virgen de Criptana, 1932; y Más multas por vitorear a la Virgen de Criptana, Campo de Criptana, 1932). Se llegó, como muestra del absurdo de la situación, al extremo de prohibir el traslado de la imagen de la Virgen de Criptana desde su ermita al pueblo en 1933 (La Vanguardia, del martes 18 de abril de 1933, pág. 25). Como era de esperar, la consecuencia fue un enfrentamiento que requirió la intervención de varias parejas de la guardia civil. La situación llegaría a la extrema gravedad con la quema y destrucción de la Iglesia de la Asunción en 1936.

Dos personalidades presidieron el acto de las Juventudes Católicas: el obispo de la diócesis de Ciudad Real y María de Madariaga.

El obispo era en aquellos años, como se dice en la noticia de La Vanguardia, el «doctor Escenega», es decir, Narciso de Esténaga Echevarría (1882-1936), obispo de Ciudad Real entre 1922 y 1936. Ha sido declarado beato y mártir por la Iglesia Católica; fue asesinado por el bando republicano en la Guerra Civil el 22 de agosto de 1936. El título de «doctor» le viene por su amplia y profunda cultura, especialmente en temas relacionados con la historia y el arte. Era académico de la Real Academia de la Historia y de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, además de la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

María de Madariaga (1905-2001) fue una activa militante de Acción Católica, especialmente dedicada a fines sociales, caritativos y educativos. En el año en que estuvo en Campo de Criptana hacía ocho (desde 1926), que era Presidenta Diocesana y Nacional de la Juventud Femenina de Acción Católica. Estudió enfermería en los años 1935-1936 en la Facultad de Medicina de Madrid y promovió la creación de un centro de formación de enfermeras de Acción Católica. En 1942 fundó la Asociación Católica de Hermandades Diocesanas de Sanitarias Españolas (Salus Informorum).

Por cierto, tras haber hablado de las «juventudes» en este post, finalizo ahora con un curioso anuncio publicitario que se publica en el mismo número del periódico Siglo Futuro al que hice referencia al principio:

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