Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

A la hora de redactar este artículo, no he podido evitar que me viniera a la mente aquella película de recuerdo imborrable:  La Fuga de Alcatraz, o Escape from Alcatraz, como era su título original, y como era también el título del libro de J. Campbell Bruce en el que estaba basada. La dirigió Don Siegel en 1979 para la productora The Malpaso Company, y su protagonista principal fue Clint Eastwood. Cuenta esta película cómo tres presos se escaparon de aquella inquebrantable prisión norteamericana.

Salvando las distancias en el tiempo, en el espacio, en el escenario y en las circunstancias, algo parecido ocurrió cerca de aquí, en 1855, aquella época en que La Mancha estaba invadida por la inseguridad ciudadana, tiempos en los que aún partidas de bandoleros y ladrones recorrían la comarca cometiendo secuestros, extorsiones, robos y asesinatos. Fue aquel año, el de 1855, cuando dos criptanenses se escaparon de una cárcel que, posiblemente, no estaba dotada de las casi insalvables medidas de seguridad de una cárcel moderna, pero cárcel era al fin y al cabo. Aquellos criptanenses se escaparon de la cárcel del partido en Alcázar de San Juan, y el juez no tardó en emitir un edicto de busca y captura («Circular número 305») que se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 19 de octubre de 1855. con el siguiente texto:

Por el juzgado de primera instancia de Alcazar de San Juan se reclama la captura de Ignacio Ucendo y Andres Sanchez Alarcos, presos de consideracion, que se fugaron de la carcel de aquel partido en la noche del 8 al 9 del corriente. En su virtud, encargo muy especialmente a los Alcaldes Constitucionales de los pueblos de esta provincia y demas dependientes de mi autoridad, que por cuantos medios les sugiere su celo, procuren la captura de referidos criminales, para lo cual se insertan sus señas personales á continuación, y en su caso, los pondrán á disposicion del juez que los reclama.

Ciudad-Real 17 de Octubre de 1855.- Ramon Cuervo.

A continuación, como se dice, se dan las señas de los fugados, como es natural en una época en la que la fotografía aún era un lujo raro y no había otro modo de realizar su identificación:

Señas de Ignacio Ucendo

Natural y vecino del Campo de Criptana, casado, de 35 años, estatura cinco pies, color bueno, oyoso de viruelas, manco de un brazo, vestido al estilo del país.

Idem de Andres Sanchez Alarcos

Del mismo pueblo que el anterior, 36 años, estatura 5 pies y 4 pulgadas, color quebrado, y vestido al estilo del país.

El primero, Ignacio Ucendo, sería fácilmente reconocible, por el hecho de ser manco y ser «oyoso de viruelas»; no tanto el segundo, a cuyas señas podrían responder muchos manchegos de aquel entonces. Por cierto, no he encontrado más noticias sobre el hecho. Dejaremos la cuestión en el estado en el que estaba hasta ahora, en el limbo del olvido, en la tiniebla del pasado, en un simple edicto impreso en un boletín del que ya nadie se acuerda.

Por cierto, resta hacer antes de acabar una consideración ortográfica. En las señas de Ignacio Ucendo se nos dice que era «oyoso de viruelas». Por supuesto, «oyoso» es una falta por «hoyoso», es decir, «el que tiene hoyos». Lo interesante es que «hoyoso» es un término muy especializado, reservado para referirse a las huellas producidas por la viruela en la cara. Así lo encontramos definido ya en el Diccionario de la Lengua Española de 1734 (pág. 184, 2):

HOYOSO, SA. adj. Lo que tiene hoyos. Dicese comunmente de la cara á quien le han quedado  muchas señales de viruelas.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO