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La vida depara a veces situaciones extrañas, no tanto porque sean de una rareza poco común, sino porque de tan extraordinarias resultan casi surrealistas. Imaginemos a un ateo militante y a un católico, también militante, juntos, en un tren. No es una película española de los setenta; ocurrió de verdad, y fue en el departamento de un tren que venía de Manzanares a Alcázar de San Juan. Y los protagonistas fueron José Nakens y un cura de Campo de Criptana de aquella época.  Ocurrió en 1888. No creo necesario aclarar quién era quien, quién el ateo y quién el católico, y por eso paso directamente a la historia, porque no tiene desperdicio. Se publicó en el periódico más anticlerical de aquellos años: El Motín. Esta publicación era anticlerical, efectivamente, pero lo más importante es que le echaba mucha gracia al asunto; supongo que hasta para ser anticlerical hay que tener salero, y al periódico El Motín le sobraba a raudales.

Conocemos esta historia de la extraña pareja por el artículo titulado La voz de la conciencia que dirige José Nakens al Sr. Cura de Campo de Criptana. Se publicó como ya hemos dicho, en el periódico El Motín, año VIII, del 5 de abril de 1888, supl. al número 14. Puesto que la carta es larga en exceso, he creído conveniente dividirla en tres partes: hoy me ocuparé de la primera, con el relato del viaje en tren; para otros días dejo lo referente al sarcástico acto de contrición de Nakens y su caricatura del cura de Criptana. Y dice así lo referente a la primera parte:

Sr. Cura de Campo de Criptana

Mi respetado señor: Tengo sobre mi alma un remordimiento que acabaría por quitarme la vida, si no confiara en que usted, bondadoso y tolerante cual cumple á un digno ministro del Altísimo, perdonará el crimen involuntario que á trance tan terrible me ha traído.

Es el caso, señor, que la noche del jueves último, un ciudadano embozado en modesta capa se apeó del tren en Manzanares, y mientras preparaban los vagones y llegaba una locomotora pedida á Alcázar, estuvo departiendo afablemente con usted y otros tres viajeros al amor de la lumbre, sobre la caza del macho y otros incidentes venatorios.

Llegada la hora de partir, aquel viajero, que por todo equipaje llevaba un mundo de buenos deseos en favor de la respetable clase á que usted pertenece, subió al coche el primero, y, accediendo al ruego que usted me hizo, fué recogiendo y colocando sobre el asiento la manta, el paraguas y una caja de forma extraña que usted llevaba; atención que le valió las gracias más expresivas de usted y una cariñosa sonrisa.

Una vez en marcha, empezó usted á hablar con un viajero á quien conocía, y pudo enterarse el otro de que regresaba usted de Ciudad Real, adonde había ido á… ¡no sé cómo decirlo! á… á… ¡ánimo! á consagrar los santos óleos que guardaba en aquella caja.

Un rayo que hubiera caído á mis pies, de seguro no me produce el horroroso efecto de aquella noticia. Porque era yo, yo mismo, el mil veces excomulgado, el millones de veces maldito, el protervo el relapso, el hereje, la persona que había tocado con sus pecadoras manos aquel precioso tesoro de salvación.

Éste es el comienzo de la historia: un viaje en tren, dos extraños (un ateo y un católico), y un encuentro algo extraño. No hay caricatura más manifiesta de la dicotomía social que comenzaba a vivir España por aquellos años.

Pero ¿quién era este José Nakens? Ni más ni menos que José Nakens Pérez (1841-1926), periodista y militante republicano y anticlerical. Y precisamente él fue el fundador del periódico El Motín, cuyo primer número se publicó en el año 1881. Era una época de libertad de prensa única en la historia de España y este periódico fue excelente muestra de ello; éste fue quizá el periódico más anticlerical y ateo de la historia de la prensa española, y tuvo que pagar su precio por ello a finales del siglo XIX, cuando, a causa de su radicalidad, comenzó a vivir su decadencia. Se extinguió algunos años después, pero José Nakens nos dejó en sus páginas algunas de las mejores y más divertidas crónicas de la prensa española.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO