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María Cristina Habsburgo Lorena

María Cristina Habsburgo Lorena

Hoy haremos un pequeño viaje al pasado, en este caso a diciembre del año 1879, y veremos, a través de la privilegiada mirilla que nos ofrece la prensa de la época, qué preocupaba a Campo de Criptana y qué temas se trataban en las sesiones de su Ayuntamiento, presidido entonces por el alcalde Valentín Ortiz, y con Francisco Aparicio Sureda actuando como secretario. Aquel mes de diciembre hubo cinco sesiones ordinarias de consistorio, en los días 1, 8, 15, 22 y 29; hubo, además, dos sesiones extraordinarias: una, celebrada también el día 1, y otra para tratar un tema de cierta urgencia, el día 18. Como vemos, la agenda del consistorio criptanense estaba muy cargada por aquella época, puesto que eran muchos los problemas que acuciaban a la localidad y, también, muchas las soluciones que se adoptaban

Qué se decidió en estas sesiones nos lo relata de forma muy resumida el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, núm. 92, del viernes 9 de enero de 1880; y, como el material es extenso, dedicaremos varios artículos a este tema. Y comenzaremos hoy con la sesión ordinaria del 1 de diciembre. He aquí el extracto correspondiente a las cuestiones tratadas aquel día. El primer acuerdo tuvo un cariz muy real y monárquico, puesto que se acordó…

… adherirse á los votos generales de entusiasta felicitación del país por el venturoso enlace de S. M. el Rey D. Alfonso XII con S. A. I. y R. la Serenísima Señora Archiduquesa de Austria Doña María Cristina.

Alfonso XII había estado casado con María de las Mercedes de Orleans, fallecida el 26 de junio de 1878; había sido reina consorte apenas seis meses. El 29 de noviembre de 1879 tuvo lugar su boda con María Cristina de Habsburgo Lorena, y a esta boda se refiere la felicitación del Ayuntamiento.

Puerta de la ermita de la Concepción, Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Puerta de la ermita de la Concepción, Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

A continuación se acordó que se cesase a “uno de los camilleros conductores de cadáveres variolosos”, ya que, al parecer, la epidemia de viruela estaba remitiendo; además se aprobaron las “cuentas de socorros” para los enfermos afectados en la epidemia. Se informó también favorablemente a la solicitud que había hecho Felipe Palmero para que se construyese un muro en línea recta, desde saliente a poniente, “por mejor ornato público, en la zona limítrofe del ferro-carril”. Asimismo se concedió licencia al contratista de carreteras para que pudiese interceptar la via pública mientras que lo necesitase, todo con tal de facilitar la reconstrucción de la carretera de Pedro Muñoz. En el capítulo de carreteras y caminos se acordó ahitar un camino vecinal que condujera a la Concepción. Entonces, caía esta ermita en descampado, por ello la necesidad de delimitar un camino de acceso. Es esa ermita sobre lo que podríamos decir, evocando aquel famoso pasaje de Quevedo, “érase una ermita a un cementerio pegada”, o mejor, dicho, “érase un cementerio a una ermita pegado”, puesto que ella estuvo allí antes, mucho antes de que la ciudad fúnebre de los criptanenses encontrara hospedaje en los terrenos aledaños, quizá, quién sabe, buscando la protección mariana para los difuntos. Es esa olvidada ermita de la Concepción, tan olvidada de los criptanenses y tan abandonada al maltrato de los tiempos. El día menos pensado, nos quedaremos sin ella. ¡Cómo somos!

 JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO