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Diego de Torres Villarroel

Diego de Torres Villarroel

Decía don Diego de Torres Villarroel en su libro titulado Dtor. a pie, y medicina de mano en mano. Lvnario saludable, recetas vtiles, y doctrina barata, para mantener à los Cuerpos sanos en su presente sanidad, impreso en Barcelona en el año 1731 (pág. 5) que, para mantener una buena salud y lozanía, convenía:

… en todo momento labarse la cara con agua fria, que purga mucho el celebro: peynar la cabeza, limpiar los dientes, y labarlos con la raìz del tomillo cocida en vino. Labar los ojos con ruda cocida en vino, pone la vista clara, y aguda. No se ha de salir de casa, hasta que salga el Sol; y por la mañana hazer exercicio à piè, y conversar con los hombres alegres, y de buena intencion, huir de majaderos impertinentes, y habladores. En las comidas, se ha de vsar de poca sal, pimienta, y otras especies, solo de azafràn, porque este dà sueño, y alegria.

«Da sueño, y alegría…» el azafrán, nos decía Torres Villarroel, y quizá, por ello, no había receta culinaria en la que el azafrán no estuviera presente como especia principal. De ello es testigo Juan Altamiras en su Nuevo Arte de Cocina, impreso en Barcelona, en 1767. Y, como muchos otros pueblos de La Mancha, Campo de Criptana produjo en otros tiempos este oro rojo que «da sueño y alegría». De esto hace ya muchos, muchos años, cuando Criptana era pueblo azafranero junto a otros en La Mancha.

En el siglo XVIII, el azafrán criptanense tenía muy buena fama; de hecho era, junto a los textiles, el producto estrella de su economía, tal y como nos lo decía Eugenio Larruga en el tomo XVII de sus Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España (Madrid, 1792, pág. 19). Este autor nos dice que en su época, Criptana producía 49 libras de azafrán, con un valor de 110 reales. Muy similar observación sobre el azafrán hace en 1793 Antonio Montpalau en el artículo sobre Campo de Criptana de su Diccionario Geográfico Universal (Madrid, 1793), tomo I, pág. 243. En 1845, Francisco de Paula Mellado en su España geográfica, histórica, estadística y pintoresca (pág. 319) cifra la producción de azafrán en Criptana en 300 libras. En 1885, el azafrán criptanense se cotizaba a 120 reales la libra (Diario Oficial de Avisos de Madrid, año CXXVII, núm. 168, del miércoles 17 de junio de ese año). Véanse, para más detalles: Riquezas de Campo de Criptana en el siglo XVIII: El azafrán y los textiles; El azafrán de Campo de Criptana, 1792-1896.

Parece que la producción de azafrán en Campo de Criptana fue descendiendo a finales del siglo XIX y comienzos del XX. En 1903 encontramos un comerciante del producto en la localidad (lo que no supone necesariamente que el azafrán objeto del comercio fuese producido en su término): Jacinto Cuadra, quien tenía su local en la calle Santa Ana 1 (Anuario Riera, 1903, pág. 1044) (véase: Jacinto Cuadra, corresponsal, comisionista y pluriempleado, Campo de Criptana, 1882-1903).

En un publirreportaje sobre Campo de Criptana y su estado económico que publica el periódico (El Liberal, año XXXIX, núm. 13.909, del sábado 15 de diciembre de 1917) a instancias de Delfín Díez (sic) Hellín, encontramos, entre las diferentes industrias locales, la de exportación de azafrán de «Díez Hermanos y Compañía». Nos dice lo siguiente el periódico sobre ella:

El negocio de los azafranes, a pesar de su importancia, ha estado reducido en esta región al acaparamiento y envío á otros puntos donde se prepara y elabora. Hoy estas operaciones se hacen aquí con higiene, primor y limpieza extraordinarios.

Sobre la base de una absoluta y garantizada pureza del producto, muy dado á las adulteraciones, se preparan en paquetitos de cinco céntimos, ilustrados con retratos de veinticinco imágines diferentes, que están obteniendo mucho éxito.

Se venden en cajas y «necesaires» de quinientos a dos mil paquetes, que son verdaderas muestras de arte y gusto en esta clase de envases, y un incentivo para que las señoras los adquieran.

Los planes de los Sres. Díez son muy vastos, y es seguro que los llevarán a efecto, por su probidad y pericia mercantil, bien probadas en otros negocios.

No supone lo dicho, sin embargo, la existencia de producción propia de azafrán en Campo de Criptana en esos años.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO