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El término “broma” está presente en la lengua española desde tiempo muy antiguo. Está recogido ya en la edición de 1726 del Diccionario de la lengua castellana, con varias definiciones (pág. 687,1). La primera es la más importante y dice así:

BROMA. Insecto, ò gusáno mayor que la polilla, que se cria en la seda, ó lana, y tiene la cabeza negra y dura, y horáda y penétra las tablas y madéra, donde se cria, é introdúce: que lo más ordinário es en la tablazón de los navíos y otras embarcaciones, y royéndola, las daña, y maltrata de fuerte que penetrando el agua por los agujerillos, los hace pesados y tardos en la navegación. El orígen de esta voz viene del Inglés Vuorme, que significa lo mismo que gusáno.

Hoy, se considera (DRAE) que el término “broma” viene del griego clásico βρωμα, sustantivo neutro singular, relacionado con el verbo βιβρωσκω, “comer con avidez”, “tragar”, “devorar”.  Esto es precisamente, lo que hace este pequeño ser, ese gusano voraz: causar un gran daño. Viene al caso la explicación porque nos muestra cómo una pequeña cosa, por muy insignificante que sea, puede tener consecuencias que van más allá de lo que en principio se presumía. De designar a algo minúsculo como ese gusano, el uso del término “broma” se extendió a otros conceptos, tal y como encontramos en la edición del Diccionario de 1726 ya citada. Así, una broma es también “qualquiera cosa pesada, y que es de poca estimación”, o en albañilería, “el cascajo, rípio, ò mazacóte, que los Albañiles echan en los cimientos, y en medio de las parédes, para trabar las piedras grandes de los edificios”. Y finalmente llegamos a la expresion “Es una broma”, que según este mismo diccionario es una:

… phrase con que metaphoricamente se dá à entender, no solo el que es pesado y molesto en su trato y conversación, sino otra qualquiera cosa, que excéde notablemente de lo que le corresponde: como es un libro, un escrito, que es mui dilatado, y lleno de lo que no perenece à su argumento y objeto.

Así, pues, esto último viene a completar todo lo que encierra el concepto de “broma”: algo pequeño y sin importancia, que causa un gran daño, y que suele ser desproporcionado e inoportuno. Todos estos ingredientes tuvo, precisamente, una broma que se pergeñó en el año 1917 en la línea férrea en las cercanías de Campo de Criptana. Nos cuenta el hecho el periódico salmantino El Adelanto, año 33, núm. 10.070, del 29 de marzo de 1917. Y dice así:

En Campo de Criptana Lorenzo Manzano, en unión de Manuel Olivares y Miguel Molero, se estacionaron en el kilómetro 152 de la vía férrea, tendiéndose uno de ellos en la vía al paso del tren mixto.

En el entretanto uno de ellos hacía como que le retiraba y el otro hizo parar el tren, pues se tratase de una broma.

La benemérita que hacía el servicio mandó parar el tren, deteniendo á uno de los dichos individuos.

Se dice en el texto que el lugar de la vía férrea en el que tuvo lugar el incidente fue el punto kilométrico 152, que se encuentra entre Alcázar de San Juan y Campo de Criptana, a la altura del paraje conocido con el nombre de “La Cañamona”.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO