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Después de un breve descanso de unos días, retomamos hoy la serie dedicada a la visita que el obispo de Ciudad Real realizó, en noviembre de 1911, a su grey de Campo de Criptana y de otros pueblos de la comarca. Nos habíamos quedado en el último artículo escrito sobre este tema (La ilustre visita episcopal, Campo de Criptana, 1911, IX: La Adoración Nocturna) en la iglesia del Convento de Carmelitas Descalzos. Allí, el obispo, inspeccionó el estado del edificio, pudo apreciar las excelencias de la Adoración Nocturna criptanense, de muy reciente creación en aquel momento, y quedó al corriente de las obras que se habían hecho en el edificio. Y cuando salió a la calle, esa calle Convento casi mítica de Campo de Criptana y una de las que, sin duda, tiene más encanto en la localidad… cuando salió a la calle, prosigo, una sorpresa le esperaba, pues un grupo de niños diminuto (no «minucioso», como escribe el corresponsal del periódico) le esperaba, y le aclamó, y le cantó un himno, que es algo que siempre queda muy místico y religioso en estas circunstancias. De lo ocurrido, encontramos la noticia en el diario El Pueblo Manchego, núm. 265, del 27 de noviembre de 1911. Y dice así:

El número más simpático de este día ha sido la visita que venimos reseñando, pues al salir el Sr. Obispo de inspeccionar los locales dicho, se vió agradablemente sorprendido con que le esperaba un minucioso (sic; quizá en lugar de «diminuto») grupo de niños de 10 á 16 años los que le recibieron cantando el Himno del XXII Congreso Eucarístico Internacional de Madrid, estos pequeños son los futuros adoradores Tarsicianos, cuyos turnos pretenden bendiga é instituya S. S.

Recordemos que los «tarsicianos», o, según la forma más correcta y más comúnmente aceptada «tarsicios», toman su nombre de Tarsicio de Roma, martirizado en el siglo III cuando era acólito de la Iglesia de aquella ciudad. Ya dijimos también que San Tarsicio es patrono de los acólitos y de quienes reciben la primera comunión (véase: La ilustre visita episcopal, Campo de Criptana, 1911, II: El juramento de la bandera de los «tarsicianos» de la Sección Adoradora Nocturna y el maestro Mariano Fernández Viejobueno). Y continúa el corresponsal describiendo la escena:

Por boca del presidente de los Tarsicios, fué saludado el Prelado con un bomtillo (sic, ¿quizá ‘bonito’?) discurso, lleno de frases ingénuas y sencillas pero que en labios de los niños llegaron al corazón de los grandes conmoviéndoles y haciendo se deslizasen lágrimas de muchos ojos. Y era natural así sucediera, cuando el candor y la inocencia dicen lo que allí se dijo en su nombre y con la más genuina de las representaciones, es natural se conmueven hasta los pechos de bronce, aunque se hallen blindados.

Por casualidad podemos probar á los lectores nuestras afirmaciones, al efecto transcribo los siguientes párrafos del discurso que comentamos:

«Hoy, señor, esta falange diminuta de adoradores nocturnos tarsicianos, ven cumplidos sus anhelos y satisfechas sus ansias; estábamos tristes, veíamos que los hombre (sic) podían velar y hacer la guardia á Aquél que dijo – dejad que los niños se acerquen á mí – y que casi usurpándonos el lugar que nos corresponde por derecho de Dios nos hallábamos apartados de nuestros puestos de honor, pero no ocurrirá más, los turnos tarsicianos de la Sección Adoradora Nocturna de Santa Teresa de Jesús, sabrán cumplir su deber y todos verán en nosotros el semillero de futuros adoradores nocturnos, que aleccionados en el camino de la virtud y práctica de la obra por los adoradores de hoy, seremos sus entusiasmados sucesores, á la vez que enamorados como ellos de la idea serviremos de instructores de quienes nos sucedan por que (sic) ese es nuestro fin, que no falte la adoración y el homenaje al sacramento Augusto de nuestros amores mientras aliente un pecho nacido en este puñado de tierra manchega protegido por nuestra amorosa Madre y Señora María Santísima de Criptana».

Y aquí acabó el acontecimiento. Nos aparece en el texto el término «falange», que en este contexto no tiene las connotaciones de carácter político que adquiriría algunos años después. «Falange» es un préstamo del griego incorporado al español por medio del latín. Designaba originalmente, según el DRAE, el:

Cuerpo de infantería pesada que formaba la principal fuerza de los ejércitos griegos.

También podría tener el término aquí el significado más general de «cuerpo de tropas numeroso». Se encuentra también en el DRAE la acepción política: «Organización política, generalmente de signo autoritario y estructura paramilitar». Y, otra acepción, posiblemente la que mejor cuadra aquí, es la cuarta: «Conjunto numeroso de personas unidas en cierto orden y para un mismo fin», en este caso el religioso. Además, «falange» designa a los huesos de los dedos. El término se encuentra recogido en el Diccionario de la Lengua Española desde una fecha tan temprana como 1737, con la grafía «phalange» (pág. 248, 1), con sentido militar:

PHALANGE. Esquadron quadrado de gente que usaban los Macedónios, y constaba regularmente de ocho mil hombres de infanteria. Oy se toma por semejanza, por qualquier número de tropas arregladas en esquadrónes o regimientos.

A partir de 1803 el Diccionario de la Lengua España recoge la palabra con la forma que conocemos hoy.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO