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El Diario Oficial de Avisos de Madrid, año CXLIII, núm. 51, del martes 20 de febrero de 1900 publicó un anuncio del «Ayuntamiento Constitucional de Campo de Criptana» para sacar a subasta pública el alumbrado público de la localidad. Fue resultado este anuncio de un acuerdo de la corporación que contaba con la autorización de la Junta Municipal de vocales asociados. El acto de la subasta tendría lugar el día 26 de marzo, a las doce de la mañana, simultáneamente en dos lugares: en Madrid, en el lugar y bajo la presidencia que designe el Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación, y en la Sala Capitular del ayuntamiento criptanense. Las proposiciones se harían en pliegos cerrados y según modelo oficial. El pliego de condiciones detallaba todas las exigencias que ponía el ayuntamiento para el concurso a esta subasta. Se decía, entre otras cosas, (punto 1 del pliego) que se concedía…

privilegio exclusivo para el alumbrado público de esta población por medio de la luz eléctrica, y por un periodo de veinte años, á contar desde la fecha en que se apruebe la subasta y adjudicación definitiva del servicio.

Las obras tendrían que comenzar en el primer mes después de firmar el contrato, y tendrían que estar preparadas para suministrar luz en un plazo no mayor de ocho meses (punto 2). Se exige, asimismo, que los locales en que se instalen «los aparatos y maquinaria» no causen molestias a los vecinos (punto 3). Según el punto 4,

El ayuntamiento concede al rematante la debida autorización para colocar en la vía pública, fachadas y tejados de edificios, los cables y aparatos necesarios para la conducción de la electricidad, en términos que no perjudique ni cause molestias al vecindario, así como al tránsito público; y si se hiciera necesaria la expropiación de cualquier sitio, será gestionada por el Ayuntamiento, y de cuenta del rematante el pago.

En el quinto punto se reunían una serie de requisitos que garantizaran el buen funcionamiento de la red: la buena construcción; que las luces funcionasen independiente unas de otras, para que, en caso de extinguirse una de ellas, no se extinguieran las demás; que los conductores estuviesen dotados de corta-circuitos, para evitar corrientes anómalas; que su instalación no perjudicase la estética de los edificios y calles o plazas; emplear «la distribución á tres hilos para cada circuito principal de distribución, y no utilizar la tierra como hilo de vuelta ó retorno»; no emplear corrientes peligrosas, y poner a disposición del Ayuntamiento aparatos de medición de la intensidad luminosa de las lámparas. Según el sexto punto, quedaba en manos del rematante la manipulación y vigilancia de las instalaciones y cables. En el séptimo, se fija en 285 el número de lámparas de 16 bujías para el servicio del alumbrado público; tendrían que lucir desde media hora antes del anochecer hasta otra media hora antes de salir el sol. En el octavo se fija en 7.000 pesetas anuales la cantidad que el Ayuntamiento pagará al rematante por los servicios.

Otros puntos determinan las formas de pago y responsabilidades. Así, por ejemplo, en el punto 11, se establece que en caso de interrupción del fluido eléctrico, el rematante estaba obligado a sustituirlo por petróleo manteniendo el mismo número de luces. Y en el 14 se establecen las faltas susceptibles de multa de 5 a 25 pesetas por parte del Ayuntamiento frente a la empresa rematante: la falta de limpieza de los faroles y lámparas, que haya un apagado de al menos una décima parte de las lámparas, el retraso en la reparación de averías, el retraso en el encendido o adelanto en el apagado. Finaliza el anuncio con el impreso modelo para la participación en la subasta, «timbre de la clase 12ª). Está firmado en Campo de Criptana, el 1º de Febrero de 1900, por su alcalde, Antolín Martínez Santos, y por el secretario del Ayuntamiento, Jesús Díaz-Hellín.

Es uno de los primeros hitos de la historia de la electricidad en Campo de Criptana. Unos pocos meses después, en el mes de agosto, la revista Industria e invenciones (tomo XXXIV, núm. 5, Bacerlona, 4 de agosto de 1900) publica en su sección «Electricidad» el anuncio de la constitución de una sociedad anónima que proporcionaría alumbrado a Alcázar de San Juan, Campo de Criptana y Herencia (véase: El alumbrado eléctrico en Campo de Criptana, 1900). Avanzando en el tiempo, nos encontramos que en 1904 el Anuario de Electricidad de ese año (Madrid 1904, pág. 394) informa que había dos compañías eléctricas que operaban en Campo de Criptana. Una de ellas era la Eléctrica Industrial de Castilla, que también proporcionaba electricidad a Alcázar de San Juan, y la otra era la Compañía del Sr. Ahlemeyer, radicada en Bilbao, que proporcionaba energía, además de a Criptana, a Alcázar de San Juan y a Herencia (véase: Hágase la luz… y la luz se hizo, Campo de Criptana, 1909).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO