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Entre las cientos de posibles maneras de morir, una de ellas, hoy ya rara fuera de los ámbitos relacionados estrictamente con caballos y animales cuadrúpedos afines, es a causa de una coz. El término “coz” procede directamente del latín, calx, calcis, “talón”. En el Diccionario de la lengua castellana de la Real Academia Española, de 1729 (pág. 649,1), se recoge con la siguiente acepción:

COZ. El golpe que se dá con el pie, sacudiendole hacia atras. Covarr[ubias] es de sentir que viene de Coxo, y que de Cox se dixo corrompidamente Coz. Otros le deducen del italiano Cozzo, que vale Encuentro: Otros del latino Calz, porque la coz se dá con el calcañar: y otros del verbo Concutere

Francisco de Goya: "Caballo raptor" (Caprichos)

Francisco de Goya: “Caballo raptor” (Caprichos)

Del término ‘coz’ se recogen otras acepciones, como la referida al retroceso de “la pieza de artillería, la escopeta y otras armas, volviendo atrás con el impulso de la pólvora”. Hoy, el DRAE sigue recogiendo varias acepciones, pero la principal es la más usual en nuestra lengua: “Sacudida violenta que hacen las bestias con alguna de las patas”. Y tan violenta puede ser esta sacudida que llega a provocar la muerte; y en épocas pasadas, en que caballos y mulas eran los animales de tracción por excelencia, estos accidentes debían de ser muy comunes. Hoy traigo dos ejemplos de ello, que llegaron a ser noticia en las páginas de periódicos de ámbito nacional: uno, el de Gregorio Alberca, y el otro, el de Jesús Lucas Amores.

Gregorio Alberca

Encontramos la noticia en el periódico El Siglo Futuro, 2ª época, año XX, núm. 6.093, del lunes 14 de marzo de 1927, con el título Soldado de cuota horriblemente coceado por un caballo. Y dice así:

CIUDAD REAL 14.- En actos del servicio, al ir a trasladar de pesebre a unos caballos, recibió una terrible coz en el pecho y otra en la cabeza, el soldado de cuota Gregorio Alberca, natural de Campo de Criptana. Trasladado inmediatamente al botiquín del cuartel del primero ligero de Artillería, se le practicó una cura de urgencia, siendo llevado luego al hospital, donde se le practicó la trepanación. Su estado ha sido calificado de gravísimo. Se le administraron los Sacramentos.

Jan Steen: "La extracción de la piedra de la locura" (1670)

Jan Steen: “La extracción de la piedra de la locura” (1670)

Según dice la noticia, se le practicó a Alberca una trepanación, intervención practicada desde época muy antigua que consiste en la perforación del hueso del cráneo. De hecho, se han encontrado evidencias de existencia de este tipo de intervenciones desde el año 3.000 a. de C. y, lo que es más importante: muchos pacientes sobrevivían a la operación. No sabemos si Gregorio Alberca falleció o no a consecuencia de este accidente.

Los términos “trepanación” y “trepanar” entraron muy tarde en el Diccionario de la Lengua Española (1899). He aquí la acepción de “trepanar” (pág. 983, 1), que no deja de producirnos un cierto escalofrío y crujir de dientes: “Horadar el cráneo con el trépano, para reconocer algún daño interior ó para otros fines”. Pensemos cómo sería esta operación en las épocas en que no existía anestesia.

Jesús Lucas Amores

La noticia de su fallecimiento por una coz de mula se publicó en tres periódicos, los dos primeros con el mismo texto, y el tercero con algunas variaciones. Así dicen el Heraldo de Madrid, año XLIV, núm. 15.091, del martes 12 de junio de 1934, y El Siglo Futuro, año LIX, núm. 18.020, del miércoles 13 de junio, bajo el título Muere de una coz:

ALCÁZAR DE SAN JUAN 12.- Cuando marchaba al trabajo el vecino de Criptana, Jesús Lucas Amores, de sesenta y siete años, casado, labrador, tuvo la desgracia de recibir una coz de la mula que conducía, quedando muerto instantáneamente.

Con variaciones, como hemos dicho, esto dice el periódico La Libertad, año XVI, núm. 4.438, del miércoles 13 de junio de 1934, bajo el título Muerto de una coz:

Alcázar de San Juan, 12.- Cuando se dirigía a trabajar el labrador Jesús Lucas Amores, de sesenta y siete años, vecino de Campo de Criptana, tuvo la desgracia de que se le espantara una mula de su propiedad. El animal le dió una tremenda coz, que le produjo la muerte casi instantánea.

Unos años antes, Jesús Lucas Amores aparece citado en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 7 de abril de 1922 (pág. 3), entre los deudores del Pósito. En su caso, su deuda ascendía a 500 pesetas. Incurrió, por ello, en el primer grado de apremio, con un recargo del 5%; de no hacer el pago transcurridos ocho días, entraría en el segundo grado de apremio y nuevo recargo del 10% sobre la deuda original.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO