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Grabado (Georgius Agricola: De re metallica)

Grabado (Georgius Agricola: De re metallica)

Campo de Criptana tiene casi de todo. Tiene llanura y tiene montaña; tiene alguna que otra laguna, como la de Salicor, y un río que, aunque a veces no lo parezca por carecer del debido contenido que se supone a los de su género, sigue siendo un río. Tiene una iglesia, y varias ermitas, y tiene molinos de viento, y tiene legado cervantino… No tiene mar, pero tampoco hace falta, porque tiene un horizonte de mirada infinita que es, por así decirlo, casi mejor que el mar. Pero no conviene proseguir aquí con este catálogo incautamente comenzado unas líneas más arriba, de lo que tiene y de lo que no tiene Criptana, porque sería interminable y siempre algo se nos quedaría en el tintero. Vamos a ver, sin embargo, algo que se podría pensar que no tiene Criptana, aunque en realidad lo tiene; no mucho, pero lo tiene, en definitiva, que es lo que nos importa aquí. Me refiero a las minas.

En las Relaciones Geográficas de Felipe II, se dice en la correspondiente a Campo de Criptana, fechada en 1575, que en este pueblo:

27. – No hay minas de oro ni plata ni hierro, ni plomo ni azogue ni de otros metales ni minerales de tinturas ni colores.

28.– No hay salinas, ni canteras de jaspes de marmoles ni piedras estimadas, hay mucha piedra tosca.

Tomo esta referencia del libro titulado Relaciones histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España hechas por iniciativa de Felipe II: Ciudad Real, ed. de C. Viñas Mey y R. Paz, Madrid 1971 (pág. 68). Sin embargo, unos años antes, el 8 de abril 1566, un tal Juan Ruiz Izquierdo había hecho el registro de una mina de oro, plata y otros metales, “que había descubierto en la sierra de dicha villa en un cerro de ella, aguas vertientes á vega de Villajos…”. He encontrado esta noticia publicada en el Registro y Relación General de Minas de la Corona de Castilla, parte 1, tomo I, publicado en Madrid (1832) por Tomás González (págs. 227-228). A este tema dediqué el artículo titulado Fiebre del oro en Campo de Criptana (1566).

Ya en el siglo XIX, no encontramos más referencias a minas de oro; la única riqueza relacionada con la minería en Campo de Criptana serían las canteras de yeso, como dice Sebastián de Miñano, Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal, tomo II, Madrid 1826 (pág. 309).

Poco después, en 1842, el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 8 de junio, publica la “Relación de las minas registradas durante el mes de Mayo de 1842, en la Inspección del Distrito de la Mancha”, y entre ellas hay dos del término de Campo de Criptana que fueron registradas el 5 de mayo de ese año. Una tenía por nombre “Fuente”, y se encontraba situada en el paraje denominado “Puntales de la fuente amarguilla”. La otra tenía por nombre “Criptana”, y se encontraba situada en el paraje llamado “Noria de Castilla”. Ambas proporcionaban minerales varios, sin que se especifique cuáles fueren en particular. Ambas las registró el criptanense Cleto Galindo. Cuarenta y siete años después encontramos citado de nuevo este nombre, “Cleto Galindo”, aunque no sabemos si es o no la misma persona que registró la mina. Era vocal del Comité Republicano-Progresista de Campo de Criptana. El presidente honorario era Manuel Ruiz Zorrilla, el presidente Santos Flores y el vicepresidente Hilarión Escobar. Los otros vocales eran Ramón Lara, José Gregorio Cascarrubios (sic), y Juan Casarrubias (sic); el secretario era Julio García Casarrubias (sic).

Quizá por la carencia de minas en Campo de Criptana, hubo criptanenses que las buscaron en otras partes. Veinticinco años después del registro de la mina de Cleto Galindo, un tal Fernando Vázquez, apoderado del criptanense Pedro Guía, registra dos minas llamadas “La Dificultosa” situadas en el término municipal de Chillón (Campo de Criptana), en el paraje de La Viñuela (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 8 de abril de 1867). Ya bien entrado el siglo XX, otro criptanense, llamado Domiciano Vicente Hernando, presentó una solicitud de registro de quince hectáreas correspondientes a la mina de plomo llamada de “Santa Teresa” en el concejo de Ibias,  en Asturias (Boletín Oficial de la Provincia de Oviedo, núm. 207, del 13 de septiembre de 1930). Unos meses después, se publicó la confirmación de registro de la mina a nombre del citado criptanense en este mismo Boletín (núm. 174, del 5 de agosto de 1931).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO