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Cementerio. Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Cementerio. Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Solemos olvidar, deslumbrados por los altisonantes acontecimientos de la historia oficial, que hay otra historia mucho menos pomposa: las vivencias de quienes vivieron en otros tiempos. Muchos son los libros y escritos que nos dan cuenta de los grandes sucesos; muy pocos son los que nos ilustran sobre las pequeñas historias, aquellas anóminas que pasaron fugaces por la vida y no quedó de ellas nada más que un epitafio, si es que quedó algo. Sin embargo, no hay más que rastrear en los surcos del pasado para encontrar algunas notas sobre aquellas vidas y para conocer algo de su historia. Y hoy haremos esto. E iremos para ello al cementerio de Campo de Criptana, que es posiblemente, el mayor archivo de la historia de este pueblo, porque en él reposan todos aquellos protagonistas de la pequeña historia del pasado. ¡Cuántos nombres, cuántos recuerdos y cuánta historia se oculta allí! Ya en ocasiones anteriores vimos cuán interesantes podían llegar a ser. Véase al respecto: Historias del cementerio de Campo de Criptana: El misterio de Adolphe J. Goldenthal (1931).

Lleva años llamando mi atención un precioso epitafio escrito en una pequeña lápida inscrustada en uno de los muros del cementerio de Campo de Criptana. Es una losa de piedra negra, quizá pizarra, muy bien trabajada, con forma de urna con motivos decorativos de roleos y el diseño de un pequeño sepulcro en la parte superior. Podría ser ésta, quizá, unas de las lápidas más antiguas del cementerio de Campo de Criptana y, quién sabe, si no estuvo ya colocada en aquel primer cementerio que tuvo este pueblo en el siglo XIX, aquel que se inauguró en 1807 (véase: El primer cementerio de Campo de Criptana, 1807), aquel que estuvo en la «Calle del Pozohondo» como se llamaba a ese arrabal en el plano criptanense de 1885, cerca de la actual calle Buendía, que tenía entonces por nombre «Calle del Campo-Santo». Como iba diciendo, quizás esta lápida estuvo primero allí, y luego se trasladó a esta nueva ubicación.

Cementerio. Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Cementerio. Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Tiene esta lápida dos epitafios (o uno doble, según como se mire): el de Clarisa López y Sánchez Nieto, fallecida el 5 de noviembre de 1866 (el último 6 es casi ilegible) a los 39 años de edad; y debajo está escrito el epitafio del que fue quizá su esposo, Francisco de Paula Leal y Sánchez, que falleció el 28 de febrero de un año que ahora es ilegible por daños en la piedra, a los 58 años de edad. Al final, encontramos la fórmula mortuoria común en estos contextos: R. I. P., es decir, Requiescant in pace, ‘Descansen en paz’, deseo que, a veces, no se pudo hacer realidad (veáse: Campo de Criptana, 1911: La espeluznante historia del saqueador de tumbas).

No he encontrado datos sobre Clarisa López, pero sí sobre Francisco de Paula Leal, al que creo que podemos identificar con la persona del mismo nombre de la que hay reseña en prensa de la época por su actividad política en el partido republicano de Campo de Criptana. Una de las reseñas la encontramos en un periódico precisamente republicano, La discusión, que, tan republicano era que tenía dos lemas en su portada: «No más reyes» y «Viva la república», e insertaba en la cabecera el siguiente anuncio:

El programa económico, político y administrativo de la democracia, con que encabezamos nuestro periódico, fue denun ciado el 23 de enero de 1859 y absuelto el 7 de Marzo del mismo año. Nuevamente denunciado el 16 de Julio de 1861, fué otra vez absuelto el 8 de Agosto del mismo año.

La referencia a Francisco de Paula se encuentra en el número correspondiente al año XIV, 2ª época, núm. 221, del 23 de junio de 1869) y es una carta que éste envía desde Campo de Criptana para dar cuenta de la promulgación de la Constitución en esta localidad. Dice así:

Campo de Criptana, 20 de junio de 1869.

Sr. Director de LA DISCUSIÓN

Muy señor mío: El que suscribe, como socio del Casino artístico y presidente interino de este club republicano, pone en su conocimiento lo que sigue:

«Hoy se ha promulgado en esta la Constitucion con el mayor orden; poca concurrencia; el clero y autoridades, pero los ciudadanos del club republicano no han asistido, lo que ruego inserte en sus columnas; salud y fraternidad, suyo, el presidente interino del club republicano de Criptana, Francisco de Paula Leal».

El texto se refiere a la Constitución de 1869, que fue consecuencia de la Revolución de 1868 que puso el punto final al reinado de Isabel II. En su lugar fue elegido un miembro de la Casa de Saboya para el trono de España: Amadeo I, que fue rey entre el 16 de noviembre de 1870 y el 11 de febrero de 1873 y tuvo tiempo, como ya se dijo en este blog, de hacer una breve alto en el camino en Campo de Criptana en uno de sus viajes (véase: El rey Amadeo I en Campo de Criptana, 1871). Era ésta una de las constituciones más avanzadas de la época: garantizaba los derechos individuales, el sufragio universal masculino, la libertad de prensa y la libertad de culto.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO