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A finales de marzo de 1921 la vida cotidiana seguía su curso en Campo de Criptana, con sus alegrías, sus tristezas… con su rutina habitual. Pocas cosas la alteraban; aún no había llegado la época de las convulsiones políticas, de los grandes conflictos sociales… aún no había ocurrido el gran desastre que cambió la vida de la política y de la sociedad españolas: el Desastre de Annual. Tendría lugar en el verano de aquel año y sus consecuencias se dejaron sentir en todo el país, y también en Campo de Criptana, como tuvimos la oportunidad de comprobar en el artículo publicado ayer (véase: Campo de Criptana y la Guerra de Marruecos, La gran gala benéfica y la suspensión de las fiestas del Cristo de Villajos, 1921). Pero hagamos una analepsis, como con una máquina del tiempo virtual, y regresemos al pasado, como ya he dicho, a ese mes de marzo del año 1921, cuando el cielo de la vida española aún no se había ensombrecido con los nubarrones de desgracia que se cernerían sobre él meses después, porque fue en esos días cuando tuvo lugar el acontecimiento del que hablaré hoy.

Fue ésta una fiesta, o velada musical, como la queramos llamar, que se celebró en casa de los señores de Ortiz, y a ella asistió lo más granado de la alta sociedad criptanense. Nos lo cuenta un artículo con el título Baile de sociedad que se publicó en el periódico El Pueblo Manchego, año 11, núm. 3066, del 5 de abril de 1921. Para que el lector no sea presa fácil del asombro o de la extrañeza, me veo en la obligación de prevenirle sobre las numerosas erratas, deficiencias estilísticas, llamativas faltas de ortografía y caótico uso de tildes que se hallan en el artículo y, sobre todo, sobre ese espantoso «hojos» que haría perder la razón al hispanohablante más escrupuloso. Dejando aparte estas carencias que suelen ser habituales en los textos que publicaba este periódico, creo que la historia se puede leer con cierto deleite y agradable gozo, y que gracias a ella podemos saber cómo se divertía la alta sociedad criptanense de aquel entonces. Dice así el texto:

En la morada de los señores Ortiz, de Campo de Criptana, se celebró días pasados un baile de sociedad que resultó brillantísimo.

Asistió lo más selecto de la buena sociedad durante la fiesta hasta la madrugada.

La orquesta interpretó escogidas piezas y la gente joven rindió culto a Tersipcore (sic, por «Terpsícore»). Alli vimos a Micaela Reillo, esa bella rubia de cabellos de oro que no nos extraña tenga tantos admiradores; la encantadora Enriqueta García Duarte; Isabel Esteso haciendo alarde de hermosura; la bellísima Virtudes García-Duarte; la angelical Angelita Alarcón; Ángeles Esteso, Luisa González; Delfina Ortiz y Paquita Casarrubios, monísimas; María Teresa González y Rosa Granero tan bellas como siempre; la graciosísima Pura Esteso; Emilia Cueto una beldad angelidal (sic, por «angelical») que hacen resaltarla sus hermosos hojos (sic); la Reina de la belleza alcazareña Eiisa (sic) Ortiz; las simpatiquisimas Josefina Casarrubios, Maria Isern, Pilar Alarcón, Eloisa Corona y muchas mas que sentimos no recordar.

Tambiéd (sic) estaban la señoras de Rubin, García-Duarte, Alarcón, Treviño y Cueto.

Isabel Esteso, acompañada al piano por D. Bernardo Gómez, cantó algunas composiciones con el gusto que ella sólo tiene, recogiendo justos y merecidos aplausos.

El dueño de la casa asistido de su elegante y bella hija Julieta, colmaron de atenciones a todos los invitados con la amabilidad en ellos peculiar.

No sé con exactitud a quiénes se refiere el texto con los «señores Ortiz», pues por la época había varias personas pudientes en Criptana con tal apellido. Hablemos, sin embargo, de algunas de las invitadas.

Henryk Siemiradzki: Chopin tocando el piano en el salón del príncipe  Radziwilli

Henryk Siemiradzki: «Chopin tocando el piano en el salón del príncipe Radziwilli»

Comencemos con la de belleza más elogiada, Micaela Reíllo, y añadamos el segundo apellido: Pizarro. Aparece como firmante de la llamada Protesta de las señoras que publicó el periódico El Pueblo Manchego, año III, núm. 663, del lunes 24 de marzo de 1913. Era, como dijimos, un manifiesto a favor del mantenimiento de la enseñanza del Catecismo en las escuelas públicas (véase: Campo de Criptana, 1913, La conspiración del Catecismo I). Gracias a Micaela Reíllo podemos saber cómo era el retablo que tuvo la iglesia del Convento de Carmelitas Descalzos de Campo de Criptana y que fue destruido en 1936, pues tomó una fotografía de él en 1916 (publicada en Lanza, del 14 de junio de 1981, pág. 32). En 1955, Micaela Reíllo aparece citada entre los propietarios del término municipal de Campo de Criptana afectados por el proyecto de la Cooperativa «Dehesa del Navazo» para «la electrificación para regadío y usos agrícolas de las fincas situadas entre el río Záncara y el pueblo de los Arenales de la Moscarda, a derecha e izquierda de la carretera local de este pueblo a Campo de Criptana» (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 25 de noviembre de 1955, pág. 3).

Otras invitadas fueron Isabel Esteso, Ángeles Esteso y Pura Esteso, que eran hijas de Domingo Esteso Maldonado, alcalde de Campo de Criptana allá por 1922, y de Ángeles Cenjor Milán (véase: El alcalde Domingo Esteso y la cuestión de las escuelas, Campo de Criptana, 1922). Estuvo también Emilia Cueto, hija de Eduardo Cueto, alcalde de Criptana algunos años después. Casó con Julián Carreras, dueño del antiguo «Casa Carreras».

Y siendo una velada musical no podía faltar el músico por excelencia en aquella época en Campo de Criptana: Bernardo Gómez. De él hemos tenido la oportunidad de hablar muchas veces en este blog. Además de farmacéutico, fue compositor (véase: Una mazurca para piano de Bernardo Gómez, 1898) y autor de un himno a Cervantes, que él mismo interpretó al armonio en el Santuario del Cristo de Villajos ante Azorín (véase: Viajeros en Campo de Criptana: Azorín, su «Ruta del Quijote» y el himno de don Bernardo, 1905); gobernó, además, como entregado director durante muchos años, la Banda de Música criptanense, omnipresente en todas las festividades mundanas y religiosas que hubo en la localidad en aquella época.

Y una observación más para finalizar. Se hace referencia en el texto a Terpsícore (escrito erróneamente «Tersipcore»), personaje que en la mitología griega es la musa de la danza, de la poesía y del canto.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO