Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El devenir del desarrollo es una ola imparable. Lo arrastra todo, las más de las veces para bien, pero también otras para mal. A veces choca con imponentes acantilados de incomprensión, pero siempre encuentra un recóndito recoveco por el que abrirse camino. Hay inventos que lo cambian todo; puede parecer que afectan sólo a un oficio, o a un gremio, o a la vida de unos pocos, pero a veces las consecuencias van más allá de lo que podemos sospechar, y se prolongan por muchos muchos años y atañen a toda la sociedad, y no se sabe en qué van a acabar. Hoy hablaremos de la segadora, ingenio revolucionario que cambió la faz del campo español a mediados del siglo XX. Después de la segadora, España ya no fue la misma, y sus pueblos tampoco. Con su implantación, el viejo, milenario, oficio del segador se extinguió y fueron muchos los que tuvieron que reciclarse en nuevas ocupaciones, o emigrar a la ciudad. Las eras, ese ejemplo de talento de nuestros antepasados que rodeaban nuestros pueblos, se abandonaron y las trillas ya desdentadas se tornaron objeto decorativo, humilladas como soporte de mesa o como hoja de una puerta. Rut se quedó sin campo de Booz en el que espigar. Pero aún faltaba mucho para este gran cambio sociológico cuando en Campo de Criptana se llevaron a cabo ciertos experimentos. Fue en junio de 1863, precisamente en la época de la siega. El lugar elegido fue un terreno del Conde de las Cabezuelas situado en el camino del puente, es decir, del de San Benito. Y el experimento fue un éxito que contentó a todos los asistentes. De ello se quiso hacer partícipes a toda la provincia y a sus agricultores. Por ello se publicó una circular (núm. 212) en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 9 de noviembre de 1863, en la “Sección de Fomento. Agricultura”. Dice así su texto:

El día 29 de Junio último, y en el sitio del camino del Puente, inmediato á la villa del Campo de Criptana, tuvo lugar el ensayo de la máquina segadora norte-americana grande de Wood, propia de Mr. Parsons. La prueba fué completamente satisfactoria en sus consecuencias, segándose en breve espacio de tiempo una gran parte del terreno del Sr. Conde de las Cabezuelas, y dejando un rastrojo muy igual y limpio de espiga.

Tan lisonjero éxito decidió al Ayuntamiento del Campo de Criptana á ponerlo en noticia de la Junta provincial de Agricultura, Industria y Comercio, y esta ha solicitado de mi Autoridad que se publique en el presente periódico oficial el referido ensayo para conocimiento de los propietarios y agricultores, manifestándose al propio tiempo la satisfaccion con que ha visto los buenos resultados que ofrece el empleo de la referida máquina.

De acuerdo, pues, con los deseos expresados por la celosa Junta de Agricultura, Industria y Comercio, he dispuesto la insercion de las precedente (sic) líneas, no dudando que todas las personas interesadas en los adelantos agrícolas se apresurarán á adquirir, con la segadora de Wood, uno de los más poderosos elementos para el progreso de la riqueza pública de la provincia.

Ciudad-Real 6 de Noviembre de 1863. – El encargado del Gobierno, Santiago Sánchez de Ramos.

Hieronymus Bosch: El carro de heno (Museo del Prado)

Hieronymus Bosch: El carro de heno (Museo del Prado)

Faltaba mucho aún para que se generalizara el uso de este tipo de ingenios mecánicos, con el sustancial cambio en la vida económica que trajo consigo. El oficio de “segador” tenía, ya, los años contados, y la marcha atrás había comenzado, imparable e inexorable. Por cierto,  la marca “Wood” todavía se sigue comercializando.

Y como mi gusto por el léxico sobrepasa con mucho mi afán de brevedad, voy a explicar algunas palabras que considero interesantes. La primera será el verbo “segar”, que se define en el Diccionario de la Lengua Castellana de 1739 (pág. 65, 2) así:

SEGAR. Cortar con la hoz las miesses, ò hierba. Es del Latino secare, que significa cortar, y tiene la anomalía de recibir una i en algunas personas de los tiempos presentes: como Yo siego, siega tu, aquellos siegan, etc.

En 1737 se recoge por primera vez el término “rastrojo” en el Diccionario de la Lengua Castellana (pág. 496, 1) y se define del siguiente modo:

RASTROJO. El residuo de la miés, que queda en la tierra despues de segada. Covarr[ubias] quiere se dixesse assi del rastro que dexa la paja.

Al conjunto de tierras que han quedado de rastrojo, se le llama “rastrojeras”.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

Anuncios