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Aquellos viejos caminos...: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

«Aquellos viejos caminos…»: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Hay caminos centenarios. Han sido testigos durante cientos de años del trasiego de gentes y mercancías. Los recorrieron viajeros en tiempos en los que viajar era una aventura más que un acto casi cotidiano o rutinario, como lo es hoy. Son esos viejos caminos que han caído en el abandono por el empuje de las modernas carreteras y hoy sólo pertenecen a los itinerarios polvorientos de unos pocos. Uno de estos viejos caminos, quizá entre los más viejos de Criptana, es el «Camino de la Puente», y observemos aquí que «Puente» es femenino, como lo fue durante mucho tiempo en castellano, mientras que la «Orden de Santiago» fue masculino, «El Orden de Santiago», en otros tiempos. Son cosas de la lengua.

El ferrocarril marca el cambio de nombre de este camino: al norte es la Calle de Antonio Espín; al sur «Camino de la Puente», pero en 1863 no había aún calle de Antonio Espín, porque el pueblo era mucho menos extenso que ahora, y las casas no se extendían tanto como en el Criptana actual. En 1855 comenzó a circular el tren por la flamante vía férrea recién construida; llegó entonces, como quien no quiere la cosa y así, de repente, el progreso a Criptana, y con el tren llegaron muchas cosas buenas y también otras malas, como todo en la vida. La línea férrea cortó aquel camino centenario, aquel camino de la Puente, y aún hoy allí hay un paso a nivel con barreras, de los pocos que quedan en la línea Madrid-Alicante. Tiene mucho encanto, sin embargo, oír la sirena de esas barreras cuando bajan, y la luz roja parpadeante que avisa del peligro que se cierne por ese tren que se aproxima.

Era sin duda aquel un camino muy transitado allá por 1863, y es entonces cuando la «Alcaldía Constitucional» de Campo de Criptana publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 4 de noviembre de 1863, el anuncio de subasta para el arreglo de ese camino, con los siguientes términos:

Autorizado este Ayuntamiento por el Sr. Gobernador de la provincia para componer el trozo del camino del puente de S. Benito desde esta población á la línea del ferro-carril, se saca dicha obra á la pública subasta bajo la cantidad de 8.000 rs. que es la concedida en el presupuesto para ello y condiciones facultativas y económicas que constan en el expediente que se halla de manifiesto en la Secretaría municipal. En virtud se invitan licitadores hasta 15 del inmediato Noviembre, que se señala para su remate, y tendrá lugar de once á doce de su mañana en la sala baja de esta Casa consistorial á voz de pregon.

Campo de Criptana 28 de Octubre de 1863. = Teniente primero, Presidente interino, José Antonio Magnes. = De acuerdo del Ayuntamiento, Mariano Fernandez Montes, Secretario.

Desconozco cómo se resolvió esta subasta, pero hay una cosa cierta: a partir de entonces, el paisaje de Criptana comenzó a cambiar de forma imparable, y el tren tendría mucho que ver en ello. Posiblemente, el camino se arregló, y siguió por muchos años más siendo una de las vías de comunicación de Criptana con el exterior, rumbo hacia aquel viejo puente de piedra sobre el río que a veces no es río, aquel puente olvidado de la mano de Dios y del hombre, aquel puente que ve, cada día, impotente, como el tiempo cada vez hace más mella en él, y lo va gastando… cada día un poco más. Aquel puente fue el señor del Záncara durante siglos; hoy ya no es ni su lacayo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO