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Concluimos hoy la serie dedicada a Micaela Peñaranda y Lima, y nos centraremos en el año 1919. Ese año hubo un acontecimiento religioso y social de gran importancia en Campo de Criptana: la visita del prelado Javier Irastorza Loinaz, el entonces obispo de Ciudad Real, obispo-prior de las cuatro Órdenes Militares y Caballero de la Orden de Montesa. Fue recibido en la localidad con gran fasto; hubo actos religiosos, confirmaciones y también actos sociales tal y como nos lo cuenta el periódico El Pueblo Manchego (año 9, núm. 2651, del 14 de noviembre de 1919). Se alojó el prelado en la casa de Miguel Henríquez de Luna, y allí presidió el prelado una fastuosa comida, que con tal ocasión y con toda pompa y circunstancia se dispuso como sigue:

… en la mesa que presidió el Reverendísimo señor se sentaron la gentil dueña de la casa doña Rosario Baíllo, señor Cura Párroco, doña Carmen Baillo de Peñaranda, don Fernando Treviño, doña Juana Sandoval, don Ignacio Peñaranda, doña Piedad Baíllo, don Especioso Perucho y doña Micaela Peñaranda quienes ocuparon la diestra; á la izquierda se sentaron doña Carmen Baillo, de Peñaranda, don Casimiro Penalva, Isabelita Treviño, Juanito Irisarry, don José Jiménez Manzanares, y la simpatiquísima doña Pacecita Baillo, cerrando la mesa don José Henríquez.

Javier Irastorza Loinaz había nacido en San Sebastián en 1875. Era doctor en Teología y Derecho Canónico. En 1914 fue nombrado obispo de Ciudad Real y en 1923 fue consagrado como obispo de Orihuela. En 1935 había solicitado dispensa papal; se dice que durante la guerra estuvo en Inglaterra retirado a causa de irregularidades financieras (M. Moreno Seco, La Diócesis de Orihuela-Alicante en el franquismo: 1939-1975, Publicaciones de la Universidad de Alicante 1999, pág. 52).

Un dato para finalizar la serie dedicada a Micaela Peñaranda. Bastantes años después, en 1948,  publica una colección de piezas de teatro, en prosa y en verso: Teatro infantil. Después ya apenas sabemos nada de ella. Algunas fuentes señalan que murió en Barcelona un año después, en 1949, pero es un dato que no he podido contrastar.

Todo lo escrito hasta ahora bastará, supongo, para otorgar a Micaela Peñaranda un lugar en el Parnaso de los escritores criptanenses, quizá uno de los Parnasos más exigentes y críticos, tanto, que ni al mismo Góngora habría aceptado. Démosle, pues, su lugar en él, junto a otros tantos criptanenses de los que ya he hablado en este blog, y que beba junto a ellos el agua de Castalia y goce para siempre del laurel apolíneo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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