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Por aquellos años, el periódico Heraldo de Madrid, año XL, núm. 13.797, del jueves 17 de abril de 1930, publica en portada la noticia de un sonado robo en la Biblioteca Nacional. Un empleado se llevó unos grabados de Rembrandt, Durero y Lucas que acabaron en Berlín. Hacía poco tiempo, el 27 de enero de ese año, que Miguel Primo de Rivera había dimitido, dando fin a periodo como dictador. El 1 de febrero comenzó la «dictablanda» del general Dámaso Berenguer (1873-1953) como jefe del Consejo de Ministros. Pero duraría poco: hasta el 18 de febrero de 1931. Todo, al parecer, estaba muy revuelto. Y en Campo de Criptana… ¿qué pasaba en Criptana? Ni más ni menos que un escándalo de presunta corrupción que fue denunciado por este mismo periódico antes citado en una breve nota titulada Más de Campo de Criptana.  Y dice así:

Tenemos hoy que añadir a la lista de inmoralidades del Ayuntamiento upetista de Campo de Criptana las siguientes:

Se inventaron facturas por el concepto de materiales de piedra, cal y yeso. Los que aparecen como firmantes niegan haber cobrado ni un céntimo, y dicen que no firmaron tales documentos.

Hace siete meses que se firmó la escritura para la construcción de los grupos escolares. De qué magnitud no será este negocio que la casa constructora ha rebajado 40.000 pesetas de las 158.000 en que fueron adjudicados.

El adjetivo «upetista» se refiere a la Unión Patriótica. Era un partido conservador y católico fundado por el dictador Miguel Primo de Rivera en abril de 1924 para abarcar a toda la sociedad y suplantar a los partidos tradicionales. Se disolvió en 1931. En la Segunda República el partido pasó a llamarse Unión Monárquica, y en 1936 se integró en la Falange Española.

Aquel año fue, en general, muy movido en Campo de Criptana. Pocos días después de la publicación de esta nota, el periódico La Libertad, año XII, núm. 3.150, del miércoles 23 de abril, sacó una breve noticia en la que daba cuenta de la rebelión de Antíoco Alarcos y su Manifiesto de los radicales socialistas de Criptana en contra de la dictadura (El manifiesto de Antíoco Alarcos, Campo de Criptana, 1930). En julio de ese mismo año, el Ayuntamiento de Campo de Criptana volvió a ser noticia, en este caso en el periódico El Sol, año XIV, núm. 4.044, del martes 29, por la presentación de una denuncia contra un ex alcalde de la dictadura, que pienso que podría ser Eduardo Cueto Subrit, que ocupó el puesto entre 1927 y enero de 1930 (Un alcalde de la dictadura, Campo de Criptana, 1930). Y ese fue el año, también, en el que los dos serenos del Ayuntamiento fueron noticia en el periódico El Despertar, del 26 de junio, por su avanzada edad y por el hecho de que por aquel entonces, teniendo en cuenta su estado físico, no se hubieran jubilado todavía (Serenos de Campo de Criptana, o cuando la jubilación nunca llegaba, 1930). Los felices y locos años veinte, ya eran historia.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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